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ENSAYO

La subterránea musicalidad de Guanajuato

César Zamora

Tachas 365
Tachas 365
La subterránea musicalidad de Guanajuato

Ser insensible a la música es una forma especialmente inconfensable de barbarie.
Pierre Bourdieu

Si bien existe un sinnúmero de canales comunicacionales que abarata y agiliza el acceso a vastos catálogos musicales y por añadidura hace de la música el arte de masas por excelencia, las sonoridades subterráneas o marginales que subyacen desde hace cinco décadas bajo las espesas capas históricas de Guanajuato Capital, Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad y cuna de una de las universidades más antiguas de México y del Festival Internacional Cervantino —sendos ejemplos del multiculturalismo—, no han sido catalogadas en una compilación diseñada a partir de criterios aportados por personas expertas en el estudio de la identidad guanajuatense y, particularmente, de las tendencias sociomusicales y del nuevo orden tecnocultural, en el que «la multitud de medios de comunicación, canales de información y bases de datos ahora disponibles facilita la heterogeneidad y pluriculturalidad de las sociedades modernas y en proceso de modernización» […].[1]

Más allá de la música erudita o de concierto que propala la Universidad de Guanajuato por conducto de su Orquesta Sinfónica, de la participación del ensamble local Los Tiempos Pasados en el ya citado Festival Internacional Cervantino y del repertorio de las agrupaciones de aire español conocidas como estudiantinas,[2][3] el registro y la descripción de otras tendencias, escenas y agrupaciones musicales de esta ciudad histórica —que alcanzó su máximo esplendor urbanístico en el siglo XVIII— se han ido diluyendo por los efectos de la tecnología en los modos de producción, distribución y consumo cultural y por el culto al concepto elitista —y excluyente— de cultura. El escritor Juan José Arreola, sugiere «apartar de nuestra mente la idea de ciertos refinamientos del gusto y de la abstracción, (porque) la verdadera cultura es concepción del mundo […]».2

Sobre Guanajuato, comparte Salvador Ponce de León, «podríamos asegurar que en su estilo no existe otra ciudad igual en el mundo, ni aún en España, donde existen algunas con las cuales ha sido comparada. Hoy en día, la belleza de Guanajuato es mayor con las mejoras artísticas y materiales, en general, que se han llevado a cabo […]».3 A tenor de tal consideración, Guanajuato, donde cada octubre accedemos a un variado abanico de expresiones musicales con motivo de la dedicación al teatro de Cervantes, ha sido fuente inspiracional para una interminable caterva de artistas, desde el escritor estadounidense Ray Bradbury hasta el cineasta alemán Werner Herzog. Y en el campo de la música, el arte más accesible para la mayoría, se han incubado propuestas que profesan el eclecticismo sin restricciones, dados los productos culturales que se ofertan en esta ciudad plural, multicultural y mutable desde 1972, cuando se dio la colocación de Guanajuato como gran escenario continental por medio del Cervantino, cuya programación acrecentó y aceleró el flujo de mercancías, capitales, prácticas, informaciones e interacciones de índole cultural.

«Hablar de música es la oportunidad por excelencia de manifestar la amplitud y universalidad de la cultura personal», expone el sociólogo francés Pierre Bourdieu en una de sus disertaciones sobre el origen y la evolución de la melomanía, anotando también que «el discurso sobre la música es una de las exhibiciones intelectuales más buscadas», porque «no hay nada mejor que los gustos musicales para afirmar la “clase”».[4]

A la luz de esta práctica clasificadora y distintiva que describe Bourdieu y en una ruta similar a la trazada por Antonio Malacara Palacios para ordenar el «sonido de nuestra historia»,[5] surge la necesidad de sumar las aportaciones de diversas voces críticas de la Capital Cervantina de América, a efectos de: a) Visibilizar y catalogar propuestas estéticas del universo musical guanajuatense que en su época no fueron valoradas; d) Aportar una manera distinta de apreciar la ciudad como matriz de diversas expresiones artísticas que la dotan de una personalidad única; y b) Ampliar el análisis de elementos sociomusicales o paramusicales, como símbolos, liderazgos, estéticas e imaginarios.

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  1. Héctor Villarreal, Imaginarios musicales de la globalización, México: Tierra Adentro, 2006; p. 102.
  1. Juan José Arreola, La palabra educación, México: Grijalbo, 1977; p. 45.
  1. Juan José Arreola, La palabra educación, México: Grijalbo, 1977; p. 45.

 

[4] Pierre Bordieu. Sociología y cultura, México: Grijalbo, 1990; p. 175.

[5] Antonio Malacara Palacios, Catálogo subjetivo y segregacionista del rock mexicano, México: Angelito Editor, 2001; p. 4.

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