sábado. 11.07.2020
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Luis Eduardo Aute: sin su latido

Maricarmen Fernández Chapou

Luis Eduardo Aute
Luis Eduardo Aute
Luis Eduardo Aute: sin su latido

[Fallecido el pasado 4 de abril, Luis Eduardo Aute tenía 76 años de edad. Español de corazón, este señero cantautor nació, sin embargo, en Filipinas en 1943. En su memoria, la doctora Maricarmen Fernández Chapou, directora de la carrera de Comunicación y de Periodismo del Tec de Monterrey, campus Santa Fe, quien lo entrevistara varias veces en Madrid mientras hacía su doctorado, recuerda al cantante y compositor con sus propias letras y mediante un resumen de las pláticas que sostuviera con el también cineasta.

I. La vida misma

Quizá nunca antes, en el medio siglo que duró la carrera del cantautor español Luis Eduardo Aute (1943-2020), habían tenido tanto sentido sus viejas letras: “Voy buscando libertad y no quieren oír. Es una necesidad para poder vivir”, rimaba, con melodía a-go-gó, “Rosas en el mar”, una de sus primeras canciones, popularizada por la cantante Massiel en los años sesenta.

Icono de la canción de protesta postfranquista, Aute partió, el pasado 4 de abril, de este mundo a Albanta, ese lugar metafórico sin tiempo que imaginara su hijo y que lo inspirara para escribirle una hermosa canción: “Yo sé que ahí, donde tú dices… es eterna la infancia y el fin no es el fin porque no acaba lo que no empezó”.

A Aute no se le acababan las letras, ni los motivos. Entre sus numerosas canciones no falta la lamentación por las “hambrunas, pestes y guerras”. “Atenas en llamas” es una crónica-poema-oda “a la intemperie de la decadencia”, “en contra de un Occidente, narciso insolente”. “Perro calandalús”, un homenaje a Calanda, ahí, donde se viera nacer a Luis Buñuel… Los cantos al amor, el desamor, la felicidad, la soledad, la vida misma.

En toda la obra de Luis Eduardo Aute, sin olvidar aquellos discos que fueron underground y que así permanecieron antes de que su producción se popularizara (al grado de escuchar en la radio hasta el cansancio “Sin tu latido” muchos años después de “Rosas en el mar”), no falta nada: escribió indignado por las dictaduras, por el capitalismo, por el odio, la avaricia, el oportunismo, la resignación, la frivolidad, la hipocresía… “Siempre vivimos en un ay, ay, ay constante”.

Creyente como era de su propia religión: lo sublime, siempre fue un viejo joven romántico, aunque nunca cursi. “Quiéreme antes del último beso. Quiéreme, haz que se incinere el mar”. O bien: “No es que el silencio haya tomado la palabra, ni que los años pasen sin pedir perdón, lo que sucede es que ya no sucede nada, no sucede nada, nada, nada, nada, entre tú y yo”, decía, haciendo del desencuentro también un motivo amoroso.

Y es que en estos tiempos de la nada, del olvido, de la muerte y la resignación, Aute parecía ser él mismo la rosa difícil de encontrar en el mar. Era muy reconfortante comprobar que aún “alguien soñaba por ahí”, y seguía cantando a pesar de los “fuegos ahogados por las matemáticas del espejo… y otros templos de mundos, demonios y carnes”.

El español parecía surgir del mar, y ahí prometió volver: “Ahora que la noche de hielo se siente tan próxima, me apresura la inaplazable sed de volver al agua, al origen mismo de la vida”.

Siempre crítico, militante, romántico, divertido, leal a sus ideales, incólume a los tiempos difíciles, rebelde como un “giraluna” que, decía, “cuando el sol se oculta y todos los girasoles se echan a dormir, es el único que queda en pie, con la cabeza erguida hacia el cielo, esperando ver la cara oculta de la luna”; Aute partió a Albanta: “Yo sé que allí, allí donde tú dices, no existen hombres que mandan, porque no existen fantasmas y amar es la flor más perfecta que crece en tu jardín, en Albanta”.

II. Aute-homenaje

A pesar de que se consagró como cantautor, su verdadera vocación era la pintura y su pasión, el cine. Artista polifacético, confeccionó a mano, con más de 4,000 dibujos a lápiz, su película Un perro llamado Dolor, un largometraje animado en donde Aute le hace un homenaje al cine mudo. La película, de estética clásica, está dividida en siete sketches en blanco y negro musicalizados por el propio creador; y retrata algunos aspectos de la vida de personajes como Francisco de Goya, Pablo Picasso, Diego Velázquez, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Frida Kahlo y Diego Rivera. La obra le llevó al poeta cinco años de dedicación y fue su trabajo más ambicioso como cineasta.

