Teoría de las cuerdas

Chema Rosas

Teoría de las cuerdas
La teoría de cuerdas
La teoría de cuerdas

Como muchos de ustedes saben, en ocasiones dedico este espacio a explicar fenómenos científicos o sociológicos en los que no soy experto, tengo poca idea y nadie debería tomar en serio una palabra de lo que digo. Es por eso que en esta ocasión explicaré de una vez por todas y en palabras entendibles algo que ha tenido perplejos a los físicos teóricos desde 1974: La teoría de cuerdas.

La teoría de cuerdas se trata de un modelo físico que asume que las partículas materiales que aparentemente son puntuales, en realidad consisten en fenómenos vibracionales de un objeto extendido más básico llamado “cuerda” o “filamento”. De acuerdo con esta teoría parafraseada directamente de Wikipedia, un electrón no es un punto sin estructura interna y de dimensión cero, sino una especie de nudo de cuerdas minúsculas que se encuentran vibrando en más dimensiones de las que podemos observar. Dicho de manera todavía más sencilla: las partículas de las que están hechas los átomos son en realidad una red de cuerdas, tan misteriosa como la que se hace con el cable de los audífonos cuando lo metes al bolsillo del pantalón.

Ahora que, eso de pensar que no estamos hechos de partículas que forman átomos que hacen moléculas que a su vez forman tejidos, órganos, sistemas y personas, puede resultar confortante. En el caso de que la realidad que percibimos sea en realidad una ilusión creada por la vibración de cuerdas a través de distintas dimensiones en el universo, puede ser la razón de que los seres humanos estemos obsesionados con las cuerdas desde que las conocimos. Y es que, aunque lo clásico es explicar las cosas con manzanas, las cuerdas tienen un lugar importante en nuestra forma histórica de entender cosas como:

La vida: Según los griegos de la antigüedad, las Moiras son tres mujeres que se encargan de regular la duración de la vida de cada quien, y lo hacen con ayuda de un estambre. La primera lo hila y va creando; la segunda lo enreda en una madeja, y la tercera lo corta cuando cree ya estuvo bueno con eso de que estés vivo. Por eso, cuando alguien se encuentra en peligro decimos que su vida pende de un hilo, y eso es cierto para muchos alpinistas, paracaidistas y arañas que confían en que la tercera Moira esté echando una siesta.

La locura: Cuando el comportamiento de alguien se encuentra fuera de la campana clínica –o social- de lo considerado “normal”, decimos que no está cuerdo o cuerda. Una persona cuerda es aquella que no padece enfermedades mentales, tiene buen juicio y se comporta de manera prudente y reflexiva. Claro que su etimología tiene más que ver con el corazón que con la palabra griega para las cuerdas, pero si aceptamos la teoría de las cuerdas, a final de cuentas el corazón también es un amasijo de vibraciones que nos hacen creer que son partículas… y científicos de Harvard aseguran que seguir al corazón irremediablemente lleva a la locura. Y a creerse Napoleón Bonaparte en algunos casos.

La energía: En la antigüedad, es decir antes de que le pusiéramos pila a todo, los relojes, juguetes, cajas de música y hasta los robots eran impulsados por un sistema de engranajes al que se le llamaba cuerda. No tener cuerda era no tener el impulso ni la energía para llevar a cabo una tarea. Ahora cuando le damos cuerda a alguien, lo que hacemos es accionar la resistencia de sus engranajes mentales para que pase las siguientes dos horas hablando de aquello que le gusta, aunque para los demás sea algo casual. Como cuando le preguntas a un vegano qué está comiendo.

La memoria: Una de las técnicas más utilizadas para no olvidar las cosas consiste en amarrar un hilo en el dedo mientras se piensa en ello. Si en algún momento falla la memoria, sólo hay que ver la mano y eso que estaba olvidado se re-cuerda.

La justicia: Cuentan que cuando un poderoso político falleció intestado – sin testamento, pero completo de lo demás, aclaro- la familia se puso de acuerdo para hacerlo pasar por vivo al puro estilo de Weekend at Bernie’s y así engañar al notario. Cuando éste hacía preguntas sobre a quién se dejaba tal cosa, los familiares accionaban la polea para contestar afirmativamente y así fue, hasta que se negaron a otorgarle la casa de Acapulco a la tía Jovita, quien acuñó la frase “o se jala la cuerda para todos o no se jala para ninguno”. Poco sabría la tía Jovita que poco después su inspiraría a varias generaciones de físicos teóricos.

El amor: Dicen los japoneses que hay un anciano que vive en la luna y que cuando ve que hay dos personas destinadas a encontrarse toma un hilo rojo y amarra cada extremo al dedo meñique de ambos. Esto sería fenomenal y muy práctico para encontrar el amor verdadero, si no fuera porque el hilo es invisible y suele ser cortado por las Moiras –creo que el mío lo usaron para tejerle un suéter a su gato-. Entonces sólo es cruel.

Y es que la teoría de cuerdas es en realidad un asunto de gravedad. Los físicos no saben cómo unir las fuerzas más fundamentales bajo las mismas normas así que acudieron a la solución más obvia cuando de unir se trata. Como sea todo esto es física teórica y no se ha comprobado científicamente por lo que no sabemos si el universo es así. Además, yo no soy experto, tengo poca idea y nadie debería tomar en serio una palabra de lo que digo. Pero si me dan cuerda le sigo.

 

notengomeil@gmail.com




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Chema Rosas (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico. Hace poco incursionó también en la comedia.

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