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León en las letras

Jorge Omar Muñoz

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León en las letras, Foto: bbc
León en las letras

Durante las postrimerías del siglo XIX, la literatura leonesa tuvo su canal de difusión en el periódico La aurora literaria, el periódico de Ciencia y Literatura patrocinada por la sociedad literaria musical “Manuel Carpio”.[1] La sociedad de enseñanza popular tuvo también su revista científica bajo la supervisión de José Rosas Moreno; sucedió lo mismo con la secundaria y preparatoria oficial, con los periódicos La prensa y El observatorio meteorológico de León.[2]

Es con el siglo XX que la difusión literaria se fortaleció. Fue una época donde convergió el levantamiento económico de los últimos años del porfiriato y las calamidades que trajo la revolución. Fueron tiempos de asociaciones, de círculos donde la cultura podía guarecerse y florecer. El Círculo Leonés Mutualista, fundado el 26 de mayo de 1901 por el comerciante Benito Gaona, pretendía: “el fomento de la unión entre comerciantes, industriales, agricultores, profesionistas y empleados […] la ayuda mutua en caso de necesidad, el auxilio a las familias en caso de necesidad, la instrucción y el recreo licito y el fomento de las actividades culturales”.[3] El grupo fue fundamental para proyectar la cultura a la sociedad leonesa. Llegaron a tener su propia revista a la que nombraron Armonía social, donde publicaron artículos sobre la historia del municipio y poemas de diversos autores locales. Sus festividades se caracterizaban por incluir conciertos de música clásica, veladas literarias —llegando a participar el poeta Juan de Dios Peza[4]- y premios florales, que comenzaron a entregarse en 1901. Las actividades que realizaba el Círculo Leonés dejaban entrever que las manifestaciones culturales se llevaban a cabo en forma de ritos exclusivos de la clase pudiente: cada evento se realizaba de forma privada y se invitaba a la población general sólo si los organizadores lo deseaban. Esto era una consecuencia de la moral cristiana que permeaba entre los habitantes de la ciudad, pues consideraban que las actividades lúdicas eran una cuestión que se debía tener bajo control.[5] De 1900 a 1910, el periódico, las editoriales y las imprentas eran el medio de mayor expresión cultural; temas como la religión, la política, el periodismo y la educación eran los más publicados. Las actividades culturales estaban bajo la influencia de la iglesia: la música, mediante el seminario, era enseñada a todo aquel que lo deseaba. Las bibliotecas, las librerías y las escuelas no estaban exentas de los ideales católicos, y el gobierno municipal sólo tenía injerencia en el ámbito de la cultura mediante un teatro y una biblioteca.[6]     

La cultura encontró un lugar donde expandirse mejor con la “Generación de los custodios”, conformada por Vicente González del Castillo, poeta y fundador del Archivo Histórico; José Villalobos Ortiz, Timoteo Lozano, Julio Orozco Muñoz, Ruth Nasser, Eloísa Jiménez y José Ruiz Miranda.[7] Se caracterizaban por su devoción católica, influenciados por el obispo Emeterio Valverde y Téllez. Los que eran escritores publicaban sus obras en ediciones privadas y, en 1946, encontrarían una plataforma de difusión en el periódico El Sol de León, que les otorgaba espacio para sus poemas o sus artículos como las “Curiosidades Literarias” de Vicente González del Castillo. La poesía ayudó a concretar la cohesión de los artistas, y la sociedad artística-literaria La Trapa fue finalmente el acto que reuniría a esta generación. Todo inició con el poema “Yo soy un viejo monje de la trapa” publicado por José Ruiz Miranda, en el periódico El presente de 1922.

Durante casi dos décadas el grupo se mantuvo vigente como uno de los bastiones donde la cultura podía expresarse sin censura, aun con sacerdotes entre sus filas y con la Guerra Cristera que se cernía sobre el Bajío. Una carta de Vicente González del Castillo a José Villalobos Ortiz, fechada en 1939, sostiene que el grupo aún seguía vigente diez años antes de que otro los relevara.