A continuación, el propio Luis Eduardo Aute habla, en una conversación sostenida conmigo en Madrid en 2003, sobre las diversas aristas de su creación…

III. la pintura y el cine

Soy primero pintor y luego músico. Yo no pensaba escribir canciones. Me pasaba las tardes encerrado en mi estudio pintando. Si bien de vez en cuando me gustaba tocar la guitarra y escribir poemas, empecé a pintar desde niño. Hice mi primera exposición a los 16 años en Madrid, y he hecho muchas otras desde entonces. También quería hacer películas. Empecé haciendo cortos, pero luego la música y la poesía se cruzaron en mi vida. Eran los sesenta y me puse a escribir canciones. Ahora tengo 25 discos, pero de todos modos continúo pintando. En 1996 Un perro llamado Dolor me mordió, y me soltó hasta hace muy poco.

Entre mis pintores favoritos está Luis Buñuel, Godard y Renoir, y entre mis directores de cine Diego Velázquez y Bacon. Para mí, una película de Buñuel es tanto o más provocativa plásticamente que una pintura. Velázquez me parece que se adelantó al cine, inventó la profundidad de campo, el clímax de la narración, el guion, la fotografía, la impresión. También me encanta Picasso, es un gran pintor, probablemente uno de los más grandes. Sin embargo, no lo veo como a un artista. Cuando digo esto me refiero a que el artista es alguien capaz de crear magia. Picasso es un gran pintor, pero se encuentra muy alejado de la magia. Goya fue el culpable de la realización de Un perro llamado Dolor. Era su aniversario, en 1996, y una galería de Madrid quería realizar una exposición colectiva de artistas que tuvieran a Goya como referente. Me llamaron y empecé a realizar esbozos. No salió ningún cuadro, pero me di cuenta de que aquellos dibujos podrían tener una secuencia narrativa. Me interesé por la historia, así que hice más dibujos. Cuando me encontraba trabajando con Goya aparecieron Dalí, Gala, Buñuel y Lorca. Entonces utilicé la estructura del artista y su modelo para contar lo que quería. El nombre de mi película se debe a la mascota de Frida Kahlo. Le encantaban los perros y a uno de ellos lo llamó Dolor.

IV. la poesía y la locura

Pienso que el artista es más que nada un paranoico, un enfermo mental que intenta solventar su problema haciendo cosas, creando y fabricando instrumentos para comunicarse con los demás. Me sitúo más entre los locos que entre los artistas.

La poesía es la dimensión mágica de las cosas. También un cuadro puede ser poético o una película o una fotografía. Porque la poesía es esa mirada especial a través de la que cualquier artista puede lograr que veas lo mismo que has visto siempre pero de otra manera, que uses el otro lado del espejo. La poesía es lo que nos hace distintos a las bestias.

Creo que el artista es un personaje que utiliza determinados instrumentos para autocurarse, y para no ir al psiquiatra. Por ello reivindico la creación artística, el hecho de manipular, crear cosas con colores, formas, sonidos, para resolver problemas o conflictos internos complicados. Creo que si el arte tiene algún sentido es como terapia contra la locura.

V. el erotismo y la inconformidad

A mí me gusta pintar cuerpos, siempre un hombre y una mujer, en posiciones que parecen de combate, pero que finalmente son de contacto carnal. En el fondo el sexo no es más que una batalla que, en lugar de buscar el dolor, busca el placer. Se puede hacer el amor de una forma burda, grosera y brutal, o se puede hacer el amor de una manera poética, también brutal pero poética. La gran pintura erótica es la pintura religiosa, entendiendo el erotismo como una dimensión bellísima del ser humano.

En el universo autiano, el erotismo ocupa un papel primordial. Comencé a crear en los setenta, una época en la que todo mundo tenía una conciencia general de que había que cambiar las cosas. En España se vivía bajo una dictadura e intentábamos decir que no estábamos de acuerdo con ese sistema y que había que combatirlo de alguna manera.

No me siento demasiado distinto de aquél que comenzó en los años setenta. Sigo siendo tan ingenuo y tan estúpido, y todavía guardo una cierta confianza y fe en el ser humano. Pero va ocurriendo que, según pasa el tiempo, al mirarte en el espejo observas el deterioro físico que se opera sobre tu pellejo. Y la integridad del coco, ésa sí que va mucho peor. Yo siempre pensaba, cuando era más joven, que según me fuera haciendo viejo sería más inteligente, más lúcido y más sabio, y debo decir que no me ocurre eso sino todo lo contrario. Me siento cada vez más confuso, con los referentes más dislocados: se lo consulté a un psicoanalista y él dijo que tengo razón.

VI. Albanta

Mi hijo era muy pequeño cuando tuvo un sueño. Cuando me lo contó me dijo que había visitado Albanta, entonces yo imaginé un lugar perfecto para la utopía.

Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
vuelan las alas del agua
como palomas de escarcha
y el mar no es azul
sino vuelo de tu imaginación
en Albanta.
Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
las nubes callan palabras
y el cielo no dice nada
y el sol es un sol
transparente como tu corazón
en Albanta.
Que aquí, tú ya lo ves,
es Albanta al revés.
Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
las ciencias no son exactas
porque es eterna la infancia
y el fin no es el fin
porque no acaba lo que no empezó
en Albanta.
Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
no existen hombres que mandan,
porque no existen fantasmas
y amar es la flor
más perfecta que crece en tu jardín
en Albanta.



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