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Vueltas y regresos: animación en tiempos de pandemia

Fernando Cuevas de la Garza
Una voz silenciosa (Japón, 2017)
Una voz silenciosa (Japón, 2017)
Vueltas y regresos: animación en tiempos de pandemia


Ahora que los escolares están por salir de vacaciones, después de concluir sus clases en condiciones inéditas, se asoman diversas alternativas para aprovechar y disfrutar el tiempo libre. Una de ellas es el cine en casa. En seguida, un breve recuento de películas animadas disponibles en diversas plataformas y confeccionadas por distintos estudios con sello propio, originarios de varias partes del mundo. Claro que esperamos con ansia la reciente producción de Ghibli dirigida por Goyo, el hijo del legendario fundador Hayao Miyazaki, anunciada para estrenarse en Cannes 2020. Se trata de cintas que pueden ser disfrutadas por humanos de cualquier edad y seres de otras especies o mundos que quizá se vean reflejados.

Volver a escuchar

Con reconocida apuesta visual enclavada dentro del clásico anime y en la línea de la evocativa Your Name (Shinkai, 2016), el drama juvenil Una voz silenciosa (Japón, 2017) es un relato de reconciliación y segundas oportunidades, no siempre o por todos aprovechadas, en el que se despliegan genuinos sentimientos entre los personajes alrededor de bellos paisajes nipones. Dirigida con sutileza por Naoko Yamada (Tamako Love Story, 2014; Liz and the Blue Bird, 2018), de amplia trayectoria televisiva, la historia se compone de dos grandes capítulos, retomando el manga de Yoshitoki Oima: en el primero, una niña sorda llega a una escuela en la que es molestada por algunos compañeros, en especial uno de ellos, hasta que termina por salirse; en el segundo, años después, el niño acosador se ha convertido en un joven más consciente y busca resarcir su comportamiento con quien fue víctima de sus ataques, aún inmersa en sí misma. La salvación personal también está en ayudar a la salvación de la persona a quien se le hizo daño.

Regresar a festejar

A manera de lección, un joven es enviado a un remoto y frío poblado dividido por rencillas añejas y donde la alegría está escondida, con la finalidad de reactivar el difunto servicio postal. Ahí empezará a conocer gente, entre la que se encuentra un veterano fabricante de juguetes que vive en medio del bosque, apartado del resto de los habitantes. A partir de ese vínculo, se abre la posibilidad de reactivar el correo y, de paso, empezar a incidir en el ánimo general, procurando que los buenos actos se conviertan en cadena de transformación, sobre todo entre los niños. Dirigida por Sergio Pablos y Carlos Martínez López, Klaus (España-RU, 2019) aprovecha con ingenio la imaginería navideña y con un sagaz uso de las formas y los colores para contrastar momentos y estados de ánimo compartidos, propone un relato que juega con el humor, el apunte afectivo y la capacidad redescubierta para establecer otro tipo de relaciones sociales.

Volver al cuerpo

La separada mano de Naoufel busca reencontrarse con él, mientras se repasa su difícil vida desde niño y de joven, entre la pérdida constante, las aspiraciones musicales y cosmonáuticas y el romance anhelado. Dirigida y coescrita por el debutante en largometrajes Jérémy Clapin, contando con el apoyo de Guillaume Laurant en cuya novela se basa la cinta, Perdí mi cuerpo (Francia, 2019) combina de manera orgánica el realismo con la fantasía, entreverando las peripecias de la mano y su dueño en épocas distintas que transitan hacia el punto de encuentro. El cuidadoso detalle urbano parisino en el planteamiento visual se soporta por el constante uso de las sombras y la combinación de perspectivas (sobre todo de la mano), así como el empleo del blanco y negro para integrar las vivencias de años pasados, discreta y emotivamente musicalizados por Dan Levi.

