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Kingdom: el paciente cero

Oscar Luviano

Tachas 367
Tachas 367
Kingdom: el paciente cero

Mientras escribo esto, transcurre el fin de semana anterior al cambio del semáforo epidemiológico rojo al naranja en la Ciudad de México. Esto que quiere decir que se abren ciertas actividades económicas y se relajan algunos controles que, en los hechos, nunca operaron. Todo ello a pesar de que el día de ayer, por sexta semana consecutiva, López Gatell, el Subsecretario de Salud, anunció que el pico de la epidemia será la semana próxima.

En la misma conferencia en la que López Gatell hacía este nuevo pronóstico (o déja vu, como quien lee prefiera), el presidente López Obrador llamó a perder el miedo a salir, haciendo eco de las palabras del empresario Salinas Pliego, dueño de Tv Azteca (monopolio beneficiado con más de más 168 mil millones de pesos en concepto de publicidad oficial, la mayor derrama de este gobierno en ese concepto), pese a que semanas antes la televisora recibiese un “apercibimiento” de la Secretaría de Gobernación por sus coberturas que ponían en duda el control de las autoridades sobre la epidemia del SARS-COVS-2 (COVID-19).

Todo este semáforo rojo, semáforo naranja, “Quédate en casa”, “No seas coyón, sal” le ha valido al gobierno federal perder el aplauso de la Organización Mundial de la Salud, que a través de uno de sus voceros pidió dejarse de “mensajes contradictorios” que confunden a la población. Sin embargo, esa misma OMS ha “distinguido” a López Gatell con un lugar en su panel de expertos para elaborar reglamentos sanitarios…

Y todo lo anterior ocurría mientras un albañil jalisciense y un adolescente oaxaqueño eran víctimas de ejecuciones a manos de policías que se ampararon en el cumplimiento de la cuarentena para justificar sus crímenes de odio.

“Guateque” llamaba mi abuela a este tipo de contextos.

Anoto lo anterior para reflejar el guateque en el que se me ocurrió ver la serie Kingdom, la primera surcoreana que me toca y una que se inscribe dentro de uno de mis géneros favoritos: los zombies.

Señalaba en mi reseña sobre otro meritorio título del subgénero Z (Black Summer, también en Netflix) que no hemos aprendido lo suficiente de la narrativa sobre contagios (desde la crónica de Dafoe sobre la Peste en la Londres del siglo XVII). En México como en la Oran de Camus, en el Brasil de Bolsonaro o la América de Trump, los intereses económicos y el relato político son más relevantes que la salud de las masas y las vidas que no cuentan: mientras la jefa de Gobierno de la CDMX celebra que se domó la pandedemia, los trabajadores de limpia a su cargo denuncian 46 muertes por la Covid-19 entre sus filas.

Esta regla opera, también, en la Corea de la era Joseon (siglo XVI, más o menos), cuando Kingdom tiene lugar: el joven heredero del trono Lee Chang (Joo Ji-hoon) demanda audiencia con su padre, el emperador, al que nadie ha visto en tres años. El Mayordomo Real (Ryu Seung-ryong) le niega la audiencia y la joven Reina Consorte Cho (Kim Hye-jun) le revela que está embarazada: de nacer un niño, Lee perderá su derecho a trono.

Ante tal amenaza, el príncipe entra al palacio real para encontrar que los aposentos reales están vacíos, pero que algo ronda en los pasillos en lugar del emperador. En compañía de su fiel escudero Mu-yeong (Kim Sang-ho), abandona la capital Hanyang en busca del médico real, pues la indisposición de rey se ampara en un extraño mal.

Mientras tanto, el médico ha huido con el cuerpo de un criado (destrozado al dar de comer a eso que ocupa el lugar del rey) y con el expediente médico de su majestad, hasta Gyeongsang, una aldea asolada por la hambruna desatada por los efectos de la devastadora guerra contra el imperio japonés y por los implacables tributos a los que el emperador somete a su gente. Sin dar mayores explicaciones, el doc se encierra en sus aposentos y deja que ocurra eso que solo puede y debe pasar en las series surcoreanas.

Lo que pasa es esto: entre los desarrapados que una valiente enfermera, Seo-Bi (Bae Doo-na), trata de salvar del hambre, se encuentra un enigmático, delgado y bello hombre, Yeong-Shin (Kim Sung-kyu), que oculta, tras su falta de aseo personal, a un Guerrero De Pasado Trágico. Como no podía ser menos, posee un singular sentido de lo pragmático. Al primer descuido de la enfermera, toma el cuerpo del criado real semidevorado, lo cocina en caldo y se lo da de comer a todos los hambrientos.

No pasan muchas horas antes de que todos los satisfechos comensales presenten síntomas de una terrible intoxicación, mueran entre espantosos estertores y revivan convertidos en el primer brote zombie renacentista del que se tenga noticia.

Lo que hace atractivo a Kingdom es su preciosismo cinematográfico y su morosidad narrativa. Los ambientes históricos son reconstruidos con una delicada paleta de color y una ceremoniosidad que contrasta con el aspecto realmente enfermo de los zombies. Los soldados ataviados en seda y con delicados sombreros de copa, armados con rifles de pólvora, arcos y lanzas de bambú, enfrentados a las tumultuosas hordas de zombies, rodeados por campos de trigo o por las delicadas casas de madera del periodo, componen cuadros espectaculares, que le devuelven a los muertos vivientes un poco del sentido heroico que han perdido.

A pesar de que es un tour de force que no se detiene (al príncipe, además de rodearle cada vez más zombies, es perseguido por la Guardia Real con el mandato de liquidarlo), Kingdom se toma su tiempo para desarrollar una compleja conspiración cortesana (en esa línea que Game of Thrones supo darnos en sus mejores temporadas), añade algunas inteligentes pinceladas a la mitología zombie (estas criaturas se comportan, al parecer, como vampiros y duermen de día) y, sobre todo, despliega un inteligente mapa de las mecánicas de contagio durante una epidemia. Sobre todo, de una: la irresponsabilidad política.

El mérito es de su guionista, Kim Eun-hee, que adapta su propio webcómic, Kingdom of The Gods, con una erudición y un sentido del trazo social notables.

Desde el inicio de la serie, el emperador está muerto. Para evitar la caída de la corte, le administran el preparado a base de una flor que “despierta a los muertos” con la idea de mantenerlo operativo. Le dan de comer a sirvientes cuyos cuerpos son arrojados a un río desde el que esparcen la infección. Los ricos abandonan sus casas y se marchan con los cuerpos de sus muertos en lujosos cofres, a pesar de las advertencias. La capital es cerrada a cal y canto, dejando al resto de las provincias a su suerte…

El Emperador es el paciente cero.

Kingdom acaba de estrenar su segunda temporada en Netflix.


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Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.

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