lunes. 03.10.2022
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ARDE ALEJANDRÍA

Los viernes en Enrico’s, de Don Carpenter (terminada por Jonathan Lethem)

Joserra Ortiz

Los viernes en Enrico's, portada
Los viernes en Enrico's, portada
Los viernes en Enrico’s, de Don Carpenter (terminada por Jonathan Lethem)

Sé de algunos a quienes su silencio ha agrandado, no moralmente, como cabría suponerlo, sino literariamente. Esto es justo: el deber del literato consiste, no solamente en escribir, sino también en saber callarse cuando es necesario.
Jean Paul Sartre, La nacionalización de la literatura

Una de las historias más ambiciosas que puede intentar un escritor es, precisamente, la del narrar la vida y vicisitudes de querer ser escritor. No me refiero a las novelas o relatos que tratan sobre el acto de escribir y las dificultades que esto conlleva. Hablo más bien de aquellos textos que, generalmente desde una distorsión autobiográfica, quieren abarcar el mundo completo de quien decide dedicarse a la literatura como profesión. En los Estados Unidos este fue un tema particularmente importante en el desarrollo de su novelística más disruptiva durante el siglo XX, hasta el posmodernismo. Generalmente es bien reconocida On the Road (1957), de Jack Kerouac, como la novela epítome de este que, sin displicencia, podría calificarse del “subgénero de la aventura del joven escritor”. Le antecede, entre otros varios ejemplos, el más obvio: Ask the Dust (1939), de John Fante y todo lo que después sucedería a su alter ego, Arturo Bandini. Sin duda, este atrevimiento creativo, además de las coincidencias coetáneas y sincrónicas, darían pie al surgimiento del New Journalism que, para muchos, es todavía la única forma de hacer periodismo.

Pienso que más allá de la innegable calidad literaria, lo que hizo la generación Beat y continuaron los más jóvenes autores del “Verano del amor”, fue valorar la subjetividad propia del hecho literario, desde una postura historicista (por más inmediata que fuera), como la que los franceses llaman roman à clef, que podría traducirse como “novela de llave, o de clave”, que consiste en esconder a los personajes y eventos reales bajo una alegoría muy sencilla de descifrar. Hoy es más común llamar a la novela que ficcionaliza la realidad inmediata y biográfica de un autor como “autoficción” (incluso he leído el término “autobiograficción”), y es una forma literaria que prefiero especialmente, porque complica la idea ya antigua e ilustrada de que la literatura, por subjetiva, miente, mientras que la historia, por objetiva, es verdadera. Como si la historia no fuera un relato y no proviniera, entonces desde un punto de vista particular, con su respectivo archivo y horizonte de expectativas.

Claro, bien distinguió Paul Ricoeur que una novela es una novela, y un libro de historia es un libro de historia; que en la primera el lector entra en el famoso pacto ficcional en que sabe que va a disfrutar de su ocio. Por otro lado, abunda, quien lee un libro de historia busca un mundo verdadero, honesto y verídico. Sin embargo, aquí encuentro la deliciosa perversidad de Los viernes en Enrico’s, la novela que Don Carpenter dejó inconclusa antes de suicidarse, en 1995, y que menos de una década después le sería confiada a Jonathan Lethem para organizarla y terminarla. La hermosa perfidia de contar una época y una forma de vida tal cual la imaginamos, tal cual nos la han contado (las de los bohemios que buscaban en la California de segunda mitad del siglo XX una manera de triunfar), pero desde la mentira, la deshonestidad del artista que desarma la famosa mímesis aristótelica, pero sin dejar de ser verídico. Verídico no solamente con su tiempo total, el que muchos escritores quieren lograr, sino verídico consigo mismo y con su estilo, que, como él mismo hace mofa en la novela, siempre estuvo a la sombra del de Kerouak, y que, sin embargo, parafraseando a Lethem en el posfacio: La voz de Carpenter era propia y tenía su lugar, sus estructuras narrativas eran sólidas; fue un autor de buenos finales y, sobre todo, con propósitos arteros (artísticos, intelectuales, ideológicos), inamovibles. Todo esto, en conjunto, hace mucho que no lo encuentro en un escritor contemporáneo.

