jueves. 09.07.2020
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De cerca y por dentro en la Calle del Sol: la Madero leonesa

Luis Eduardo Delgado Aguiñaga

Luis Eduardo Delgado Aguiñaga
Luis Eduardo Delgado Aguiñaga
De cerca y por dentro en la Calle del Sol: la Madero leonesa

El arco de la Calzada es un lugar estratégico para presenciar el atardecer en el inicio de semana desde el oriente de la calle Madero, en la ciudad de León.[1] Al menos eso parece para la decena de niños que juegan y se mojan en la fuente seca ubicada a sus espaldas. Los 36 grados centígrados exigen faldas y pantaloncillos cortos, tal como lo indicaba el noticiario local al medio día. Detrás está el precedente de la marcha encabezada por el expresidente de México, Vicente Fox, en contra del actual, Andrés Manuel López Obrador. Él y sus secuaces se manifestaban con la insignia: “Así no, AMLO”; y la calle, la calle Madero de la ciudad de León, territorio panista por excelencia, a pesar del ritual de la circunstancia, se volvió escenario de la discrepancia con gritos en su contra como: “México sin PRIAN”, “Se les acabaron los lujos” o “¡Saca la mota!”

Atravesar la calle Progreso dispone ante una serie de edificaciones recientemente remodeladas. Rockstar Burguer, había sido una farmacia, sobresale con una larga cola de adolescentes deseosos por entrar a comer bajo el fondo musical de Rarotonga, de Café Tacvba. El Rey Compadre y El Movimiento se encuentran cerrados, como el resto de bares y cantinas que en la Madero son localizados en su mayoría en estas primeras dos cuadras: José Alvarado y 13 de septiembre. La oferta momentánea probablemente haría recordar lo que fue la Madero décadas atrás: pedicurista, médico, abogado, dentista, tintorería, café, una capilla, viviendas, abarrotera, panadería, nevería y restaurantes. Reluce el Eiki, restaurante japonés fundado desde los 70, y su servicio de valet parking. Alejarse de la calzada significa una menor presencia de usurarios y una mayoría de inmuebles ofrecidos en venta o en renta, como “próximamente”, e incluso inacabados. Van y vienen ciclistas, personas trotando y de paseo familiar.

Entre las calles 13 de septiembre y Juan Valle están el templo y la plaza Expiatorio. La segunda calle, lugar del ambulantaje ligado a la comida: tacos, elotes, gorditas. Atravesar el frente del templo, tras una reja limítrofe al atrio, presenta a artesanas indígenas, a quienes piden la “caridad” y a vendedores de algodones, gelatinas, globos, galletas; y el finalizar de una misa con un: “El señor esté con ustedes”. Las banquetas con perros siendo paseados, parejas de novios y estudiantes, mientras una patrulla se da un rondín. Un estacionamiento señala: se cierra “9:00 en punto”; está colindante a neverías, terrazas, pizzerías, cervecería, acupuntura, préstamos, cebadinas. La plaza fue equipada con vegetación, bebederos, fuentes, bancas, caseta de policía, jardineras, luminarias, sanitarios públicos, bocinas, módulo de información, bici-estacionamiento, la instalación eléctrica es subterránea, tiene torres informativas y diseño de pavimento. Es un lugar atractivo para encontrarse con alguien, estar, platicar, besarse —luego del: “Hola, guapa”, del novio. Los jóvenes son los más presentes, pero también hay familias enteras, niños; su lugar de juego predilecto es el espejo de agua ubicado al norte. El templo es el background favorito para las fotografías: desde el "paloselfi" hasta el equipo completo profesional y el modelaje. También lo es para un grupo de cletos que dada la apertura del espacio le es útil para practicar trucos y pasar la tarde.

El tramo entre Juan Valle y Manuel Doblado, cruzando la esquina donde luce un letrero en vieja cantera: “Calle Real de Guanajuato”, en Lic. Verdad —perpendicular, más común, con tiendas, casas, autos estacionados—, está equipado como el resto de la Madero con postes, señalética —que recuerda el Prohibido estacionarse: “Ambas aceras”—, basureros, bolardos, semáforos, coladeras, árboles podados en forma de prisma, tableros de instalaciones; y una oferta comercial que va desde una relojería, una tienda de vestidos de novia y un pastelería hasta una biblioteca, venta de antigüedades, un edificio de departamentos, papelería y las vitrinas de un complejo denominado “Plaza”. También presenta el vacío y deterioro de tres edificios patrimoniales numerados del 534 al 536. El tránsito vehicular es de marcha ligera y en las aceras la caminata de los novios, de los que van saliendo del trabajo y de algunos ancianos, se complementa con el verles pasar de los que aguardan, bajo los árboles y ante la brisa del viento, en las bancas más cercanas.

