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11:07h. Miércoles, 22 de Mayo de 2019

Esta noche los muertos viajan de prisa [III]

De las memorias de los hermanos de sangre (I)

Bernardo Monroy

 

Bernardo Monroy
Bernardo Monroy

[Ir a Esta noche los muertos viajan de prisa, II, Carta de Samantha Adler a su madre Irene]

Escribimos este capítulo del libro para enfatizar nuestro enfrentamiento con dos humanos particularmente despreciables: dos pobres diablos que no han logrado liberarse del yugo paterno. Uno, es hijo del matrimonio atacado por Drácula. La otra, hija de una vil ramera que se gana la vida como cantante de ópera en Nueva Jersey, en América. La pareja se cree cazadores de vampiros, pero nosotros nos hemos topado con gente de su profesión más insigne, como el Profesor Hesselius o Van Helsing, y hemos salido indemnes. Un par de mocosos no detendrán nuestra sed de sangre.

Hace poco, se publicó una novela infame: Drácula, a nombre de un tal Bram Stoker. El libro hace ver al más grande vampiro de todos los tiempos como un ser grotesco, como un monstruo blasfemo. Por eso nosotros, Malcolm y Evelyn Arkwright, escribimos estas memorias, para demostrar que los vampiros somos una raza superior, y no criaturas que dejan derrotar ante un cuchillo. Los vampiros somos inmortales, peligrosos, nocivos. Somos el terror de la noche.

Mi hermano cinco años mayor que yo fue mordido por Lord Ruthven, el primer gran aristócrata vampiro de la Historia, incluso antes que el conde de Transilvania. La gente cree que es producto de un cuento publicado en 1819 por John William Polidori, en la revista The New Monthly Magazine, pero es muy real. Yo también fui transformada por una vampiro de la monarquía: la condesa Carmilla Karnstein, que la estúpida gente piensa que es un personaje como los antes citados. Creen que es personajes de una novela de Joseph Sheridan Le Fanu, publicada en 1871, que trata sobre una relación lésbica entre Carmilla y una joven llamada Laura. Carmilla me convirtió una noche, cuando supo que mi hermano mayor había sido transformado por Lord Ruthven. Ellos fueron nuestros nuevos padres, nuestros padres que nos dieron la muerte, así como los biológicos la vida. Nos sentíamos privilegiados al haber sido seleccionados por dos predecesores del gran Vlad Tepes Drácula, así que no nos importó que nos drenaran la sangre y no nos volvieran a ver, pues éramos, y seremos hasta el final de los tiempos, parte de la élite de Londres vivo, muerto y no-muerto.

¡Somos conocidos como los Hermanos de Sangre! La pareja de vampiros jóvenes más importante de toda Gran Bretaña. Somos el terror de los humanos, cuando a sabiendas que somos hermanos, nos besamos en las calles de Picadilly Circus, ante la vista de mojigatos paleros de la reina Victoria.

Los Hermanos de Sangre, les tememos. Dicen otros vampiros. Los Hermanos de Sangre, amorales, incestuosos, dicen los humanos. Los Hermanos de Sangre, algún día los mataremos, dicen los cazadores de vampiros. Lo cierto es que nos convienen los rumores y las leyendas en torno nuestro, pues ahora que Van Helsing y su séquito de imbéciles mataron a Drácula, el título por ser el vampiro más destacado del mundo ha quedado vacante.

Hemos escrito este libro que esperamos publicar pronto. Específicamente, el capítulo que lees ahora, amable e insigne lector, trata sobre cómo nos burlamos de unos cazadores de vampiros que no tienen más talento ni prestigio que sus apellidos.

Somos tan importantes, que fuimos invitados a la fiesta de Tannhäuser, uno inmortal quien por cierto, no es vampiro como nosotros. Es un muchacho joven y hermoso, pero tiene muchos años más. Nos dijo que podíamos ir a su fiesta, donde habría sexo, drogas, y algo que llamaba steam-music. Nos dijo que los inmortales debíamos ayudarnos entre nosotros, y que podíamos disponer de las víctimas que quisiéramos. Mi hermano le preguntó qué quería a cambio de nosotros. “Solo lo hago por demostrar mi amoralidad. No quiero nada más a cambio que depravar, que contagiar mi decadencia. A veces pienso que Dios sobreestimó sus capacidades cuando creó al hombre”.

Accedimos a ir a la fiesta, y cuando los invitados estaban perdidos en el alcohol y la nube de opio, comenzó nuestro festín. En tan solo una hora asesinamos a seis invitados a la fiesta, mientras Tannhaüser nos miraba, divertido, mientras frotaba el pene del jovencito que lo acompañaba con una mano e introducía su dedo en la vagina de la mujer, a la vista de todo mundo.

Entonces, fue cuando vimos al Harker y a la Adler. Mi hermano fue quien me dijo que eran ellos, pues son conocidos en el submundo de vampiros y cazadores por sus apellidos, porque nunca han superado la sombra de sus padres. Sus únicos logros son matar niños vampiros que beben sangre de ratas en el cementerio Highate. Consideramos que sería sencillo y divertido matarlos, para que todo aquel que quiera entrometerse en los deseos de los Hermanos de Sangre escarmiente.

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