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GUÍA DE LECTURA

La lentitud, de Milan Kundera

Jaime Panqueva propone para estos días presurosos La lentitud, de Milan Kundera
Milan Kundera
Milan Kundera
La lentitud, de Milan Kundera


Una gran tontería por puro gusto, describe Kundera a La lentitud en uno de los diálogos que dan cuerpo a esta novela. Pero no sólo se trata de eso y, como estamos acostumbrados en los trabajos del escritor checo, que a partir de éste abandonó su idioma materno para escribir en francés, su prosa está llena de reflexiones profundas e inquietantes. Esta gran tontería por puro gusto rechaza, además de las gravedades del arte y el mercado, la convencionalidad del tiempo narrativo, al imbricar escenas del vértigo actual con el pausado andar del siglo XVIII.    

Como lo había anticipado de manera brillante Calvino en sus Lecciones americanas o Seis propuestas para este milenio, la rapidez es un rasgo intrínseco y al parecer ineludible de nuestra era. Kundera anticipa estas décadas trepidantes con una crítica certera:

El grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido. Pueden deducirse varios corolarios de esta ecuación, por ejemplo este: nuestra época se entrega al demonio de la velocidad y por eso se olvida tan fácilmente a sí misma. Ahora bien, prefiero invertir esta afirmación y decir: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el paso porque quiere que comprendamos que ya no desea que la recordemos; que está harta de sí misma; asqueada  de sí misma; que quiere apagar la temblorosa llamita de la memoria.

Byung-Chul Han habla del ser humano que vive como el animal de la jungla, de una actividad relampangueante a otra, enfrascado en el multitasking que lo mantiene alerta y presionado. El mundo se mueve tan rápido que detenerse en la reflexión parece algo banal por innecesario. ¿Para qué, si todo funciona tan bien? ¿Por qué querrías bajarte del tren? Los gadgets marcan el itinerario del día y recuerdan por nosotros lo digno de recordar. Si se volviera a esculpir El pensador de Rodin, quizá su espinazo y cabeza se inclinarían para fijar la mente en un teléfono inteligente. La calma que exige la reflexión ha sido anulada por los trinos, el correo entrante y el perenne fluir de historias banales. En esa vorágine, el ser humano se llena de olvido, le cede su memoria al Google, o no la verbaliza para poder descargarla de Instagram. 

Si este es su caso, no le vendría mal hacer un pausa y leer a Kundera. En este link encontrará de forma gratuita el libro completo

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com



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