De la Manuel Doblado a Motolinía hay estacionamientos, escuelas, ópticas, tiendas de conveniencia, barberías y tattoo; de Motolinía a Gante: café, Cardiofits, restaurantes, un puesto ambulante de quesadillas que congrega a una veintena de personas, esteticistas, vestidos, agencia de viajes, cibercafé, el periódico El Sol, tiendas de minoristas y departamentales, Plaza de Durán —donde “Se rentan locales y despachos”— y la finca #307, que porta una placa metálica que señala: “Rescate histórico de México”. Por su parte, el tramo de Gante a Hermanos Aldama es más mixto, los ligueros en un maniquí de la tienda de indumentaria dan la bienvenida. No presenta bares y sí pastelería, tiendas de ropa y calzado, el Condominio Madero 219, librería, farmacia, donas, venta de cámaras, etc. También es una zona parcialmente sombría que hasta hace pocos años todavía se contemplaba como de encuentro gay, ahí estaba el G Bar y hoy sólo queda un anuncio de “Rento edificio” y los empíricos lechos de personas en condición de calle. Cambian los actores; familias y amigos, el uso del espacio parece menos recreativo. Finalmente, el tramo peatonal, que lleva a la culminación de la Madero justo en la esquina con 5 de mayo, es el más agitado, entre el silbato del tránsito y el ir y venir de la multitud, el paisaje exhibe las edificaciones más altas de la Madero y las actividades y sonidos provenientes de la plaza principal. Cae la noche, son las 8:28, y se encienden las luminarias de las que cuelgan plantas en macetones. Los actores parecen más relajados, están de compras o han salido de laborar. Grupos de amigas, señoras, salir con la mamá… ¿Qué hay? Mobiliario urbano, tiendas diversas (ropa, mochilas, calzado, telas, peluches, productos de belleza), dos bancos, una pizzería y una peluquería.

La dinámica de bares, licorerías y restaurantes despunta desde el martes y sobre todo a partir del miércoles. El día martes se suman nuevos actores: artesanos a las afueras del Seminario de misioneros, recolectores de basura SIAP con contenedores móviles, indigentes, monjitas, amiguitas, familias, bebés en carriolas, músicos ambulantes, repartidores de Uber Eats y SinDelantal, parejas de gays, travestis, raperos o metaleros. El tramo peatonal se desborda en actividades en ambos sentidos: peatones, ciclistas, carriolas, hasta que el mar de multitudes se abre para dar paso a cinco policías armados que escoltan a un supuesto delincuente, también se corta la melodía del corno francés que amenizaba el momento. La gente observa el hecho, la piel morena y el rostro tatuado del “malhechor”, segundos después todo vuelve a la normalidad y la gente aplaude al concertista callejero. Fuerte acontecimiento, semejante al visto unas cuadras atrás con un indigente con trastornos psiquiátricos que caminaba por el centro del arroyo vehicular gritando: “Checa tu estúpido cerebro, estúpida ramera”, alejando a todos a su alrededor.

Suenan bongós, trompetas, un piano y la voz de una cantante cubana —Celia Cruz, eligió el DJ—: la Plaza Expiatorio se transforma para el “Miércoles de danzón”. Los bailarines con su mejor tacuche, adultos mayores principalmente, son objeto de observación por parte de un centenar de espectadores que han convertido las jardineras en gradas, las rejas del expiatorio en bici-estacionamientos y la plaza en un lugar del disfrute: charlar, tomar helado, bailar… se monta una carpa e informalmente se venden frutos, raspados, frituras, aguas de sabor y hasta se bolean zapatos. Prontamente los estacionamientos aledaños se anuncian con “Cupo completo”, por esta ocasión la demanda por estar en la Madero es también causada por los partidos de liguilla del fútbol mexicano: “Xolos Vs León”, “Cheve 2x1”, “Caguama a $10” —ofertan—; ondean banderas del club León y en la calle se avistan los aficionados con jerséis color verde.

