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Discos cincuentones 1969 [III]

Fernando Cuevas
A Rainbow in the Curved Air,Terry Riley
A Rainbow in the Curved Air,Terry Riley
Discos cincuentones 1969 [III]

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Además de las dos piezas que integran el eléctrico In A Silent Way en complicidad con Joe Zawinul, Miles Davies confeccionó Filles de Kilimanjaro, otro clásico que plantea la vieja idea de si la montaña no va a ti… y ejecutado por un quinteto de puro alumno aventajado, algunos de los cuales participaron también en el camino silencioso, vuelto dream team: Shorter, Hancock, Chick Corea (quien grabó Is), Carter, Holland y Williams, quien bajo el nombre de The Tony Williams Lifetime grabó, a su vez, el sicodélico y revoltoso Emergency!, cargado de fusión y pócima roquera en la que colaboraron John McLaughin (guitarra), quien confeccionó en tono relacional Extrapolation, y Young (órgano), instrumento que potenció Charles Earland en Black Talk!, quizá su mejor disco.

En su habitual viaje a mundos desconocidos y si acaso imaginarios, Sun Ra presentó el intensamente percusivo Atlantis, en tanto Quincy Jones integró equipo de lujo para acompañar el viaje, más en plan cómodo, con el precisamente producido y editado Walking in Space, como si se tratara de un buen viaje planeado al exterior de este mundo. Les McCann nos regaló el soulero Much Les, integrado por interpretaciones de alcance orquestal con toques latinos; un disco clave en vivo fue el virtuoso Live in Paris, en el que se advierte el gran talento interpretativo y de improvisación de The Art Ensemble of Chicago, en tanto Ornette Coleman anunciaba tiempos por venir en el atonal Crisis.

El venerable Terry Riley, de reciente presencia en nuestra ciudad, grabó el hipnótico A Rainbow in the Curved Air, invitándonos a conocer los orígenes de la mítica franja colorida justo donde el cielo da la vuelta hacia espacios inescrutables, justo donde John Surman firmó How Many Clouds Can You See?, mientras que George Russell se lanzó al vacío en Electronic Sonata for Souls Loved by Nature – 1968, combinando influencias de prácticamente todo el mundo conocido. Apostando por la parodia, Firesign Theatre secuenció diálogos, cortes circenses y secuencias radiales en How Can You Be in Two Places at Once When You're Not Anywhere at All, ironizando sobre la imposibilidad del desencuentro y el don de la ubicuidad.

En su tercer álbum como solista, Pharoah Sanders nos recordó el alcance espiritual del jazz con Karma, buscando las libertades creativas que otorgaba el avant-garde entrando en contacto con la síncopa. El saxofonista Warne Marsk meditó con su Ne Plus Ultra, álbum reposado de rítmica a media luz que nos permite darnos el espacio necesario para buscar el más allá, en tanto el clarinetista Prince Lasha encendía las armonías con Firebirds y el trompetista Charles Tolliver redondeaba sus secuencias con The Ringer, cobijadas por rítmicas explosivas. Por su parte, Silver Apples entregó Contact, como para perderlo en algún viaje astral de disfrutable recorrido.

En tonalidades soul, la dupla Les McCann / Eddie Harris (quien también entregó el The Electrifying Eddie Harris) produjo el caracolero Swiss Movement, con esencias funky y funcionando en equipo para suma de los cuidadosos arreglos, como los que propuso el saxofonista Illinois Jacquet con su The Blues; That's Me!, infectando las cadencias con líquidos provenientes del R&B y el jazz clásico. El gran intérprete de la armónica Charlie Musselwhite mostró que el blues también puede ser asunto de blanquitos en Tennessee Woman, ampliando fronteras geográficas aunque al fin colindantes, como las de Chicago en las que se enclava Johnny Shines, quien se aventuró con el sentido Johnny Shines with Big Walter Horton, todo un epítome del género que nos lleva al descenso de las emociones.

Claro que está también el connotado score de John Barry para el 007, titulado On Her Majesty's Secret Service, acompañando aventuras y coqueteos del susodicho en tonos incluso dulzones pero siempre bienvenidos, como los de Wendy Carlos y su The Well-Tempered Synthesizer, recreando a los clásicos sin pudor y con envidiable soltura. Bukka White sin miramientos sentenció su gran álbum como Legacy of Blues, como tratando de rebautizar enfoques largamente explorados pero siempre con respeto y Johnny Winter se destapó con The Progressive Blues Experiment y Second Winter, pasando lista como músico a seguir en la escena blusera.

Paul Desmond y su fino sax nos condujeron a Summertime, apacible disco de impecable factura que nos llevó a territorios de delicia auditiva y Andrew Hill, más en plano de dislocación, produjo Passing Ships, brindando el bono de salida hacia sonidos alternativos; el contrabajista Ron Carter, con su elegancia acostumbrada, nos invitó a platicar en corto con Uptown Conversation y Joe Henderson lanzó mensaje político sin tesituras en Power to the People. Gilberto Gil en el contexto de la bosa nova lanzó el homónimo Gilberto Gil, en tanto Gal Costa y todo el influjo de la tropicalia hacía lo propio con Gal Costa (Cinema Olympia), como Milton Nascimento con el ídem Milton Nascimento, consolidando la música del gigante de Sudamérica.

 

 

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