Y ¡pum!

Chema Rosas

Chema Rosas
Chema Rosas

Estamos acostumbrados a usarlas a diario y no nos damos cuenta, pero hay palabras que pertenecen a lo arbitrario. Es fácil reconocerlas porque, si nos detenemos a pensarlo, la secuencia de sonidos que las conforma no tiene en realidad relación con el objeto al que se refiere. Es decir… claro que tienen relación, pero sólo porque en algún momento alguien decidió, por ejemplo, que las plantas de tallo trepador, hojas compuestas de tres pares de hojuelas elípticas, con el margen ondulado, flores blancas, axilares, agrupadas en racimos colgantes y fruto en legumbre que contiene diversas semillas esféricas se llamarían chícharos… y que para ahorrar tiempo esa misma palabra serviría para las semillas de esa planta cuando están en el arroz.

El secreto para que las personas seamos capaces de comunicarnos en un idioma determinado es que nos engañemos mutuamente para relacionar sonidos aleatorios y arbitrarios con cosas que son tangibles y pertenecen al mundo de la realidad… y casi siempre funciona, incluso palabras absurdas como chícharo, pañuelo, pichancha o cacahuate nos parecen completamente normales si no las repetimos más de diez veces seguidas. Claro que, si nos detuviéramos a hacer eso, probablemente sólo lograríamos irritarnos a nosotros mismos y a todos a nuestro alrededor, o, en el peor de los casos perderíamos la capacidad de comunicarnos por completo.

Afortunadamente no todas las palabras son así. Y si evitamos pensar en la ironía que ello conlleva, las onomatopeyas (no la propia palabra onomatopeya, que es casi tan extraña como pichancha) son las que se aferran a un significado real, tangible y, sobre todo auditivo ajeno a los caprichosos balbuceos de los filólogos y lingüistas. Son tan simples y directas que cualquiera es capaz de entender su origen con mínimo esfuerzo sin importar que sean usadas como metáfora, que estén en un texto barroco o escritas con grandes letras junto al puño de Batman.

Y es que las onomatopeyas son aquellos sonidos e imágenes con urgencia de ser escritos y entonces se convirtieron en palabra. Tenemos como resultado una serie de grafías que representan sonidos que, colocados en cierto orden representan cosas que sólo son perceptibles con nuestros oídos, pero que dicen cosas mucho más complejas que la palabra chícharo. Por ejemplo:

 

Toc Toc: Es el sonido que provoca la madera al ser golpeada con los nudillos. Se usa para avisar al otro que estamos del otro lado de una puerta cerrada y que estamos dispuestos a esperar pacientemente a que abra. Es muy usada por testigos de Jehová y vendedores a domicilio.

Pum: Así suena cuando algo es golpeado con gran fuerza. Como cuando los testigos de Jehová o los vendedores a domicilio se desesperan porque nadie les abre y deciden patear la puerta. También se usa coloquialmente para agregar fuerza a una proposición ridícula. Ejemplo: “Todos dejamos abiertas las puertas del congelador y ¡pum! adiós calentamiento global…”

Splat: Así suena algo suave y húmedo al impactarse contra una superficie dura, casi siempre el piso o una pared. Como aventar un pescado descongelado a la mesa u ofrecerle el corazón a quien no te corresponde. En esos casos va seguido de un ouch.

Ouch: Aunque es común atribuir esta palabra a Homero Simpson, representa el sonido que hace cualquier persona al golpearse el dedo chiquito del pie con la esquina de la mesa. Es la sorpresa ante un dolor repentino e inesperado, como cuando te pica una abeja.

Bzzzz: Es el sonido que hacen las abejas y varios insectos voladores. Podemos usarlo para fingir que alguien nos habla al teléfono, pero lo tenemos en modo vibración, o para evitar que alguien se acerque a nuestra comida por creer que hay insectos cerca.

Ñam: En español se entiende como el sonido que hace alguien al morder algo delicioso.

Chomp chomp: Onomatopeya de masticar algo no siempre con la boca cerrada.

Glu glú: Así escribimos los sonidos al pasar por la garganta. Los fines de semana va seguido de un aaahhh y de otro whiskey.

Muac: Voz resultante de plantar los labios en la anatomía de alguien más. También son las siglas del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, y es que hay ósculos que merecen su propia exposición permanente.

Tic tac: El sonido que hacen los engranes de la maquinaria en los relojes de manecillas. Sirven para hacer mención del paso del tiempo, que se hace tarde, que no todo espera y que las cosas no son permanentes.

Clic: Lo que sienten dos personas con gustos e intereses afines. Hace referencia a algo que conecta y en lo que se estará pensando de manera recurrente. Una simple onomatopeya que ilustra el raro y mágico acontecimiento de dos personas antes aisladas que ahora se encuentran. También es lo que pasa cuando apoyas el dedo en el botón del mouse.

Jajaja: Emula el precioso y espiritual acto de reír por algo. En los mensajes de texto suele sustituir al humor, a la risa y convertirse en una especie de reconocimiento de que lo leído resulta suficientemente divertido para una respuesta, pero no tanto como para comentar algo al respecto.

Tan tán: Así nos imaginamos que suenan todas las piezas de música clásica al finalizar. La usamos para poner punto final e indicar que algo se ha terminado.

 

¡Tan tán!

notengomeil@gmail.com




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Chema Rosas (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico. Hace poco incursionó también en la comedia.

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