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DISFRUTES COTIDIANOS

En otra frecuencia / Fernando Cuevas de la Garza

Fernando Cuevas de la Garza

En otra frecuencia / Fernando Cuevas de la Garza
En otra frecuencia / Fernando Cuevas de la Garza
En otra frecuencia / Fernando Cuevas de la Garza


La década de los cincuenta del siglo XX. Días de paranoia nuclear, recuperación económica tras el mayor conflicto bélico de alcance global, guerra fría en pleno proceso de refrigeración y la carrera espacial en espiral ascendente, además de la imaginería sobre la existencia de alienígenas, entre que van y vienen en la vastedad nocturna. En el ficcional y aparentemente apacible pueblo de Cayuga, ubicado en el real Nuevo México, una joven operadora de teléfono (Sierra McCormick, resolutiva) y un presentador radial (Jake Horowitz, de buen olfato), unen sus habilidades investigativas para identificar el origen de una extraña onda sonora que no reconocen y que se escucha por los aparatos de comunicación con los que trabajan.

Realizada con indudable encanto retro por el debutante Andrew Patterson, The Vast of Night (EU, 2020) se adentra en el universo estético y temporal de la famosa serie televisiva La dimensión desconocida (1959-1964), aunado al famoso programa radiofónico de Orson Wells de 1938 en el que narró La guerra de los mundos, insertando un sutil fenómeno paranormal en la supuesta armonía que experimenta una pequeña comunidad en proceso de vivir a plenitud el sueño americano. De producción discreta y muy efectiva, en el sentido de aprovechar al máximo los recursos disponibles, la historia y su recreación de época nos permiten situarnos en un espacio y tiempo de cierta inocencia acechada de manera sutil.

El contraste se establece con claridad: mientras casi toda la gente del pueblo centra su atención en un partido de básquetbol colegial cual principal atracción, con toda la parafernalia que ello implica y sin enterarse de nada más, la pareja de amigos va siguiéndole la pista al fenómeno corriendo de un lado a otro, escarbando en el pasado, entrevistando personas como la anciana con teorías conspiratorias (Gail Cronauer), escuchando grabaciones y analizando los extraños sonidos que, presumiblemente, pudieran provenir del espacio exterior. Justo en la normalidad de la vida o en lo que pareciera más común, surgen fenómenos que no son plenamente reconocidos pero que están presentes, siempre recordados por los más viejos, y que van influyendo paulatinamente.

La cámara se desplaza con seguridad a diversas alturas, desde ras de suelo hasta de manera panorámica, permitiendo tener las perspectivas tanto de los improvisados indagadores como del misterio que envuelve a las frecuencias indistinguibles; los largos planos-secuencia, ejecutados con amplio sentido narrativo y visual, se adecuan al propósito de no perder el hilo de los esfuerzos que realizan los personajes por develar los secretos, entre una curiosidad casi infantil y un ligero temor por confirmar las sospechas generadas: el primero de ellos, que abre la película e introduce las preocupaciones y habitantes de la localidad, nos invita a recorrer con detalle el contexto en el que se desarrollarán los sucesos que escapan a la lógica.


Proyecto Power: predecible reacción

La premisa de arranque suena atractiva: una droga que te produce un súper poder durante cinco minutos, sin que puedas decidir cuál y te enteras hasta que lo experimentas; también puede ser que la sustancia haga que explotes en pedazos o tener consecuencias inesperadas, sobre todo si la empiezas a consumir con regularidad. Es decir, el infernal mundo de las adicciones en el que la satisfacción es pasajera y acabas peor de como estabas. En tanto, circulan los dealers y los grandes narcotraficantes para intentar controlar el diseño, la producción y distribución, primero en la ciudad de Nueva Orleans, donde se desarrolla la historia, y después en el nivel global.

Dirigida en forma rutinaria por los amigos Henry Joost y Ariel Shulman (Actividad paranormal 3 y 4, 2011/12;; Viral, 2016), y a diferencia de la tensión conseguida en Un juego sin reglas: Nerve, (2016), Proyecto Power (EU, 2020), sigue a un trío de disímbolos personajes que por distintos motivos se unen en determinados momentos para combatir, por razones particulares, a la creciente mafia alrededor de la innovadora droga: un policía que le entra a la pastilla de vez en cuando para adquirir poder y capturar a los malosos (Joseph Gordon-Levitt), a pesar de las reticencias de su jefe (Courtney B. Vance); un excombatiente en proceso de búsqueda de lo más preciado para él (Jamie Foxx), y una adolescente que vende las píldoras (Dominique Fishback), sirviendo puente entre ambos hombres, por azares del destino.

Entre los tres se enfrentarán a un capo (Rodrigo Santoro) que anda promoviendo su producto para venderlo a mayor escala, en particular a una especie de jefa de un cartel, latina por supuesto (aunque el español no le sale muy bien), y con contactos de más largo alcance (de humor involuntario la secuencia de la demostración de los efectos de la droga). A manera de contexto, vemos cómo algunos usuarios de las poderosas pastillas las usan para cometer actos ilícitos, aprovechando su invisibilidad o su fuerza sobrehumana cual fama warholiana que no dura ni quince minutos. Frente a un guion que termina por desperdiciar el potencial de la premisa expuesta al inicio, los protagonistas parecen deambular sin mayor profundidad y sin despertar interés por sus destinos o actos, salvando el pellejo apenas.

De pronto las secuencias se ejecutan de manera en exceso inverosímil y no guardan una lógica temporal al momento de integrarse en el relato; la acción parece meterse con calzador a la primera provocación, sin demasiada pericia al momento del montaje, y el humor se queda como un conjunto de ocurrencias sin demasiada gracia, ya no se diga el intento por adentrarse en el complejo mundo de las drogas: al no definirse y al no saber integrar distintos componentes y enfoques narrativos, la cinta termina por ser un fallido híbrido entre el género de acción, el buddy film y el cine de narcos, sin adentrarse en ninguno y descuidando el desarrollo mismo tanto de los personajes como del contexto en el que se van planteando los sucesos.

Le faltó power a este proyecto cinematográfico.

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