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Hipotenusa y occipucio

Chema Rosas

 

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Chema Rosas
Hipotenusa y occipucio

Todos los padres tienen una o dos anécdotas favoritas sobre la infancia de sus hijos. La predilecta de los míos es que cuando empezaba a hablar aprendí a decir ferrocarril antes que tren y automóvil antes que coche. Supongo que por unos instantes sospecharon que era una especie de genio, hasta que se dieron cuenta de que en realidad sólo era un mocoso borde con una extraña afición a las palabras complicadas.

Cuando empecé a ir a la escuela sudaba lágrimas cada vez que me tocaba resolver una operación matemática en el pizarrón y recuerdo esa sensación de asfixia mientras la maestra explicaba divisiones de quebrados con enteros. La clase de religión era tan absurda y oscurantista que en una ocasión nos hicieron escuchar y transcribir una canción de Arjona. El profesor de deportes mascaba chicle con la boca abierta y tenía la misión de torturarme física y psicológicamente al hacerme caminar por una bardita sin caerme. A pesar de todo, había algo que disfrutaba de ir a clases (bueno, a excepción de educación física), y eso era la oportunidad de encontrarme con una palabra nueva.

Un psicólogo diría que cuando empezaba a hablar me hicieron demasiada fiesta al chistecito del ferrocarril y el automóvil, pero lo cierto es que empecé a presumir las palabras que aprendía del mismo modo que mis compañeros hacían alarde de haber metido goles en el recreo. Hoy son términos relativamente comunes, pero en primaria eran, por lo menos para mí, el equivalente a aprender un truco nuevo con el yoyo. Éstas son algunas de mis favoritas:

Fotosíntesis:

Es el proceso mediante el cual las plantas transforman sustratos inorgánicos en energía. Eso se da gracias a otra palabra genial llamada clorofila, que es una sustancia que le ponen las personas al agua porque creen que así adelgazan sin dejar de comer tacos.

Hipotenusa:

Consiste en el lado opuesto al ángulo recto de un triángulo rectángulo. De acuerdo a Pitágoras y su teorema, su medida es igual a la suma del cuadrado de los catetos. Los catetos son los lados que no son hipotenusa. No recuerdo haber calculado de manera exitosa la hipotenusa de nada, pero un día me quise hacer el gracioso llamándole así a la escalera de mano que estaba recargada en la pared. A nadie le pareció chistoso.

Abolición:

Es lo que los Padres de las Patrias hacen con la esclavitud y entonces aparecen en murales rompiendo cadenas, pero la palabra aplica a cualquier ley o costumbre que es anulada mediante una disposición legal. Creí que esta palabra me sería más útil para anular la costumbre de mis padres de ponerme a lavar los trastes y recoger mi cuarto. Intenté la abolición, pero mi madre se amparó en la chancla y no hubo más discusión.

Occipucio:

Era clásico llegar con otra persona y decirle que se le veía el occipucio. De inmediato volteaban a ver su ingle y esa es mi primera incursión en el humor físico. Otras veces les decía que les iba a agarrar el occipucio y les daba un zape. ¿Les dije que tenía pocos amigos?

Sublimación:

Resulta que la materia tiene tres estados: sólido, líquido y gaseoso. La sublimación es el paso de sólido a gaseoso sin pasar por el estado líquido. Al proceso inverso se le llama deposición y es gracioso porque así le dicen a veces al excremento que, pensándolo bien, pueden ser flatulencias solidificadas. ¿Qué niño no disfruta chistes escatológicos?

Escatológico:

Relativo a la escatología que es el conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba. También significa algo grosero y soez por estar relacionado con los excrementos.

Omnisciente:

Es la característica de saberlo todo. Es una cualidad que sólo tiene el escritor sobre su historia, Dios sobre el universo y Doña Catita, la vecina del uno, sobre todo el vecindario.

Citoplasma:

Hay una sustancia de la que están hechos los fantasmas y que hace bailar tostadoras al ritmo de Jackie Wilson, pero se llama ectoplasma. El citoplasma en cambio, es la parte de la célula que rodea al núcleo y está limitada por la capa exterior. Es ese ambiente en el que nadan los organelos con nombres igual de geniales como retículos endoplásmicos, mitocondrias y aparatos de Golgi. Como sea, las palabras se parecen y desde niño me parecen geniales.

Mi afición por las palabras complicadas no ha cambiado. Y si a fin de cuentas las personas estamos hechos de células, historias y palabras, rodearse de palabras complicadas no es tan mala idea; tal vez así es como las historias se hacen divertidas. Lo que sí es evidente es que con el paso de los años las palabras que sonaban complicadas se hacen más fáciles de definir, mientras que las sencillas se convierten en las más complejas e inentendibles.  Los significados de rombicosidodecaedro, hipopotomonstrosesquipedaliofobia y paralelepípedo son mucho más claros que el de amor, por ejemplo.

notengomeil@gmail.com




 

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Chema Rosas
 (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico. Hace poco incursionó también en la comedia.

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