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El nuevo cine de horror (según yo) [II]

Oscar Luviano

Oscar Luviano
El nuevo cine de horror (según yo) [II]

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Continúo con los hallazgos que hice durante mi Maratón de Halloween, con la pretensión de encontrar en estas breves reseñas los temas, tendencias y nombres a seguir en el género del terror cinematográfico en la tercera década del siglo XXI.

 

El horror de los cuidados

La enfermedad mental y los cuidados también son centro de Plainfield, IL (2020). Aunque se trata de un capítulo de la serie Monsterland (Hulu), es una de las mejores películas de terror de este año pandémico.

Dirigido por Logan Kibens sobre un guion de Aalia Brown, es el quinto de esta serie de capítulos unitarios que narra los cambios en la vida de la gente común tras el encuentro con monstruos en diferentes ciudades de los Estados Unidos.

En el capítulo que sucede en un suburbio de Illinois, una pareja de abogadas se nos muestra como un oasis de amor y éxito profesional tras 16 años de estar juntas, con una gran casa y una hija. Sin embargo, la búsqueda de un sacacorchos para celebrar su aniversario (guardado bajo llave junto con todos los objetos punzocortantes de la casa), la ausencia de su hija y la compra compulsiva de unos boletos de avión a Francia, nos descubre que ese brillo solo es aparente: Kate (Taylor Schilling) ha cometido diversos intentos de suicidio para librarse de los terribles efectos de la esquizofrenia. Shawn (Roberta Colindrez) ha tenido que hacerse cargo de sus cuidados y del sostenimiento económico de la familia, así como de la toma de decisiones. Tras una pelea por el viaje a Paris que Kate ha comprado sin consultar a su esposa, se corta las venas en la bañera, de modo que Shawn la encuentre. Cuando Shawn la halla en la bañera, cansada y confundida, sale del baño, cierra la puerta y abandona el cuerpo sumergido de Kate. Esa omisión provoca un giro fantástico, y da pie a un honesto y demoledor abordaje sobre el peso de los cuidados en clave de relato zombie, con un final que, sorprendentemente, permite alguna esperanza.

El terror masculino

El miedo que despierta el final de la figura del pater familias proveedor y la crisis de la heteronormatividad, con la emergencia de la experiencia femenina en todos los ámbitos, también tiene su reflejo y su discusión en el cine de terror actual.

De hecho, este tipo de horror produjo las tres propuestas más innovadoras en el género que me tocó ver, por su mezcla de recursos narrativos y por la forma en que retratan la incapacidad masculina de adaptarse a un mundo del que ya no es el centro.

Scare me (2020), escrita, dirigida y protagonizada por Josh Ruben, es un extraño tour de force que reflexiona sobre los mecanismos de la narración… y sobre la fragilidad masculina: Ruben interpreta a Fred, un escritor primerizo que se va a una cabaña para aislarse, enfrentar su crisis de pareja y tratar de escribir su ópera magna. No sólo no lo consigue, sino que se encuentra con Fanny (Aya Cash), una escritora de éxito cuya vitalidad y sarcasmo lo hieren y enfrentan con sus limitaciones. Una falla eléctrica los aparta de la escritura, y para pasar el tiempo se retan a contarse cuentos de horror. Quien asuste al otro, gana. En algún momento un repartidor de pizzas se une al dúo y a las historias. Y esa es toda la película. Es imposible reflejar su encanto y su frescura en una reseña, con tres actores que nos devuelven a la esencia del terror: la tradición oral. En su último tramo hay un giro terrible acerca de la violencia masculina que, de alguna manera, da el cierre perfecto a este juego metanarrativo.

Con Thunder Road (2018), el actor y director Jim Cummings dotó de una sofisticada amargura al género de la comedia del patetismo masculino (inaugurada por The Office de Ricky Gervais). The Wolf of Snow Hallow (2020) retoma al depresivo agente policial de su primera comedia, y lo convierte en John Marshall, el asistente del sheriff (que, además, es su padre) en un pueblo asolado por un hombre lobo. Se trata de una extraña mezcla que desarma la figura del héroe de las películas de terror y el recurso de las muertes femeninas como motor de una trama. Mientras John ve desmoronarse los pilares de su masculinidad (su trabajo, la admiración de su padre, el amor de su hija, su sobriedad...) debe seguir la pista de esa serie de asesinatos. Las víctimas no se presentan como meros props: se les retrata como personas entrañables, y verlas morir a manos del monstruo produce una de las muchas amargas extrañezas de esta comedia que hace reír con incomodidad, por todo lo que decide no dejar de lado para interpelar a un espectador amodorrado por los tropos habituales del cine de horror industrial.

Igual de extraña y revulsiva es His house (2020), que aborda en clave de terror los efectos del desplazamiento forzado. Escrita y dirigida por el afrodescendiente inglés Remi Weekes, cuenta la historia de dos maestros, Rial (Wunmi Mosaku) y Bol (Sope Dirisu) que, tras escapar de las matanzas étnicas de Sudán, llegan en calidad de refugiados al extrarradio Londinense. El gobierno les concede una casa, que desde luego está embrujada. Los fantasmas que la habitan, sin embargo, no son ingleses, sino el reflejo de las víctimas que dejaron en su huida, incluyendo a la niña que perdieron en el cruento tránsito en bote. Rial se niega a ver a esos fantasmas y trata de occidentalizarse a través de ropa de marca y del fútbol, mientras que Bol intenta comprender los motivos de esas apariciones mediante viejas ceremonias africanas. El racismo soterrado y la culpa terminan por exponer la verdad que han ocultado a los servicios sociales: que se han convertido en las personas que no son para agradar a sus nuevos amos.




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Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.


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