Jueves. 20.02.2020
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Corona Capital 2019: dos movimientos

Fernando Cuevas
The B-52’s
The B-52’s
Corona Capital 2019: dos movimientos

Una fugaz repasada por dos de los invitados a este festival musical ya constituido como uno de los más importantes de Latinoamérica. Veamos.

Movimiento cósmico

Tomando su nombre de un cierto tipo de peinados en forma de colmena, The B-52’s se formó como un lúdico quinteto mixto en Atenas, Georgia, a mediados de los setenta del siglo pasado. Los hermanos Ricky (guitarra) y Cindy Wilson (voz y percusiones), Keith Strickland (multiinstrumentista), Fred Schneider (vocales) y Kate Pierson (voz y teclados) decidieron formar una banda, un poco de la nada, y confiando en ir aprendiendo sobre la marcha, basados en la coincidencia de sus gustos por Yoko Ono, sus inclinaciones retro, sus aficiones cienciaficcionales de serie B y sus tendencias kitsch, enfatizadas en vestuarios y peinados.

Inesperadamente, debutaron con el clásico homónimo The B-52’s (1979), cual sueño bailable en tonos fosforescentes, vividos a través de cortes como Planet Claire, donde podrían crecer flores parlantes y por supuesto, las afamadas 52 Girls y, sobre todo, Rock Lobster, lanzándonos gozosamente de regreso a los años sesenta y que todavía sigue sonando en toda fiesta que se digne de ser recordada. Muy pronto nos volvieron a llevar de viaje con su peculiar combinación de voces casi en forma de alocada conversación en Wild Planet (1980), manteniendo el nivel de su efusiva obra predecesora con Private Idaho como corte pronto identificable.

Después del EP Party Mix! (1981), integrado por seis remixes que le metían buena vibra las conocidas canciones, y colaborar con David Byrne, presentaron Whammy! (1983) con fuerte tendencia new wave muy en consonancia con los tiempos que corrían, incluso explorando ciertos acentos postpunk, como se deja escuchar en Legal Tender. Vendría posteriormente la trágica muerte de Ricky Wilson a causa del SIDA en 1985 y el resto de los integrantes terminaron Bouncing Off the Satellites (1986), el disco que estaban grabando cuando sucedió la desgracia, acaso a manera de homenaje póstumo: desde luego, la pérdida sacudió a la banda.

Tras un periodo de duelo, se volvieron a reunir apoyados por una experimentada producción para entregar Cosmic Thing (1989), sonando fuerte y claro con Love Shack y Roam como sencillos que los volvían a poner en el radar de la efusividad acostumbrada, buscando los colores en los objetos no identificados; sin Cindy Wilson y en formato de trío, grabaron Good Stuff (1992), que pasó más o menos desapercibido y tras algunas grabaciones de sencillos, la propia Wilson volvió para producir dos temas nuevos que se integraron en el muy completo recopilatorio Time Capsule: Songs for a Future Generation (1998). Tras actividades diversas, se reunieron una década más tarde para generar el más electrónico Funplex (2008), último disco en estudio de este grupo que tanto nos ha puesto en movimiento retrocósmico. Están por despedirse de los escenarios.

Movimiento geek a colores

Colocados entre las vertientes guitarrera postgrunge y el artpop que levanta a la tribuna, pero con facha de empleados de algún gran corporativo de Silicon Valley, Weezer es un cuarteto liderado por Rivers Cuomo, un estudiante de arte que empezó a tocar en bandas de metal al mudarse a Los Ángeles desde Massachusetts, y que al conocer al bajista Matt Sharp y al baterista Patrick Wilson formó la banda a la cual se sumó el guitarrista Brian Bell, poco después de empezar a grabar su álbum debut, bajo las órdenes de Ric Ocasek, ni más ni menos; por si fuera poco, Spike Jonze les dirigió el video de Undone (The Sweater Song), pieza integrada en Weezer  [Blue Album] (1994), su imparable primer disco con Say It Ain’t So y Buddy Holly como canciones que le dieron la vuelta al mundo.

Mantuvieron el listón a tono con Pinkerton (1996), salpicado de punkpop y revalorado tiempo después, maltratado en su momento de salida. De pronto el silencio: otros proyectos, rumores de ruptura definitiva y bloqueos creativos, entre otras causas. Pero contra todo pronóstico, volvieron a presentarse en sociedad, salvo Sharp, suplido por Mikey Welsh (bajista de Juliana Hatfield), para entregar Weezer [Green Album] (2001), un bienvenido regreso otra vez de la mano de Ocasek que incluyó canciones como Hash Pipe e Island in the Sun, confirmando que se mantenían en forma para ponerle la suficiente cadencia a las cascadas de guitarras. En aquella época, Welsh enfermó y murió en el 2011; fue sustituido por Scott Shriner, quien se integró para grabar el roquero Maladroit (2002), su siguiente álbum de estudio, cual ejercicio de búsqueda.

Tras algunos otros lances en paralelo y proyectos alternos y alguna edición especial, la banda se reagrupó para entregar Make Believe (2005), mostrando cierto enmohecimiento a pesar de contar con la mano experta de Rick Rubin y algunas canciones de rápido disfrute como Beverly Hills; más cohesionado y participativo resultó Weezer [Red Album] (2008), pronto seguido de Raditude (2009), con todo y can saltando fuera de la foto, y de Hurley on Epitaph (2010), con el famoso y entrañable personaje de la serie Lost sonriendo en la portada: ambos discos, desde la independencia, buscaron volver a las bases del sonido del grupo.

Retornaron bajo las órdenes del recientemente fallecido exlíder de The Cars para, de manera más cuidada, tejer un estimable y equilibrado poprock desparramado en Everything Will Be Alright in the End (2014), brindando impulso creativo que alcanzó para Weezer [White Album] (2016), incluyendo agradecimientos directos (Thank God for Girls) y preguntas sin rodeos (Do You Want to Get High?). Pacific Daydream (2017) pareció un intento por buscar nuevos caminos que se quedó en eso: salvo algunas canciones, el conjunto se asienta en la normalidad que indica quizá apresuramiento. Y para no perder el ritmo, grabaron Weezer [Teal Album] (2019), integrado por versiones en tonalidades verde azulosas de canciones del gusto popular y Weezer [Black Album] (2019), en tesitura luminosa como curándose las heridas de tiempos oscuros donde todo parecía perdido.

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