En el seno de la religión crecería el relevo de La Trapa con el vate y sacerdote José Fidel Sandoval Ponce —miembro de la Academia Mexicana de la Lengua-  y su grupo de afición a las letras: Oasis. Fidel Sandoval, que conocía a fondo la organización anterior, forma el grupo Oasis el 2 de junio 1949 para continuar con la tradición literaria. Durante la primera junta se reúnen en su mayoría poetas, como Rubén Mendoza Heredia, Rubén Serratos, José de Jesús Ortiz Funes, Concepción Mojica, José Trinidad Plascencia y Manuel Isidro Martínez (Miranda, 1952: 8). Las reuniones eran itinerantes y sus miembros eran profundamente católicos. Durante la primera reunión se acordaron tres puntos:

  1. El nombre del grupo:  Que finalmente sería llamado Oasis
  2. El lema: Quid ut ars?  (¿Qué hay como el arte?)
  3. La edición de una revista: Se editaron diez números y uno especial, de 1950 a 1956. [8]  

En el número 1 de la revista publicaron sus intenciones como grupo y su ideología: “[…] A fuerza de sinceros, debemos declarar que abrigamos un profundo respeto por la venerable antigüedad clásica, así como repudiamos el rezagado espíritu de los que piensan que blasfemar es progresar.”[9]

Oasis realizaba actividades artísticas en la ciudad, justo como lo habían hecho en su tiempo el Círculo Leonés Mutualista y La Trapa. Incluso llegaron a instaurar el día del artista cada primer miércoles de ceniza. El grupo gozó de un gran número de miembros –que sólo podían ingresar por medio de una invitación-, entre las que se encuentran los poetas Paula Alcocer de Aguilera, Margarita Michelena, Margarita Paz Paredes, Vicente Echeverría del Prado, Javier San Martín Torres, Gabriel Ramirez, Benito Romo Vivar, Luis Solís Lozano, Luis Guillermo Oceguera, Hector Urrutia, Moisés Montes, Jorge Fernández de Castro y Alberto Ruiz Gaytán; los ensayistas Ramiro López Septién, Salvador Alvares Rangel, Guadalupe Navarro, Jesús Rodríguez Frausto, Pascual Aceves Barajas  y Felipe Hernández Segura; los cuentistas Manuel Isidro Martínez, Jesús Rodríguez Gaona y Alberto Quiroz; los músicos y pintores Juan B. Fuentes y Francisco Javier Martínez. Al grupo se unieron miembros del grupo precedente como: José Ruiz Miranda, Timoteo Lozano y Raymundo G. Cervantes. Efrén Hernández aparece en la revista número uno como colaborador del grupo, sin embargo, después de esa mención no hay publicación alguna de sus textos. Los nexos que el padre Fidel Sandoval tenía con la Academia Mexicana de la Lengua hicieron que él y su grupo entraran en contacto con escritores de talla internacional como Gerardo Diego, poeta de la generación española de 1927 —misma a la que perteneció Federico García Lorca-  y ganador del premio Cervantes junto a Jorge Luis Borges en 1979. El argentino Aurelio Capdevilla fue otro literato que mantuvo relaciones epistolares con el grupo, en especial con el poeta Vicente Echeverría del Prado. Pasaría lo mismo con la poetisa Concepción Mojica, que mantendría contacto con el poeta Enrique González Martínez. 
 

Este texto forma parte del libro Vida y obra de José de Jesús Funes, de Juan Omar Muñoz Martínez, Editado por El canto del ahuehuete, que puede ser adquirido escribiendo al correo del autor.  

 

 

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[1]Labarthe Ríos. M.D.C. (1997). León entre dos inundaciones. Guanajuato: La Rana, p. 477.

[2]Ibid, p. 446.

[3]González Leal, M. (2003). León, Trayectoria y destino. México: Dirección de Comunicación Social, p. 242.

[4]Ibid, p. 458.

[5]Gómez Vargas, H. (2004). La ciudad y la furia. León: Universidad iberoamericana, p. 97.      

[6] Ibid, p.107.

[7] González Leal. M. (2011). “La sociedad literaria La trapa”. En M. González Leal (ed). León, cinco siglos contra viento y marea., México: editorial app, p. 385.

[8] Miranda, J. M. (1952). “Calenda de Oasis”. Oasis, (7), pp. 8-10.

[9] Introducción. (enero de 1950) Oasis. p. 1

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