Martes. 15.10.2019
El Tiempo
Es lo Cotidiano

Precipicio de tiempo

Leticia Ávila

Leticia Ávila - Precipicio de tiempo
Leticia Ávila - Precipicio de tiempo
Precipicio de tiempo

Hasta que se quitó la bufanda frente a él se percató de la enorme abertura frontal que tenía una de sus blusas favoritas. Recordó que por la mañana en el cole sus amigos le habían advertido que aquella vestimenta le quedaba un poco floja, aunque ninguno especificó el escote, así que como a ella siempre le ha gustado la ropa holgada, no cayó en cuenta que parte de sus grandes senos quedaba expuesta e insinuante.

La ocasión anterior en que salieron por un café, se convirtió en una larga charla paseando por la ciudad, para que ella conociera un bello acantilado, uno de los lugares favoritos de él, y después la llevara al precipicio de un cuarto de hotel donde rieron, se confesaron, se mostraron las heridas y los tatuajes, fumaron… ella sus largos cigarros de mentol y él su eterno puro.

Esto recordaba ella mientras platicaban ahora sí en un café, cinco años después de aquella cita en la que a él sólo le faltó pararse de cabeza para complacerla pues deseaba meterse al cuerpo de ella, que devoraba con los ojos, la nariz y hasta con las manos aún sin tocarla. Y aunque no pasaron de besos largos y apasionados y algunas caricias breves, él no pudo resistir hincarse ante ella para ver de cerca lo que su blusa desabotonada dejaba ver, y sólo le pudo decir desde la elocuencia de su mal encarado talante: “qué afortunado soy de que no me dejes caer en ese barranco…” Acto seguido, le pasó un dedo por entre los senos, que a ella le produjo luz en todo el cuerpo, pero entonces él le pidió que se marcharan.

Por eso, mientras esta noche bebían café y él fumaba, ella deseaba en su escote los ojos de él, que hacia un enorme esfuerzo por no dejar de mirarla a los ojos.

“Debemos cerrar”, llegó la camarera a decirles. Sonrieron complacidos, agradecieron y subieron a la moto. Él preguntó: “¿a dónde quieres ir? Ella contestó: “a dónde me quieras llevar”.

Lo que sucedió después se resume en que él besó, acarició, saboreó y cayó en aquel barranco, y ella unió el más excitante recuerdo al deleite de ese presente.

[Ir a la portada de Tachas 297]

Comentarios