El día jueves comienza a denotarse con mayor actividad. Presencia policíaca (peatonal, montada y en patrullas), clases “altas” en las inmediaciones del templo Expiatorio y un grupo de turistas afroamericanas en la plaza Expiatorio; misma que se vuelca como lugar lúdico, predilecto de los infantes y del deporte extremo informal por los adolescentes: “gol y puerta”, parkour y escalada en la curvatura del muro límite de la plaza, scooters, bicicletas, patines, avalanchas, triciclos, platillos voladores y carritos eléctricos. Comienza a ser común el ser abordado: “¿Me compras una pulsera?”, “… ¿una rosa? ¡Para la novia!”, lo que se conecta a la oferta del comercio ambulante informal y fugaz en carretillas, botes, diablitos, cajas y sobre el pavimento: ropa, frutos, papas, miel, empanadas, figurillas de yeso, mini-mobiliario, árboles bonsái y plantas, herbolaria, tuba (bebida de palma de coco), pulseras, collares, discos y libros —sobresale el exdueño de la librería El lector empedernido, ahora en la banqueta, luego de haber sido echado por no poder pagar las altas rentas de la Madero. También se vincula con su versión más formal: carritos de hamburguesas, elotes, tacos, gorditas y quesadillas. La ocupación de las banquetas se ve afectada ocasionalmente por automóviles estacionados sobre ellas, otra veces, por varios minutos, sí con las intermitentes y bajo el arroyo vehicular y, en otras tantas, para entrar y salir de estacionamientos, impiden el paso peatonal. La noche ha llegado: abre el Étnico y el Rockhaus.

¡Me siento muy contento, me siento muy feliz, ya es fin de semana y me pienso divertir! Música emerge de las terrazas, luces, gente en demasía en los lugares de consumo y a los alrededores, bajar y subir del taxi o Uber, pizarrones de banqueta para promociones y la figura del hostess al por mayor. La atmósfera nocturna y de fiesta va dejando de lado a un viernes de día de la Madre, que también había puesto muy movida a la Madero desde tempranas horas. Sumado a la dinámica cotidiana, se veía gente como nunca en la semana, vendedores de flores, familias tantas y, sobre todo, mucha presencia de mamás de todas las edades. Los estacionamientos están repletos, pero ahora algunos cierran hasta las 3:00. El día sábado la lógica es muy semejante, salvo por la vuelta de los octavos de final: “Hoy juega la fiera” —no para de ofertarse. Los recorridos familiares continúan presentes, asimismo, el pasear perros, andar en bicicleta, trotar y ejercitarse, jugar, desplazarse nada más, compras, laborar… no sólo se trata de bares. Es posible ya distinguir tres zonas concatenadas e imbricadas, que van de oriente a poniente: la de bares, la lúdica-religiosa y la comercial. Sin embargo, en los fines de semana, llegada la noche, la última cae por completo, desolada y bajo las penumbras, quizá semejante a como se percibía toda la Madero hace 10 años.

La Madero amanece con resaca, fatigada y sucia. Se halla en la búsqueda de la reinmersión en una lógica dominical más tradicional, la mayoría de los negocios y estacionamientos están cerrados. Poca gente, siendo la excepción la Plaza Expiatorio y el propósito de asistir a misa lo que mantiene viva su explanada y jardineras. Otra vez el atardecer en la calle del Sol…




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Eduardo D. Aguiñaga (León, Guanajuato, 1984) es arquitecto preocupado (y ocupado) por cuestiones sociales, músico y coleccionista de discos y experiencias. Es pinchadiscos y coeditor del Fanzine del Cerdo Violeta.

 

[Ir a la portada de Tachas 319]

 


[1] Desde los primeros años de León, esta calle había sido trazada para correr en sentido horizontal atravesando la totalidad de la plaza principal y el asentamiento fundacional.No obstante, una de las primeras arquitecturas, la antigua parroquia, crearía una ruptura definitiva en dicha continuidad. El fragmento que sale desde la plaza principal en dirección oriente fue denominado Sol divino en el siglo XVIII, después, simplemente El Sol; es el tramo que se dirige hacia lo que hoy es la calzada de Los Héroes y ha sido nombrado ya calle Francisco I. Madero. El tramo opuesto, el que se localiza al poniente desde la misma plaza, llevó el nombre de La Luna Hermosa, hoy se llama Josefa Ortiz de Domínguez. Esta última condiciona una función urbana muy diferente, con dos cuadras meramente peatonales, oscila entre dar cabida a una mancha culturalde servicios para celebración— de vestidos especializados para novias y quinceañeras y estudios profesionales de fotografía, y otra de ropaje en general (disfraces, telas, tiendas de ropa); en menor medida, una mixtura entre alimentos y bebidas, un hotel y el acceso a un estacionamiento subterráneo a la plancha de la plaza Fundadores.

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