Lunes. 27.01.2020
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POESÍA

¿No te preguntas, a veces?

Tracy K. Smith (traducción de David Ruano)

¿No te preguntas, a veces?

 

 

1.

De noche, las estrellas brillan como el hielo, y la distancia que abarcan
esconde algo elemental. No a Dios, exactamente. Más bien a alguien
Delgado y brillante del tipo de Bowie —un Starman
o un as cósmico planeando, balanceándose, sufriendo  para hacernos ver.
¿Y qué haríamos, tú y yo, si pudiéramos saber con seguridad
Que alguien estaba ahí viendo de reojo a través del polvo,
diciendo que nada está perdido, que todo vive en la espera sólo
para ser querido de nuevo con la suficiente intensidad ? ¿Irías entonces,
incluso por unas cuantas noches, hacia esa otra vida donde tú
y el primer amor que ella tuvo estuvieran ciegos al futuro, y felices?
¿Debería ponerme mi abrigo y regresar a la cocina donde mi
madre y mi padre se sientan a esperar y calentar la cena en la estufa?
Bowie nunca morirá. Nada vendrá a él mientras duerme
ni correrá por sus venas. Y nunca se volverá viejo,
como la mujer que perdiste, que siempre tendrá el cabello oscuro
y estará ruborizada, corriendo alrededor de una pantalla
que marca los minutos, las millas por correr. Como la vida
en la que siempre soy una niña que mira por la ventana el cielo nocturno
pensando que un día tocaré el mundo con las manos desnudas
Incluso si éste quema…

2.

Él no deja rastro. Se desliza más allá, veloz como un gato. Eso es Bowie
para ti: el Papa del Pop, modesto como Cristo. Como una obra de teatro
dentro de una obra de teatro, él es una marca registrada dos veces. Las horas
caen como agua en una ventana con aire acondicionado. Lo transpiramos
enseñándonos a esperar. En silencio, con pereza, el colapso ocurre.
Pero no para Bowie. Él ladea su cabeza, sonríe con esa malvada sonrisa.
El tiempo nunca se detiene, ¿pero termina? ¿Y cuántas vidas
antes del despegue, antes de que nos busquemos a nosotros mismos
más allá de nosotros mismos, todo glamoroso-resplandeciente, todo brillante y dorado?
El futuro no es lo que solía ser. Incluso Bowie tiene sed
de algo bueno y frío. Los jets parpadean en el cielo
como almas migratorias.

3.

Bowie está entre nosotros. Justo aquí
en Nueva York. En una gorra de beisbol
y en unos costosos jeans. Sumergiéndose en
una tienda delicatessen. Exhibiendo todos esos dientes
al portero en su camino de regreso.
O está tomando un taxi en Lafayette
mientras el cielo se nubla en el crepúsculo.
Él no tiene ninguna prisa. No siente
de la forma en que piensas que siente.
No presume ni alardea. Hace bromas.
He vivido aquí todos estos años
y nunca lo he visto. Es como no distinguir
un cometa de una estrella fugaz.
Pero apuesto que arde brillante,
arrastrando una cola de ardiente materia blanca,
igual que cuando uno de nosotros deja un rastro de papel higiénico
cuando regresa del sanitario. Él obtiene
el mundo entero bajo su pie,
y somos pequeños a su lado,
aunque haya ocasiones
en las que un hombre de su tamaño puede cruzar su mirada
contigo justo por un breve momento  
y mandar un pensamiento como BRILLA
BRILLA BRILLA BRILLA BRILLA
Directo a tu mente. Bowie,
quiero creerte. Quiero sentir
tu voluntad como el viento antes de la lluvia.
Del tipo en que cualquiera simplemente obedece,
arrasado por ese baile hipnótico
como si algo con el poder para hacerlo
hubiera mirado en su dirección y dicho:

                                                                          Sigue adelante.




***
Tracy K. Smith. Poeta y traductora estadounidense. Este poema aparece en el libro por el que ganó el Premio Pulitzer de poesía en 2012, Life on Mars (Graywolf Press).

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