Los viernes en Enrico’s, cuenta, sí, las dificultades del joven escritor y las malas decisiones que se toman al escribir, algunas de las cuales siempre lo arrastran en direcciones ajenas a las que supone su profesión. Es una novela nostálgica sobre la época en que muchos de nosotros, no importa a qué nos dediquemos, comenzamos a construir nuestros sueños y a pensar seriamente en el impacto que podíamos tener como sujetos contraculturales. El momento en la vida en que visitábamos los cafés y los bares con intenciones intelectuales (y, por cierto, lo más curioso es que el Enrico’s del título aparece muy poco y solo hasta el final). En ese sentido, aunque la novela está perfectamente situada en la década de los sesenta, se vuelve completamente universal, porque los miedos, las envidias, las frustraciones y los sentimientos son los mismos para cada generación que ha vivido desde que existe la idea que hoy concebimos como “juventud”, y eso no fue hace mucho. La vida de estos cuatro amigos (Charlie, Jamie, Dick y Stan), son trabajadas en la escritura de Carpenter como verdaderos exámenes de las ambiciones humanas y los sacrificios que debemos de tomar cuando se anhela el reconocimiento, el capital simbólico que diría Pierre Bourdieu y se entiende como más valioso que cualquier otra riqueza. Me parece también que leer esta novela sería hoy mismo un muy valioso examen de conciencia sobre esto de la literatura: ¿Es justo que una mujer deje de lado su talento para no opacar a su marido y dedicarse mejor al hogar? Ese es el caso de Jamie. ¿Es verdadero arte dedicarse a escribir novelas criminales de pasquín con tal de vender mucho y lograr contratos cinematográficos? Esa es la situación de Stan, sin duda mi personaje favorito por cierta perversión que tiene cuando entra a las casas a robar.

Don Carpenter es un autor de los que ahora la crítica llama “raros”, y que antes solo calificábamos de olvidados. Solo he leído dos de sus novelas, y entiendo que a pesar de su talento nunca tuvo el éxito esperado, pero que él tampoco lo buscaba. Calló públicamente muchos años, y justo cuando estaba escribiendo su obra maestra, decidió guardar silencio para siempre, quitándose la vida de un pistoletazo. Pero así comenzaba esta reseña, citando a Sartre, recordándonos que el valor del escritor es escribir, por supuesto, pero también saber cuándo callarse.

Notas para valorar la parcialidad de esta reseña: Por supuesto que no conozco personalmente a ninguno de los autores, brincos diera, mucho menos a Carpenter —que lleva quince años muerto-, pero su novela A Couple of Comedians (1979) me impactó fuertemente en mis años de posgrado y es una de las razones por las que me gusta escribir sobre Hollywood. Por su parte, Jonathan Lethem es uno de mis autores más admirados y considero que dos de sus mejores novelas me han salvado la vida: The Fortress of Solitude (2003), y You Don’t Love Me Yet (2007).

(Carpenter, Don y Jonathan Lethem. Los viernes en Enrico’s. Trad. Javier Guerrero. México: Editorial Sexto Piso, 2015. Impreso).




 

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Joserra Ortiz (SLP, 1981), es Doctor y Maestro en Estudios Hispánicos por Brown University, y ha sido invitado como investigador, profesor o tallerista por el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, Boston University, Rhode Island College, Göteborgs Universitet, la Universidad Autónoma de Aguascalientes, el Centro de las Artes de San Luis Potosí, entre otras instituciones. Actualmente es Profesor-Investigador de tiempo completo y Jefe del Proyecto Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de San Luis Potosí. Ha publicado el libro de cuentos Los días con Mona (FETA) y la novela breve La conquista del Monte de Venus (Abismos), además de coordinar la antología El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (FETA); igualmente aparece en una docena de antologías nacionales e internacionales. En colaboración con Julio Ortega publicó la antología Nuevo Cuento Latinoamericano (Marenostrum), y en 2002 fundó y dirigió hasta 2017 las Jornadas de detectives y astronautas para la Feria Internacional del Libro de Monterrey, primer encuentro nacional de escritores no canónicos en México. Por lo pronto, este 2020 aparecerán sus libros El Ultimate WarriorA la realidad le gustan los breves anacronismos (Cuentos completos sin los que sobraron)Narrativa criminal en México: Tres modelos de lecturaNo llores frente a los mexicanos, y el chapbook Primero de abril. Dirige el Laboratorio creativo para cuentistas de su ciudad natal, del que recientemente surgió la editorial Eme.

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