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Ciruelas

Matilde Durón

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Eran las cuatro de la mañana cuando llegó el cabo en turno a tocar mi puerta, diciendo que era importante, que de no serlo no me habrían mandado llamar.

… ¿Te acuerdas, Cochito, cuando nos íbamos de pinta de la escuela y nos trepábamos en los árboles a platicar del futuro? Tú decías que ibas a ser policía y yo quería ser la primera mujer astronauta de San Carlos. Te reías de mí y decías que esas cosas no eran de niña, que mejor pusiera un salón de belleza. Cómo traías el brazo todo moreteado por culpa de mis puñetazos y pellizcos. Y nos prometimos contarnos nuestras vidas siempre, en cartas, como lo hacían nuestros papás y nuestros abuelos… [21 de marzo de 2016]

Silvia acababa de dar a luz hacía una semana, el comandante de la zona me había dado unos días para acompañarla, para estar con ella y Estrellita. Se grabó en mi mente su rostro desconcertado cuando regresé a la recámara y comencé a vestirme el uniforme. Miré su silueta en la puerta de la casa con la niña llorando en sus brazos, envuelta en una cobija. Yo me subí a la patrulla. Ella no dijo ni una palabra, no nos despedimos.

… Me apena no haber podido ir a tu boda, Cochito, pero estoy muy feliz por ti. ¿Quién iba a decir que ibas a terminar casándote con Silvia? ¿Te acuerdas que nos metíamos detrás de la tienda de su papá a robarnos las ciruelas de los huacales? ¿Que nos escondíamos entre las cajas de detergente hasta que Don Amancio salía correteándonos con el matamoscas en la mano? Hasta que en unas vacaciones quien nos encontró en la bodega fue ella, Silvia, y te pusiste nervioso y ya no quisiste regresar a jugar ahí. Yo me molesté contigo, supongo que tenía celos, pero de amiga. Odiaba la idea de que alguna vez te enamoraras de alguna niña y ya no quisieras jugar conmigo… [18 de abril de 2016]

Llegamos a la casa, se veía luz en todas las ventanas, la puerta estaba abierta. Los vecinos se asomaban desde sus casas y unos pocos ya se estaban acercando, en pijama, despeinados y soñolientos; murmuraban entre sí mientras señalaban la casa iluminada por la luz roja y azul de la torreta. Alguien también le había avisado al padre Francisco, él me estaba esperando en la entrada, junto a mi compañero.

… Ya vas a ser papá, Cochito, ¡No lo puedo creer! La verdad, cuando me contaste que te ibas a casar pensé que se habían comido la torta antes del recreo. Pero ya veo que no, que se portaron bien y se tomaron su tiempo. Yo creo que te sirvió mucho salirte del pueblo, cuando te fuiste a la Academia; mi mamá me contó que regresaste trajeado y hablando con mucha propiedad. Yo sí me di cuenta por las cartas que me mandabas que se te estaba quitando lo provinciano, hasta pensé que dejarías a Silvia por alguna chica fresa de la Capital. Pero no, ella te esperó y tú regresaste por ella. Me da tanto gusto además que voy a poder estar ahí para verte con tu chiquillo, o chiquilla… [15 de agosto de 2016]

Por un momento deseé no ser quien era, ni estar ahí. Antes de pasar a la sala de la casa, los dos cabos se quitaron la gorra, solemnes; el padre puso su mano en mi hombro y la apretó con firmeza. Yo me sentía fuera de este mundo, mi mente estaba en blanco, no podía hilar ningún pensamiento. Sentía que era víctima de alguna especie de broma de muy mal gusto. Caí en la cuenta que hasta ahora nadie me había dicho qué había pasado, sólo me habían sacado de mi casa, de madrugada, dejando a mi mujer e hija solas; me habían traído en un coche de la comisaría hasta la casa de Margot. De pie en el umbral, se confirmó aquel presentimiento que tuve desde el momento en que me despertaron los golpes en la puerta.

