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Ni el deporte se salva

José Luis Justes Amador

Quinn Simmons
Quinn Simmons
Ni el deporte se salva

175. Parece que antes (signifique antes lo que signifique, en estos tiempos en los que el pasado es algo que existió pero ya no existe) había dos gremios (tres, pero de la tauromaquia hablaremos otro día) a los que mientras hicieran bien su trabajo se les podía “perdonar” la estupidez: los músicos y los toreros.

176. Para hablar de las estupideces que han dicho los músicos no tendríamos espacio suficiente. El caso de los deportistas es más complejo.

177. “Jugamos como nunca, perdimos como siempre” es una frase que ya se ha convertido en un tópico, pero resume perfectamente la idea de que a un deportista (o entrenador, en este caso) se le puede perdonar una demostración pública de estupidez.

178. Bien mirado, la frase no quiere decir absolutamente nada, y pronunciada en un contexto que no sea el deportivo, supondría una expulsión (o despido) inmediato. Piense el lector en pronunciarla ante su jefe para justificar la falta de resultados o el número de reprobados o la falta de ventas.

179. Pero hay un momento (probablemente a finales del siglo pasado o a principios de éste) en que los programas deportivos no se limitaban a comentar el partido, sino que empezaban a hacer preguntas sobre temas ajenos al deportivo.

180. Y, más recientemente, los deportistas (o alguien al que han contratado para que se encargue) usan todos los medios electrónicos para estar en contacto con sus seguidores las veinticuatro horas del día. Y, como hemos demostrados infinidad de veces, a mayor cantidad de cosas dichas, mayor posibilidad de que alguna de ellas sea una estupidez.

181. Y si a eso le sumamos la insistente (y absurda) campaña de cancelación que se da más recientemente, tenemos los casos en los que a una declaración normal se sigue una estupidez, o en los que simplemente lo que se pronuncia es una estupidez.

182. Un periodista holandés, José Been, escribió en su Twitter: “Mis queridos amigos estadounidenses, espero que esta horrible presidencia termine para ustedes. Y para nosotros como (¿ex?) aliados también. Si me siguen y apoyan a Trump, pueden irse. No hay excusa para seguir o votar por este hombre vil y horrible”. El ciclista Quin Simmons, siguiendo —no se olvide– literalmente las instrucciones del periodista, respondió con el emoji de la mano diciendo adiós.

183. La polémica no tardó en estallar, y uno de los seguidores del periodista le preguntó directamente si era un seguidor de Trump. El ciclista respondió con un sobrio e inequívoco “Correcto”, con el emoji de la bandera estadounidense.

184. Ante el revuelo provocado por las respuestas de su corredor, el equipo Trek-Segafredo emitió un comunicado en el que anunciaba la suspensión provisional del ciclista.

185. Y, por supuesto, las mismas reacciones se dan desde el otro lado del espectro político. Trump lleva años polemizando con varios jugadores profesionales de fútbol americano de raza negra que hincan la rodilla cuando suena el himno, en señal de protesta contra lo que consideran el racismo institucional de este país. El presidente ha dicho en numerosas ocasiones que no cree que en EE.UU. haya racismo institucional, y denuncia que arrodillarse en lugar de llevarse la mano al pecho cuando suena el himno, es antipatriótico.

186. En la temporada 2016 de la NFL, Colin Kaepernick decidió, a modo de protesta por las desigualdades raciales, arrodillarse mientras sonaba el himno de Estados Unidos, un gesto que repitió el resto del año. Desde entonces, el mariscal de 32 años va camino de su cuarto año sin equipo en la NFL. A pesar de que en 2014 firmó una renovación por seis temporadas y 126 millones de dólares, poco después hizo valer una cláusula del mismo para convertirse en agente libre. Desde aquella temporada no ha vuelto a jugar, si bien su gesto se repite en cada vez más competiciones deportivas.

187. Lo más fácil, la respuesta que solemos pensar, es que la inteligencia (termino menos conflictivo que verdad) está de nuestro lado y la estupidez del otro, pero la estupidez es el único gesto humano realmente transversal, palabra tan de moda.

188. Y hay veces en que lo único que queda es enojarse.


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