Regresar a casa

Con el característico humor de finos dardos y la reconocible presentación stop-motion con figuras de plastilina, distintivo de la conocida casa Aardman, vuelve nuestra oveja consentida y todo el entrañable rebaño que la acompaña, a quienes hemos conocido en varios cortos y en el largometraje Shaun el cordero (Burton y Starzak, 2015), para regalarnos otra aventura ahora cercana temáticamente a E. T. El extraterrestre (Spielberg, 1982), a la que sirve de homenaje. Dirigida por la dupla Will Becher/Richard Phelan, Shaun, el cordero: La película: Granjagedón (RU-Bélgica-Francia-EU, 2019) plantea la aparición de una pequeña criatura alienígena que pronto es buscada por las autoridades, mientras que los corderos lo protegen ayudados por el infaltable Bitzer, obediente perro pastor que tiene que atender al granjero, ocupado en hacer una feria aprovechando el fenómeno extraterrestre que se instala en el imaginario colectivo. Saber confiar y poner la imaginación a funcionar para reencontrarse con los padres.

Volver al origen

La quinta película del estudio de animación Laika, Sr. Link (Missing Link, 2019) mantiene el nivel de la casa, tanto en desarrollo argumental como en el estilo de animación, aquí combinando paisajes imposibles con trazos que definen de manera nítida a los personajes, tanto en imágenes como en diálogos. Dirigida por Chris Butler (Paranorman, 2012), seguimos a un expedicionario (Hugh Jackman) que quiere pertenecer a una asociación de descubridores que lo rechaza, liderada por un siniestro sir (Stephen Fry); decide ir en busca del eslabón perdido (Zach Galifianakis) y, tras un acuerdo, se lanzan a encontrar a sus congéneres, junto con un antiguo amor de armas tomar (Zoe Saldana) que se suma al viaje hacia el mundo nevado, donde gobierna una imperturbable y gélida reina (Emma Thompson). El relato se da tiempo para soltar apuntes anticlasistas y antirracistas, sin forzar el mensaje y manteniendo el tono de comedia de aventuras.

Regresar a la vida

A pesar de que Pixar lleva algún tiempo sin alcanzar los niveles de sus propios clásicos, sigue siendo garantía, tal como se advierte en Unidos (Onward, EU, 2020), filme dirigido por Dan Scanlon (Monsters University, 2013) en tono de búsqueda y reencuentro familiar, resuelto de manera inteligente y con solvencia para la creación de emociones, sobre todo en lo que se relaciona con el vínculo fraterno. En un suburbio común, salvo que sus habitantes son seres mitológicos, un par de hermanos elfos adolescentes de contrastantes personalidades (Tom Holland y Chris Pratt) se lanzan a completar el hechizo que les permita pasar un último día con su padre fallecido, para lo cual, como cabría suponerse, tendrán que sobrevivir a varias pruebas, además de contar con el apoyo de su madre (Julia Louis-Dreyfus) y de una mantícora (Octavia Spencer). El atractivo se fortalece de manera considerable con la aparición de otros personajes fantásticos –faunos, cíclopes, centauros, hadas motociclistas- y el esperado retrato humorístico de los detalles de la vida cotidiana que como humanos experimentamos.

Volver a la familia

Con un original estilo visual en el que predominan las figuras exageradas y las texturas de estambre, no sólo de las bolas para tejer, Kris Pearn dirige Los hermanos Willoughby (Canadá-EU-RU, 2020), retomando el libro de Lois Lowry en la línea de Roald Dahl. Si bien la historia se extravía por momentos, al igual que la búsqueda de los pequeños hijos —primero para deshacerse de sus odiosos e irresponsables padres, mandándolos a un viaje alrededor del mundo, y después para intentar recuperarlos, por aquello de evitar la amenaza de la orfandad que los podría colocar en un peor destino-, el sampler hecho a partir de otro tipo de conocidos relatos se integra con naturalidad y tono oscuro por momentos. Una nana, un bebé abandonado y el dueño de una fábrica de dulces con aspecto militar, aparecerán en el camino de los niños del título, para apoyarlos en sus propósitos. Destaca el gato narrador (Rick Gervais, incisivo y relamiéndose los bigotes) y los gemelos, entre genios y atemorizantes, conviviendo con su hermana cantante y su temeroso hermano mayor, en trance de crecimiento.



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