… ¡Es niña! Ya me imagino cómo la vas a traer, como a toda una princesa, la hija del Comisario, nada más y nada menos. Hasta Silvia se va a poner celosa, Cochito. Ya tengo muchas ganas de verte, en dos meses exactamente me estoy mudando a San Carlos, a la casa donde vivían mis papás. Me costó trabajo convencerlos, les da miedo la idea de que viva sola, pero me han visto bien y creo que eso les da tranquilidad. Ellos no quieren ir al pueblo conmigo, pero mi mamá ya tiene un cerro de regalos para Silvia y la bebé. A ver si me cabe todo en las maletas… [23 de noviembre de 2016]

Recorrí con la mirada cada centímetro de la sala, había plumas por todas partes, muchas, pequeñas y grises. Sobre uno de los sillones había un chal bordado, enrollado como si fuera un nido; dentro estaba la mitad de un tordo, le habían arrancado la cabeza y un ala. Unas gotas rojas minúsculas manchaban la tela. Sin duda, era un preludio grotesco de la escena principal.

… ¡Estrella! Qué nombre tan bello para una niña tan hermosa. Me hubiera encantado tomarles una fotografía, tú y Silvia en la cama del hospital, embelesados contemplando su creación. Me emocioné tanto que se me salieron las lágrimas, pero no te diste cuenta, y qué bueno, las escenas de amor siempre me ponen así, melancólica. No salí buena para las relaciones, tú lo sabes, tampoco tengo el gen maternal. Supongo que a algunos se nos cierran esas puertas al nacer, como una especie de karma, una voz del destino que dice «Tú no, tú vas a ser astronauta»… [14 de marzo de 2017]

Nadie está preparado para esas cosas, ni siquiera en la profesión de policía. En mi carrera había visto muchas imágenes, montajes, películas. La sangre, la infamia, la putrefacción. Pero no es lo mismo, nunca lo será. Lo que separa a la muerte del anónimo de la del ser querido es el corazón de quien se convierte en doliente. Yo vi a Margot en el suelo de aquella sala, sentada sobre un tapete de lana, con la espalda recargada en la pared y la muñeca casi cercenada; con los muslos cubiertos de rojo y el mentón hundido en el esternón.

… Me gusta escribirte cartas, siento que así puedo decirte más cosas que cuando vienes a verme. En mi mente hay dos personajes: Cristóbal, el comisario de San Carlos, el hombre de familia, el ejemplo de todo el pueblo, que ahora me visita cada tarde al salir de trabajar y me trae ciruelas compradas; y Cochito, mi amigo de la infancia, el niño gordito al que le cuento mis sueños, que vive en algún lugar lejos de aquí, donde no pasa el tiempo, donde las ciruelas no saben a nada si no son robadas… [17 de marzo de 2017]

El sol ya estaba en su cenit y yo me encontraba de pie frente a mi propia casa. Aún no reunía el valor para entrar, no quería contaminar con mi desolación ese espacio tan puro, tan sagrado. Sin haber llamado a la puerta, Silvia salió a recibirme, aún tenía a la niña en brazos. Yo la abracé, besé su frente y la de Estrella con mucho cuidado.

… Hoy me desperté, Cochito, y, bueno, despertar es un decir, porque siento que todo el tiempo estoy soñando. Supongo que después de todo sí se me hizo ser astronauta, pues siempre ando en la Luna. ¿Sabes también por qué lo creo? Porque siempre me rodea la noche. A veces se me aclara el panorama, como cuando la Luna se asoma en pleno día, pero la mayor parte del tiempo es así, de noche, y el mundo se me hace tan pequeñito, y lo veo todo cada vez desde más lejos... [19 de marzo de 2017]

Por fin di un paso dentro de mi casa, y de nuevo me encontré en un umbral que me aterrorizaba. Sobre la mesa de la entrada había un sobre blanco y en su frente se leía, con letra muy pulcra, CRISTOBAL S. GONZÁLEZ.

… Estoy segura de que serás un buen padre, como lo fue el tuyo. Eres valiente y tienes un gran corazón, lo veo, Silvia lo ve también, por eso te ama. Nunca te lo dije, pero creo que tienes a tu lado a una mujer maravillosa. Bueno, ahora tienes dos. Cuida mucho a Estrellita, siempre que puedas hazle saber cuánto la amas. Y por favor, nunca le digas que no puede ser lo que ella quiera, nunca le digas que por ser niña no puede montarse en un cohete e ir al espacio.

Te quiere, Margot A.
[21 de marzo de 2017]

 



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Matilde Durón.
Veracruzana de nacimiento, Sanmiguelense por antonomasia. Ingeniera de profesión y en mi tiempo libre escritora, traductora y activista de los derechos LGBT. Aquí el blog Matilde y aquí el blog sappho.

 

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