Domingo. 17.11.2019
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RESEÑA

Palabras de fiesta, palabras de ritual/ Noche en Los Pastitos con Rosetta y A vuelo Cenzontle

Xosué Martínez

GabrielMorales/ArchivofotoFIC2019
GabrielMorales/ArchivofotoFIC2019
Palabras de fiesta, palabras de ritual/ Noche en Los Pastitos con Rosetta y A vuelo Cenzontle

 

 

El Festival Internacional Cervantino es un encuentro que busca constantemente la vanguardia, y quienes representan a la “raíz” son precisamente los primeros en levantar la mano para reconstruirse y deconstruirse. Ya con el regreso de Guillermo Velázquez y sus leones al Cervantino nos encontramos con un choque generacional, donde el son arribeño se mezcló con los sonidos del rap. Incluso, pudimos ver al músico Alonso Arreola y al heredero de la palabra, Vincent, crear un diálogo entre el bajo eléctrico y el zapateado.

Otros, por decir algunos, Ztimpy Brakers, Colectivo Ometeotl y Break de Folk, todos ellos de Guerrero con algo en común, el orgullo por su raíz y la necesidad de hacerse valer, mezclaron su tradición oral, sus imaginarios y los símbolos contemporáneos para su expresión artística.

Para Arreola “las nuevas generaciones tienen una visión diferente con respecto al arte y al propio entretenimiento como un vehículo integrador y de comunicación”. Es ese proceso de reinterpretación y apropiación lo que “contribuye a la normalización de este diálogo”.

Es el reto de afrontar el clasismo, el racismo y la discriminación, uno de los motores para impulsar a las comunidades y a sus integrantes a subirse a un canal de comunicación donde puedan ser vistos y exigir sus derechos, y al mismo tiempo generan una nueva identidad.

En un ejercicio de trabajo transversal, el 47 Festival Internacional Cervantino y la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, produjeron dos proyectos donde el protagonismo es de de la voz y la palabra. El encuentro de Rosetta y su rap indígena, con A vuelo Cenzontle, canto cardenche potenciado, fue parte de la programación del jueves 16 de octubre.

Anidados en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, se trata de dos proyectos que, a pesar de ser diametralmente opuestos, utilizan a la palabra como un estandarte de inclusión, de renovación, de cambio generacional, y principalmente de apropiación de los discursos.

Rosetta, por ejemplo, es un proyecto liderado por Alonso Arreola, que en su laboratorio de música juntó a Zara Monrroy, Juan Sant y Pat Boy, exponentes del rap en lenguas indígenas, para generar algo nuevo; que junto a Vincent Velázquez presentaron un híbrido entre rock, música electrónica y rap.

“Éstas son palabras de mi tierra. Sé que no me entienden, pero si abren su corazón podrán sentirlo”, dijo Zara Monrroy en medio del escenario de Los Pastitos, donde se presentó el proyecto. Monrroy representa, no sólo a la nación Comcáac de Sonora, sino a la mujer que en estos momentos lucha por lo que le corresponde, su derecho a vivir. Ella misma se propone como un estandarte para “dar voz a quienes no tiene voz y que están en estados o lugares marginales y aislados de la civilización”.

En ese mismo escenario, Juan Sant, joven rapero de Puebla que lleva en su lengua —el totonaco- toda la carga simbólica de su comunidad y Pat Boy, rapero maya remando contra la invisibilización y el lugar que la historia romántica le dejó a la ancestral civilización de la península de Yucatán.

Palabras en Comcáac, totonaca y maya que recurrieron al rap para no morir, y que ahora buscan conquistar espacios otros espacios y otros corazones.

“Voltear hacia dentro da originalidad”, es Rosetta propuestas originales que incluso buscaron al español para darle su lugar como el principal puente en el país. Fue así que tuvimos la oportunidad de ver otra vez el experimento entre la poesía decimera y el zapateado de Velázquez con el bajo de Arreola.

Se trató de una fiesta donde los asistentes bailaron, cantaron y celebraron el ejercicio de integración. Para la segunda parte de la noche esa celebración se convirtió en un ritual espiritual, donde el sonido del viento y de los animales se mezcló con voces de ancianos que defienden una tradición que sus ancestros les pasaron para convivir en el frío.

A vuelo Cenzontle, el otro protagonista de la noche, es una experimentación que busca dar protagonismo total a la tradición oral de un cántico. Se trata de una colaboración con Los Cardencheros de Zapioriz, la única agrupación formal en el país que se dedica al cardenche, un canto a capela que destaca la vida de los campesinos en el desierto.

Este proyecto está liderado por Juan Pablo Villa, artista de la voz, quien se acompañó de Dafne Carballo para generar una propuesta donde el canto cardenche destaca en todas sus formas.

El resultado fue un concierto ritual que puso a los abuelos y a los cenzontles en sintonía en un proyecto donde, a decir de Villa, “ellos se enfrentan a esta modernidad y nosotros aprendemos más sobre la voz”.

A vuelo Cenzontle brinca fronteras y pone a dialogar tanto a la tradición como al otro, a través de un proceso de empatía. Es un ritual sonoro que nos obligó a buscar en nuestro interior y disfrutar de nosotros mismos.

Rosetta y A vuelo Cenzontle, son sólo una pequeña parte del camino a la vanguardia de las artes en México y del Cervantino como plataforma, y un reto para las manifestaciones contemporáneas para voltear a ver a la raíz.

 




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Xosué Martínez (Puebla, 1988). Gestor cultural y fotógrafo escénico. Licenciado en Cultura y Arte por la Universidad de Guanajuato. Ha vagado por el Instituto Cultural de León, la Revista Cultural Alternativas, el Laboratorio Urbano del Instituto Metropolitano de Planeación del Estado de Puebla, y actualmente el Museo Amparo. Su trabajo periodístico y artístico (foto y textos) ha sido publicado en medios nacionales e internacionales. Su fotografía ha desfilado por 7 exposiciones individuales y 3 colectivas. En noviembre de 2018 fundó Labcdos, un laboratorio de comunicación cultural.

 

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