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João Gilberto: Susurros desde Amazonia

Fernando Cuevas
Joao Gilberto
Joao Gilberto
João Gilberto: Susurros desde Amazonia

Los estilos musicales surgen a partir de procesos e influencias múltiples, más que de momentos específicos o inspiraciones súbitas; si bien hay autores tutelares, los sonidos se van alimentando de tradiciones colectivas, innovaciones y reinvenciones. Es el caso de la Bossa Nova, música con sello brasileño, hija de la samba con genética jazzera, cuya paternidad se le adjudica al gran Antonio Carlos Jobim a mediados de los cincuenta, con la complicidad, continuidad y reconfiguración del exquisito compositor, cantante y guitarrista João Gilberto (Bahía, 1931 – Río de Janeiro, 1919), quien desde los catorce años empezó a tocar y escuchar profusamente el pop brasileño, el swing del gigante Duke Ellington y piezas de rítmicas costeras, para después aparecer en el radio y formar parte brevemente del grupo Garotos da Lua, ya instalado en Río.

Tras un tiempo de rodar y rodar sin rumbo fijo, entrar en contacto con el cantante Luís Telles y el músico Tom Jobim, otros de sus mentores, realizar algunas grabaciones y participar en un disco de Elizeth Cardoso con letras del contestatario poeta Vinícius de Moraes, finalmente debutó en solitario con cálida sensualidad vía Chega de Saudade (1959), insertando influjos del fado lusitano e inmediatamente llamando la atención por su atmosférico estilo vocal y el virtuosismo para rasgar las cuerdas salpicadas de síncopa soleada.

Le siguieron muy pronto, cual absoluta y brillante explosión creativa, O Amor, o Sorriso e a Flor (1960), lleno de romanticismo al aire libre; Brazil's Brilliant João Gilberto (1960), confirmando la suavidad de su canto; Gilberto y Jobim (1960), incluyendo orquestaciones de éste último, colaboración extendida en Samba de Uma Note So (1960). Esta etapa cerró con el indicativo Boss of Bossa Nova (1962) y con el festivo siempre contenido João Gilberto Cantando as Musicás do Filme Orfeo do Carnaval (1962). Piezas cortas llenas de emociones compartidas en forma cadenciosa, directa y con un reposado corazón en la mano.

Sus posturas políticas lo llevaron a vivir en Estados Unidos hasta inicios de los años ochenta. Allá entró en contacto con varios jazzistas legendarios que se interesaron en la nueva ola: memorable es el concierto capturado en Bossa Nova at Carnegie Hall (1962), preludio de Getz/Gilberto (1964), obra maestra de la música del siglo XX en la que hizo mancuerna con Stan Getz, Jobim y la cantante Astrud Gilberto, su esposa en aquel entonces: los sonidos brasileños se emparentaban en definitiva con el jazz estadounidense. La intersección continuó con su colaboración con el flautista titulada Herbie Mann & João Gilberto with Antônio Carlos Jobim (1965) y alcanzó para una segunda parte titulada Getz/Gilberto Vol. 2 (1966).

Después de algunas recopilaciones y la presentación de obras en vivo y entrar en comunicación creativa con los compositores Dorival Caymmi y Ary Barroso, regresó al estudio con el homónimo João Gilberto (1973), cuidando los timbres y tonalidades como si fueran frágiles criaturas; volvió con su colega saxofonista Stan Getz en The Best of Two Worlds (1976), ahora con la voz de Miúcha, su esposa, encargándose de las letras en inglés. Cerró la década con Amoroso (1977), de emblemática quietud, y con otra colaboración nombrada Gilberto and Jobim (1977), como manteniendo ese vínculo indisoluble y altamente expresivo.

De regreso a su tierra ya con la dictadura dando sus últimas y sanguinarias pataleadas, grabó João Gilberto Prado Pereira de Oliveira (1980) y se reunió con toda la pandilla de la Tropicália para producir el representativo Brasil (1981) con Caetano Veloso, Gilberto Gil y Maria Bethânia. Trabajó con Gal Costa y Chico Buarque y durante esos años entregó Interpreta Tom Jobim (1985), a manera de sentido homenaje; el pausado Meditação (1985); Live in Montreux (1987), capturando en vivo la fineza de los acordes, y O Mito (1988), haciendo honor a su viejo apodo ya asumido a plenitud en cuanto a leyenda viviente.

Hacia finales del siglo XX, contribuyó con Stan Getz Meets João & Astrud Gilberto (1990), el reivindicador João (1991) y Eu Sei que Vou Te Amar (1994), declaración tersa de los sentimientos bien dirigidos hacia la persona adecuada. Pasaron otros álbumes en directo y recopilaciones para entregar João Voz e Violão (2000), seguido de una serie de conciertos en la capital japonesa editados en el álbum In Tokyo (2004). Hacia el final, aparecieron el elegante Este Seu Olhar (2008); Tristeza de Nos Dois (2012), en colaboración con Sergio Mendes; O Grande Encontro (2013), grabado junto con Jobim; el memorioso Getz/Gilberto '76 (2016), integrado por presentaciones en San Francisco, y Amor Certinho (2017), a manera de regreso a los orígenes.

Como buen amigo de México, João Gilberto, además de sonar en muchas casas de familias setenteras a través de sus reconocidas interpretaciones, integró Farolito: João Gilberto en México (1970), justo cuando su representativo nacional alzaba la Jules Rimet del mundial de fútbol; Bésame mucho (2000), con la canción titular de Consuelo Velázquez, y la compilación Acapulco (2002), cuando era un puerto más visitable, por decirlo de alguna manera. La impronta de este gran artista, de carácter más bien ermitaño, sigue presente en diversas propuestas musicales, así como en Bebel Gilberto, su hija también dedicada a estos menesteres de llevar el alma brasileña a todas partes para sonar fuerte y, si es el caso, fusionarse con otras manifestaciones orientadas a continuar con el bucle de la innovación.

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