Lunes. 24.02.2020
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RESEÑA

Spoilearama/ Don´t f*ck with cats: Asesinos suecados

Óscar Luviano
Tachas 347
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Spoilearama/ Don´t f*ck with cats: Asesinos suecados

Be kind rewind (Michae Gondry, 2008) fue una cinta que sacó a la superficie un fenómeno que en aquel entonces cundía por la ingente Internet: los empleados de un local de renta de vídeos, ante el desastroso borrado de todas sus cintas, se veían obligados a filmar versiones de cada una de las películas desaparecidas para seguir en el negocio. El resultado  tenía más encanto que muchas de las cintas originales.

Este proceso (de hacer versiones caseras de cintas legendarias) se bautizó como “suecar”, y tiene tal arraigo que existen versiones de hule espuma de, por ejemplo, Star Wars (Episodio IV) suecada toma por toma por sus fans.

Ignoro de dónde proviene el término (los personajes de Gondry aseguran que sus cintas falsas eran importadas de Suecia para elevar el costo del alquiler), pero esa es la palabra que se me ocurrió para describir la docuserie de Netflix Don´t f*ck with cats: Hunting an Internet killer (Mark Lewis, 2019), estrenada en diciembre pasado en la plataforma de streaming.

Esto no quiere decir que la factura de Don´t f*ck with cats tenga algo reprochable. Todo lo opuesto, a pesar de que su punto de partida podría mover a la ridiculización: un grupo de usuarios de Facebook se lanxa tras la pista de una persona que sube vídeos en los que mata a gatitos. Mark Lewis es respetuoso y empático con sus entrevistados, y usa sus testimonios como la voz principal para enhebrar un relato realmente apasionante sobre a persecución del asesino de gatos, a tal punto de que la policía de tres países queda como amateurs al lado de la capacidad investigadora de estos amantes de los felinos.

Dividida en tres episodios, Don´t f*ck with the cats se centra en los testimonios de Deanna Thomson, analista de datos de un casino en Las Vegas, y John Green, un programador de Los Ángeles, ambos miembros de uno de esos grupos de Facebook que abundan sin otro objeto que subir vídeos y fotos y compartir todo tipo de adoración hacia los felinos. Un buen día de 2010 alguien sube a ese grupo un video en el que sofoca a dos gatitos con una aspiradora, y como era de esperarse, Deanna, John y sus amigos crean otro grupo para analizar toda la evidencia resultante del vídeo (analizan hasta los enchufes de la habitación del vídeo y las voces en ruso que se escuchan como fondo) y encontrar y castigar al responsable.

La justificación de esta cacería (que se extiende hasta Rusia y Canadá, y va a terminar en Alemania) da título a la serie, y es lo primero que Deanna dice a cámara: “Hay una regla cero en Internet: No te metas con los gatos”.

Y yo no puedo estar más de acuerdo.

Pronto se releva la identidad del asesino: Luka Magnotta, un modelo dedicado a la prostitución que, según Google, ha salido con Madonna y que se vio obligado a desmentir que estaba relacionado sentimentalmente con una connotada asesina de niños canadienses…

Conocer la identidad del asesino le sirve de poco a detectives virtuales: descubren su paradero, pero solo para encontrar que dejó su departamento tres meses antes, y ser testigos de dos nuevos videos del asesinato de otros gatos más, cada vez más crueles. Y recibir uno extra: un recorrido del casino en donde Deanna trabaja.

Tras esta amenaza, la búsqueda se detiene (Deanna abandona, y parece ser la que aglutinaba los esfuerzos del comandio), pero se reactiva cuando el mantra que John repetía cada vez que denunciaba los vídeos a las autoridades (“Los asesinos seriales comienzan por matar animales…”) se hace realidad al final del primer episodio, con un nuevo y aterrador vídeo.

Es aquí donde esta serie documental se convierte en dos productos que conviven dentro del mismo objeto.

Por un lado, tenemos lo que Netflix promete, y el último episodio se centra en la persecución del aspirante a modelo devenido en asesino. Hay una última intervención de Deanna en la que reflexiona si acaso el proceder de su grupo de improvisados detectives instigó a Magnotta  a subir el listón pasando de los gatos al homicidios, y rompe la cuarta pared mirando a cámara y acusando al espectador de nutrir la fama del asesino al ver a serie.

Pero Don´t f*ck with the cats también se revela como un suecado, al que Luka Magnotta nos somete.

No se puede pasar por alto que todas las pistas descubiertas por los vengadores de los gatos fueron dejadas ahí por el criminal, y que siempre les fue un paso adelante. Entre estos rastros se encuentran aquellos que condujeron al linchamiento virtual de un jugador de gotcha ruso, quien se había adjudicado la muerte de los gatos y que termina por suicidarse ante la presión. A pesar de que el documental se lo sacude, merece figurar entre las víctimas, como parte de la sádica representación diseñada meticulosamente por Magnotta.

El problema con los rompecabezas es que quien los resuelve solo revela la figura que su creador deseaba mostrar. En los últimos minutos de esta docuserie se responde a la pregunta sobre las motivaciones de Magnotta: suecar su película favorita con un desarmador pintado como si fuera un picahielo, y que el vídeo resultante se repitiera de dispositivo en dispositivo; millones de reproducciones que le han dado la fama que el modelaje y los gatitos no le brindaron.

Hace algunas semanas, en Torreón, un niño de once años asesinó, en el patio de su escuela, a un compañero y a la maestra que intentó detenerlo. Se suicidó antes de ser detenido. En las fotos de su cuerpo, difundidas por una prensa hambrienta de clickbait, se hacía hincapié en que llevaba tirantes, botas militares y una camisa que hacía referencia a un videojuego. El pequeño tirador, a falta de la camisa del juego original, dibujo el logo a mano sobre el pecho de la camisa, y de ese modo consiguió suecar la vestimenta de uno de los dos adolescentes que perpetraron la masacre de Columbine en 1999.

Las autoridades se apresuraron a culpar al videojuego, dejando de lado el vacío vital que nos empuja con mayor fuerza a las redes, a la gratificación y de los Me Gusta y del hate, a esa fama instantánea del suecado de la crueldad.

Don´t fuck with cats: Hunting an Internet Killer (Estados Unidos, 2020)

Dirigida por Mark Lewis, con testimonios de Deanna Thompson y John Green, entre otros.

Primera temporada de 3 episodios disponible en Netflix



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Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.

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