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Family Romance LLC: el documentalista impostor / Oscar Luviano

En #Tachas377, suplemento de #EsLoCotidiano

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Family Romance LLC: el documentalista impostor / Oscar Luviano


En la Era Antes de la Pandemia, Martin Scorsese y Joker nos dieron los últimos dos grandes espectáculos que pudieron verse en los cines (esos bodegones para comer palomitas y sorber enormes botes de refresco que no serán lo mismo en la Era Postapandemia), aunque, si somos francos, El irlandés es una película indigna de la filmografía de Scorsese, pues no pasa de ser un sampleo de los clichés scorsianos de tres pinches largas horas de duración, y los beneficios del Joker de Todd Phillips debieron ir directo a la cuenta corriente del italoamericano.

El histrionismo desatado de Joaquin Phoenix se pasea a sus anchas en los escenarios de Taxi Driver, The King of Comedy y Mean Streets, con la misma fotografía de grano reventado, pero en versión siglo XXI: a los nuevos cinéfilos les interesa más el número de referencias que pueden pescar en un minuto que el cine en sí mismo.

No reverenciamos, en esta era del streaming, tanto a directores como a maquiladores que pueden emular escenas y estilos con eficiencia (un truco que la ha dado a Stranger Things tres temporadas). No es de extrañar que, en su intento por reflotar al Guasón tras el descalabro de Jared Leto, Phillips emulase al taxista Travis Bickle, en una botarga con partes del mal comediante Rupert Pupkin, y que le reservase al actor que puso cuerpo a ambos personajes, Robert De Niro, un papel de secundario, como otro costoso prop.

El tiempo pondrá en su lugar a Joker (un impostor que no es ni Scorsese ni DC, pero vale un Oscar). Sin embargo, es un filme digno de su tiempo y de su industria, que dentro de su vacuidad trata de validarse usando a uno de los últimos grandes directores vivos: Martin Scorsese. Tal vez para callarle la boca por todas aquellas cosas que dijo sobre las películas de superhéroes (a los que no bajó de “productos sin riesgo” y calificó de algo que no es cine, un cine impostor.

Si bien se desdijo poco tiempo antes del estreno de The Irishman, tal vez para evitar ser cancelado por los usuarios de las redes sociales, donde sus gracejadas tuvieron peor eco.

De manera paralela a ese homenaje/apropiación, Scorsese decidió dar su propio salto a la modernidad: se acercó a Netflix y dirigió para la plataforma The irishman, donde Robert De Niro se interpreta a sí mismo en lo que parece un popurrí extraído de los filmes mafiosos del director de Godfellas y Casino, ambas con De Niro entre su reparto. Lo curioso es que el rostro del actor, gracias al CGI, se ve más joven que en esos filmes con casi 30 años de antigüedad.

Las reacciones de la que supondríamos la opera magna de la Era Postcines fueron ambivalentes: las nuevas generaciones saludaron el descubrimiento de este cineasta clásico, al tiempo que sus redes sociales se quejaron unánimemente de su duración. Y es que, vista a la distancia, El Irlandés se siente como el CGI sobre los rostros de De Niro y Pesci: una máscara rígida que intenta revitalizar cuerpos septuagenarios, cuyos movimientos torpes todavía pueden deslumbrar, pero no como antaño y sin sumar nada nuevo. Otra película, al igual que Joker, de alguien que ya no es Scorsese, tratando de ser Scorsese en su mejor momento.

Werner Herzog es, sin duda, otro de esos escasos directores septuagenarios cuyo nombre no despierta el entusiasmo ni los clones que Scorsese, pero que también se ha decidido a dar el salto al mundo del streaming y de las redes sociales. Lo hace desde un lugar diferente al de Phillips y The Irishman, asumiendo de manera abierta y gozosa todas las imposturas que el cine necesita para sobrevivir en la Era del Tik Tok.

Family Romance LLC (estrenada en Cannes en 2019 en la Era Prepandemia y en la plataforma Mubi en la Era Pandémica) es la última película de Herzog, y la segunda en la que analiza el nuevo rostro de las relaciones en un mundo hiperconectado y pleno de experiencias fragmentadas y multidireccionales.

En su anterior documental, Lo and Behold, Reveries of the Connected World (2016), entrevistó a los responsables de la creación y funcionamiento de la Red y a sus usuarios, en un intento por comprender las nuevas relaciones a las que Internet nos abre o condena.

Hermana espiritual de ese documental, Family Romance LLC se ubica en la actualidad, en una Era Postinternet y una Era postgéneros cinemtográficos: ocurre en el ultratecnificado Tokio y, aunque parte de materiales que hubieran sido germen natural de un documental sobre el negocio de la impostura, Herzog eligió realizar, según sus propias palabras, un drama sin guión.

La idea, claro, de lo que Herzog entiende por drama, es un juego de espejos deformantes: el título de la película remite a una empresa japonesa que ofrece un servicio de actores que se hacen pasar por miembros de tu familia. Fue tal la impresión que le provocó el trabajo del dueño de la empresa, Yuichi Ishii, y su grupo de impostores, que Herzog decidió invitarlos a hacer de sí mismos mientras recreaban algunos de sus encargos.

Personificar al padre ausente de una niña, celebrar de nuevo la entrega de un premio que fue la única alegría en la vida de una mujer, sustituir al esposo que padece una enfermedad terminal en la cena de fin de año de una empresa, rodear a una actriz novata de falsos paparazis para atraer la atención de su público… Herzog sigue a estos impostores con la despojada mirada del documentalista que permite contemplar el fingimiento como un sentimiento humano tan natural como el amor familiar.

Filmada con una pequeña cámara 4K, cuya invisibilidad permitió una mayor naturalidad de los falsos actores en su trabajo de impostores, Family Romance LLC tiene como uno de sus mayores méritos la sinceridad con la que retrata a un Japón libre de exotismo o extrañamiento.

Su otro mérito es la forma en que poco a poco y de manera inadvertida, el falso documental pasa de ser un retrato a una expansión borgeana: el espectador ya no sabe si lo que sucede es real o fingido. Si los lindes de la empresa de impostores son infinitos y en realidad estamos rodeados de gente que finge ser lo que no es sólo por librarnos de las durezas de la vida.

Así como su protagonista termina perdido y lleno de dudas sobre todo lo que ocurre a su alrededor, no podemos dejar de maravillarnos ante el verdadero arte del impostor que nos muestra Herzog: no hacen falta presupuesto, escenas clonadas o animación digital. El auténtico impostor es un cuerpo en el que ponemos lo que necesitamos ver.




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Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.

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