Martes. 15.10.2019
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Los fetiches del lector

Ezequiel Carlos Campos

Los fetiches del lector - Ezequiel Carlos Campos
Los fetiches del lector - Ezequiel Carlos Campos
Los fetiches del lector

        Un lector entra a la librería con el pie derecho para encontrar buenas ofertas, ver el ejemplar que buscaba, tener la oportunidad de meterse un libro por debajo de la playera prestidigitadoramente. Va por orden alfabético, pasa de libro en libro hasta encontrar los colores o diseños famosos –un gran lector deberá conocer todas las editoriales y hacérsele más fácil este recorrido–; mover los ojos como si estuviera en un juego de tenis, pararse abruptamente cuando se vean las siluetas de los nombres de aquellos autores que busca. Pasar de estante en estante y tomar sólo aquellos de interés, leer el texto de contraportada y verles el precio. Sorprenderse por lo caro o lo barato –en muchos de los casos será sorpresa por el alto valor. Y aquí recuerdo todas las veces que mis amigos borrachos me dijeron: “Es más caro un libro que una botella de alcohol, por eso mejor me emborracho, ja, ja, ja”. El tiempo en ese lugar pasará lento, porque cuando uno se divierte los minutos se arrastran poco a poco, porque cuando uno se distrae del mundo no escuchamos ni los gritos, ni el pipip del lector del código de barras cada vez que hay una compra, ni siquiera la música intelectual que ponen las librerías para ambientar. Él, después de horas, paga un par de libros –otro par en su calzón– porque un lector que se respeta no debe salir de ahí con las manos vacías. Y si la(el) cajera(o) es guapa(o), sacarle plática para que vea que le sabes a eso de la literatura y ver si es posible que te sugiera algunos libros para después pedirle su teléfono.

            Ya en casa corrercorrercorrer para llegar a su habitación y poner los libros en su cama. Acomodarlos por tamaño y, con sumo cuidado, quitar el retractilado por los bordes y sacar el libro. Hojearlo: ver primero la portada y contraportada; olerlo y que el perfume del papel llegue hasta lo más bajo de tus pulmones y mantenerlo ahí por algunos segundos; pasar a la portada, portadilla, ver la tipografía y si en la hoja legal dice que puedes o no robarte parte de la obra, si tiene índice y si se hicieron quinientos, mil, o fue una edición de millares. Y así con todos los libros que se trajeron a casa.

            El lector, cuando se decide después de tanto cuál libro es el que comenzará ese día, se prepara para la lectura. Va por su taza de café, su vaso de agua o Coca-Cola, prende un cigarrillo, porque los rituales son importantes, si se cambian un meteorito pasará por la Tierra, o se quedará ciego y no podrá nunca más leer. Por eso el lector va por su taza y la pone a un lado. Toma el libro en sus manos y recorre con la vista todos los bordes de la portada, percibe los colores como si viera la piel de un reptil; pasa a la contraportada y relee el texto, y empieza a sacar hipótesis respecto a la trama o cuánto tiempo tardará en acabarlo. Pasa a las hojas y lee con atención la hoja legal –de nuevo– para pensar qué sucedió en el año en que el libro salió a la venta, si ya había nacido, o qué tan joven era. Cuando ve el primer capítulo, el primer poema, respira. Respira porque leer es como correr un maratón. Decidirse en qué momento exacto abrir los ojos y empezar la lectura. Si detenerse un poco más. Leer el primer párrafo y volverse a regresar porque no lo iniciaste con la atención adecuada.

            Algunas cosas extra que hacen la lectura más amena: 1.- Leer en tu lugar preferido. 2.- Utilizar un separador que combine con el libro, o el que mejor le vaya. 3.- Volverse a aislar del mundo. 4.- Cada vez que se acabe el capítulo y se haga una pausa, repasar la historia. 5.- Cuando se acabe el libro poner las manos en su cuerpo y terminar el ritual. Cinco cosas, porque el cinco es equilibrio y armonía. Y así con cada libro que se lea.

 




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Ezequiel Carlos Campos (Fresnillo, Zacatecas, 1994). Ha publicado en Luvina, Círculo de Poesía y Punto de partida. Colabora en Liberoamérica, El Diario NTR y Es lo cotidiano. Es autor del poemario El beso aquel de la memoria (2018). Dirige la revista virtual de literatura El Guardatextos (www.elguardatextos.com). Premio Estatal de la Juventud 2019 en la categoría de Talento Joven/Literatura.

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