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ESTA CANCIÓN PODRÍA SER TU VIDA [NOVELA POR ENTREGAS, XI]

Smells like teen spirit (Nirvana, 1991)

José Luis Justes Amador

Kurt Cobain
Kurt Cobain
Smells like teen spirit (Nirvana, 1991)

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Era el lugar en el que había que terminar la noche. No uno de los lugares, sino El lugar. El único sitio que todavía no cerraba cuando los lugares decentes, panaderías, quioscos de prensa, floristerías, supermercados,  ya llevaban horas abiertos. Tal vez fuera verdad la leyenda de que abría el viernes a las nueve de la noche y cerraba el lunes a la una de la tarde. Nunca pude saberlo. Pero los sábados, todos los sábados, estaba repleto. Y, como es habitual en ese tipo de sitios, con la fauna más variopinta que uno pueda imaginarse porque no había ningún otro sitio en el que refugiarse.

Lo mejor que tenía (la música solía ser floja tirando a mala) eran los baños de hombres. Supongo que los de mujeres también tendrían algo de sorprendente pero, a diferencia de los más valientes o aficionados a las sustancias ilegales, nunca los conocí. Lo maravilloso es que estaban en la planta alta. Muy alta. Y que en lugar de mingitorios había una enorme pared con una cascada ligera pero constante de agua en la que alguna vez, puedo jurarlo, vi a alguien mojarse el pelo para arreglárselo a continuación. Pero, y en eso estaba su excepcionalidad, la pared era un enorme cristal transparente del lado de los que estábamos cumpliendo con nuestras necesidades más primarias y con espejo al otro lado; es decir, quien meaba podía ver a los bailarines allá abajo en la pista sin que ellos pudieran verlo a uno. Era como mearle a tu peor enemigo sin que él lo supiera. Desde ahí he visto a gente gritar, mientras dirigía su chorro hacia un lugar imaginario más allá de la pared, cosas que ahora no puedo repetir.

Las sesiones musicales que valían la pena comenzaban siempre tarde, muy tarde. Muy tarde quiere decir a mediodía del sábado o del domingo. ¿Quién querría estar en un lugar lleno de humo, apestando a sudor y en una penumbra en la que no podías distinguir ni siquiera el color de lo que estabas bebiendo? La respuesta es sencilla: todos.

Si las mejores sesiones, como he dicho, comenzaban a mediodía, no era por un capricho de los dueños sino por una simple cuestión de logística. Mientras que las noches eran de música electrónica que no se podía escuchar en ningún otro sitio (juro que allí llegó a sonar a altas horas de la madrugada Einstürzende Neubauten o Atari Teenage Riot), sobre todo para que la gente bailara y se cansara y sudara y consumiera más de lo que en entornos menos físicos consumiría, los mediodías y las tardes eran de Pablito.

Pablo, Pablito el mod, como todo el mundo lo conocía, sin apellidos, era lo más parecido a una tertulia musical. A la hora del café con el sitio repleto sus pinchadas eran clases magistrales. Se empeñaba en dar nombres y fechas y productores y casa de discos. Así, entre canción y canción. O a mitad de ella, bajando un poco el volumen del giradiscos y subiendo el del micro. Con razón nunca pinchaba en las noches.

Yo estaba meando al lado de alguien que no conocía. Viendo cómo las hijas de las mejores familias de la ciudad fingían su noctambulismo después de haber desayunado en casa y comentar que iban a salir a tomar algo de aperitivo con sus amigas. Lo peor y lo mejor de cada casa estaba aquella tarde. Debían ser como las dos.

“Y este es el nuevo single de Nirvana. Recién salido del horno”.

No lo conocía de nada, salvo del ruido paralelo al mío, pero se volvió, sólo de torso gracias a dios, y comentó con asco.

“Grupo de mierda. Los Meat Puppets sí son buenos. Basurilla punk mal hecha”. Me asombró, vistas las venas de sus ojos, su siguiente comentario. “Drogadictos”. Lo dijo con asco.

Algo cambió aquel día. Vistos de lo alto todos eran juventud. Olía juventud. A colonia cara y noches de juerga. A ropa limpia y aliento de tabaco barato.

Pablito saltó desde la barra.

Nadie practicaba stage diving en aquel sitio.

Se rompió una pierna.

El final de la juventud, a pesar de la canción y de la luz y del olor, estaba comenzando.

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