Domingo. 15.12.2019
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Discos cincuentones 1969 [I]

Fernando Cuevas

 

Abbey Road de The Beatles
Abbey Road de The Beatles
Discos cincuentones 1969 [I]

Entramos en el mes final del año. Empezamos los recuentos acostumbrados con algunas de las obras musicales que se mantienen girando en tornamesas y memorias, cumpliendo la media década sin envejecer como uno cuando se ve frente al espejo.

La Trinidad

Por supuesto empezamos con el Abbey Road de The Beatles, con una de las portada más famosas de la historia y una bienvenida mayor participación de George Harrison en la composición (quien grabó Electric Sound ese mismo año), entregando la cumbre Something y anunciando la llegada del sol: mi favorito de ellos, llegando juntos y cuando la respuesta para siempre es "no lo sé": el último disco en el que más o menos funcionaron como banda. Let it Bleed puede ser el segundo mejor disco de The Rolling Stones. Invitados de lujo y canciones que van del honky-tonk a la balada blues anunciando el final de los 60's. Sexo y decepción: que por favor alguien parta el pastel pero solo para dejarlo sangrar. Purga absoluta que supura.

En tanto, Bob Dylan se metió a los terrenos del country con absoluto conocimiento de causa, faltaba más, a través de Nashville Skyline, su noveno álbum en el que se muestra extrañamente sonriente, haciendo caravana con sombrero porpio e invitando a otro ícono, Johnny Cash (al tiempo que presentaba su Johnny Cash at San Quentin), para juntos cantarle a esa chica del indefinido país del norte o a la dama que se resiste a quedarse por más que se le pida lo contrario, además de repasar melódica, temática e instrumentalmente las claves del género y entregar, por supuesto, una obra maestra.

Recién llegados

Irrumpiendo atronadoramente por partida doble, Led Zeppelin fue un cuarteto que encarnó de manera ejemplar la noción del rock como manifestación musical y actitudinal; formado en Londres por cuatro gamberros cada uno representando un arquetipo en su rol, entregó sus dos primeras obras, sin pensar mucho sus títulos, sentando algunas de las bases del rock duro, bañado por apuntes folk y blues: firmaron, para no complicarse, Led Zeppelin y Led Zeppelin II, combinando folk, hard rock, blues intenso y mucha convicción que los convirtió en referente ineludible para entender el significado de esta cultura a lo largo de los años.

El rock progresivo, en plena conformación, se cimbró y potenció con la llegada de King Crimson, ambiciosa agrupación comandada por Robert Fripp que presentó el clásico In the Court of the Crimson King, álbum con otra de esas portadas legendarias y que incorporaba elementos que se volverían esenciales del género: letras enclavadas en el análisis social y el folklore, según la tónica elegida; grandes pasajes instrumentales de corte clásico cargados de recovecos y una épica a prueba del tiempo, rindiendo homenaje al rey carmesí, siempre esperando que su trono entegara justicia musical.

Phallus Dei marcó el debut de los muniqueses Amon Düül II, enclavados en un naciente krautrock con escapes hacia la experimentación y el rock progresivo en sus tiempos primigenios: días de mostrar el poder a grito pelado. En similar vertiente con todo y el extendido y distintivo corte You Doo Right, Monster Movie representó el banderazo de salida para Can, grupo clave del rock abriendo las fronteras británico-estadounidenses y avant-garde durante los años setenta.

Folkies y extraviados

Desde luego, aquel año apareció con mayor fuerza -había grabado un disco un par de años antes- un extraño joven andrógino que después cambiaría la historia de la música popular: se puso de nombre artístico David Bowie y presentó, extraviado en el espacio exterior y confiando en las decisiones arriesgadas del Major Tom, el homónimo David Bowie (Space Oddity); además de la clásica, se incluye una canción poco conocida de él quizá demasiado orquestal, Wild Eyed Boy From Freecloud, anunciando lo que estaría por venir en términos de composición. Por lo que se ofreciera, los integrantes de The Youngbloods, grupo bostoniano de inclinaciones folk, buscaron la luz en plena oscuridad, ya como trío, con Elephant Mountain, barnizado de cierto barroquismo pop y paisajes desenfadados.

Scott Walker grabó un doblete aún en plan crooner: Scott 3, con diez cortes propios y tres de Brel, inspiración clave, y Scott 4, ya con puras originales lanzándose hacia la propuesta en absoluto personal. Ambos fueron un paso decisivo hacia la innovación y el avantpop, cual viaje al siglo XXX manifestado en sus posteriores producciones, esporádicas y poderosas. Neil Young & Crazy Horse infectó el country con un virus guitarrero y de sensibilidad adherida en el clásico Everybody Knows This Is Nowhere, para encontrarse justo en un lugar donde el árbol y el can acompañan la soledad, asomando un tono pastoral que se entromete entre las aguas del río.

Desde San Francisco con todos los colores revoloteando por las pupilas, los guitarreros y sicodélicos de Quicksilver Messenger Service, grabaron el épico-ácido Happy Trails, último álbum entregado por el cuarteto original. El álbum Basket of Light de la banda The Pentangle, liderada por los virtuosos guitarristas Jansch y Renbourn viaja sin problemas del folk inglés a las esencias arabescas, con infusiones deliciosas de jazz que se entrometen cuando nadie se lo espera. Al final del día, su escucha se vuelve un recipiente cómodo y extrañamente afectivo para encontrar la luz en tiempos de confusión psicodélica. Nick Drake, aún estudiante de Cambridge, debutó con Five Leaves Left entre sutiles orquestaciones y un folk barroco de orientación poética, capaz de trasladarnos a esos lugares extraños donde el amor y la pérdida se encuentran, acaso para buscar una imposible reconciliación.

El revulsivo Trout Mask Replica, tercer álbum de Captain Beefheart and his Magic Band continuó con la alterante apuesta por intervenir un folk blusero con sonidos disonantes de manera cautivante, por completo capturando el espíritu de la época, mientras que Moondog, conocido como el vikingo de la sexta avenida, compuso al filo de la banqueta el homónimo Moondog, avant-garde sensible, entre transeúntes y bocinazos, armonizando cuerdas y alientos con crecientes texturas. Y por no dejar, ahí está la experimentación entre irritante y revolucionaria, expansiva y arrogante de Unfinished Music No. 2: Life With the Lions y ya entrados en el romance total, Wedding Album de John Lennon & Yoko Ono, expresado el primero en cinco cortes entre el tono íntimo y la recitación sobre la maternidad al borde de la cama.

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