Es lo Cotidiano

POESÍA

Reptiles

Claudia Masin

Tachas 353
Tachas 353


Si el daño que hice pudiera ser desecho, no tendría sentido
Escribir. Todo ese intento se sostiene en la esperanza
de reparar el dolor provocado por ignorancia, estupidez
o crueldad. No hay manera de desaprender
el sufrimiento padecido del que se infligió a otros,
como no hay manera de suponer que quien lastima no tiene
heridas semejantes a las nuestras. Fuimos reptiles una vez,
grandes lagartos antediluvianos, tirados en el agua cálida
y sucia de las ciénagas, y conocimos entonces las formas
de emboscar la presa: como si no estuviéramos ahí
o fuéramos parte del paisaje,
mimetizados con la vegetación ocre y verde de la selva,
casi dormidos, en un letargo semimineral
pero listos para abalanzarnos —el cuerpo tosco
y sorprendentemente elástico— sobre el animal que pisara,
inocente, nuestra tierra. A pleno sol
caíamos sobre él, era un único latigazo la muerte
que descargábamos en su lomo, un choque eléctrico
que lo dejaba inerme. Yo he sentido
tantas veces esa violencia dentro, el viejo lagarto
dispuesto a matar por la supervivencia.
El acto de causar dolor es tan irreversible
como la desaparición de un planeta:
algo que estaba ahí, intacto,
desprendiendo su luz, deja de iluminarnos
para siempre. No hay alegría en la sombra
que lo eclipsa, apenas el cumplimiento de una tarea
asignada por fuerzas desconocidas y asombrosamente
intensas. Pero quizás es posible, me digo,
escribir una historia en la que el daño se revierta,
y el tiempo quede detenido justo antes del momento
en que el dolor saltó desde tu mano o la mía
hacia el universo y ahí permaneció,
transformado en una irradiación que va a tocar a todos
y va a volver con más potencia aún
al punto de partida. Si así fuera, esa historia sería,
en sí misma, la cicatriz en el cuerpo propio
del dolor ajeno, la sutura que cierre una herida
cuyo único impulso es continuar expandiéndose
hasta infectar el organismo entero,
como la estampida de una plaga
que sólo se detiene cuando ya no queda
ni una cosa vida que le sirva de alimento.



 

Claudia Masin. Escritora y psicoanalista argentina. Ha publicado los libros de poemas: Bizarría (1997, Nusud, Buenos Aires) Geología (Seleccionado para su edición por el Plan de Promoción a la Edición de Literatura Argentina de la Secretaría de Cultura del Gobierno Argentino; 2001, Nusud Buenos Aires), La vista (Premio Casa de América de Poesía Americana 2002, Visor, Madrid) y La soledad (inédito). Este poema aparece en De la materia sensible (Literatura UNAM, 2019).


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