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Tachas 397 • Discos 2020 [II] • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

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Fernando Cuevas
Tachas 397 • Discos 2020 [II] • Fernando Cuevas

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Segunda entrega de la música que estuvo girando durante el año recién terminado.


Caleidoscopio femenino

La venerable Shirley Collins confirmó su regreso de hace algunos años para seguir propagando el folk británico con Heart’s Ease, declaración de una mujer de 85 años convertida en voz ineludible de la música de raíces. Julianna Barwick buscó un proceso terapéutico a través de la composición y el resultado fue el curativo Healing is a Miracle, ideal para ver que la belleza está más cerca de lo imaginado, contrastando con los apuntes sobre la ausencia del alma vistos desde el bluescountry de Lucinda Williams, volviendo al ruedo con Good Souls Better Angels, áspera y cercana a la vez, confirmando la importancia de su prolongada trayectoria.

Fionna Apple se toma su tiempo pero siempre ha valido la pena: Fetch the Bolt Cutters, su quinto disco y uno de los referentes ineludibles de este año, es toda aventura sonora de una artista que se vuelca para expresar un conjunto de emociones contradictorias, armonizadas en diversas estructuras que nos toman desprevenidos. Laura Marling se puso en plan familiar y compuso el cálido en forma y críticamente incisivo en fondo Song of Our Daughter, lleno de figuras en tenue movimiento, y Phoebe Bridgers tejió con cercanía el sensible y diverso Punisher, capaz de detonar sensaciones multivariadas. Saint Cloud fue la cuidadamente producida obra de Waxahatchee, combinando géneros de larga tradición y poniéndoles el toque de actualidad.

El trío Haim le puso sonido a las dificultades actuales con Women in Music, Pt. 3, lleno de ideas auditivas enfrascadas en un poprock consistente; por su parte, Angel Olsen presentó un puñado de canciones grabadas con anterioridad de su disco del 2019 y las presentó encapsuladas y problematizadas en Whole New Mess, en tanto Soccer Mommy, proyecto de Sophie Allison, pintó ciertas posibilidades con su distinguido pop a través de Color Theory. Con la idea de alejarse para que se escuche mejor, Laura Veirs nos regaló su Echo, envuelto en cálidas composiciones que producen esa sensación de libertad siempre latente, como en otro espacio; buscando aprender del pasado, Meghan Remy iluminó con amplitud el espacio del pop elusivo con Heavy Light, firmando como U. S. Girl.

Brandy Clark propuso calma y una bienvenida comprensión en Your Life is a Record, acaso invitándonos a pensar cómo sería el álbum de nuestra vida, al tiempo que Taylor Swift se aventuró por nuevos bosques en buena compañía y produjo el apacible Folklore, terreno también explorado por Courtney Marie Andrews, buscando el aroma indie en Old Flowers. En el mundo country se dejó escuchar de oreja a oreja That’s How Rumours Get Started, indagación de Margo Price, confirmando cualquier duda acerca de su importancia en el género.

La neozelandesa Nadia Reid abrió sus fronteras personales con el amplio folk de Out of My Province, tercer álbum en el que reflexiona, cuestiona y abre esperanzas más allá de los propios confines; también en su opus 3, la canadiense Frazey Ford contempla la pérdida y la manera de seguir adelante en U Kin B The Sun, en el que el country, el soul y el folk se dan la mano, sensación similar que provoca Head Above the Water, melodioso álbum de Brigid Mae Power que, en efecto, invita a colocarse en una posición que nos permita ausentarnos un momento de la solidez del mundo.

La cantante y compositora Lianne La Havas entregó con una base de soul expansivo, emotivo e inspirador, el homónimo Lianne La Havas, atravesado por circuitos folky, en tanto las hermanas Bailey, bien conocidas como Chloe x Halle, se pusieron las alas y entregaron en un tono negrura celestial el Ungodly Hour. Metiéndose hasta la cocina con armonías distendidas, Nadine Shah condimentó con original sazón Kitchensink, mientras que Grimes preparó orgánicas texturas pasadas por sonidos metálicos en Miss Anthropocene, álbum oscuro e hipnótico, y Hannah Read, acá rubricando como Lomelda, alcanzó cuotas expresivas por momentos inasibles en Hannah, de pronto también irrumpiendo en el ambiente.

Cantautores, rockeros y apóstoles del country

Con el corazón puesto a fuego lento, Perfume Genius entrega Set My Heart On Fire Inmediately, uno de los discos del año: soterrada riqueza instrumental, melodías que se entrometen de inmediato y esa vocalización al borde de la tristeza que solo aviva más las llamas purificadoras. Old Wow de Sam Lee se estructura en tres partes: corazón, hogar y tierra, juego de palabras que organizan los cantos folk entre cuerdas, pianos y sentencias que parecen surgir de las raíces mismas de la convivencia primigenia con la naturaleza.

Damien Jurado grabó con tono grave e interrogativo, What’s New Tomboy?, acaso buscando noticias después de un proceso de separación; el trío Bonny Light Horseman retomó canciones tradicionales del folk británico y de los Apalaches para entregar el inspirador y memorioso ídem Bonny Light Horseman, línea seguida también por Matt Berry con Phantom Birds, volteando al cielo para encontrarse con vuelos invisibles, acaso para convertirse, como lo propone Honey Harper, en un Starmaker, título del álbum que corteja el indie con los sonidos country. This is the Kit, dentro del ámbito de los cantautores, expone los cambios necesarios en Off Off On, para repasar las tendencias.

Para respirar en este año tan asfixiante con cierta calma, ahí está Bill Callahan con su Gold Record, folk que se inserta en un mundo caótico pero aún con esperanza, mientras que The Ascension, con toda su riqueza armónica, aborda el pesimismo de los tiempos que corren sin que Sufjan Stevens deje de lado la variedad de emociones que se han generado; en esta vertiente, Kevin Morby puso su escritura al servicio del crepúsculo en Sundowner. Andy Shauf confirmó su talento para iluminar los parajes calmos que se elevan ante nuestras miradas con The Neon Skyline, en tanto los Rolling Blackouts C. F. se inclinaron por el tono melódico sin perder la ruta rockera en Sideways to New Italy, su segundo álbum, y The Buttertones hicieron los propio con Jazzhound, metiendo un poco de surf en el garage.

Drive-By Truckers avanzaron otro tramo más en la carretera sureña de la integración de country, pop y rock con The Unraveling, también transitada con las direccionales bien puestas por The Jayhawks vía el consistente XOXO. Por su parte, Fleet Foxes entregó su cuarto álbum, el autóctono Shore, con referencias a los nativos americanos entre los habituales tapetes de folk rock, retomados con un mayor énfasis en términos de pop introspectivo por los Magik Markers, regresando con 2020; en tanto Eels apostó a esa melancolía rasposa en Earth to Dora para darle un lugar a la mujer del título, donde igual cabe la pérdida y la decepción. Bright Eyes volvió como proyecto para integrar country, góspel y folk con la clásica vocal lánguida de Oberst, bien envuelta en atmósferas melancólicas, en Down in the Weeds, Where the World Once Was.

A partir de un impredecible y contrastante armado de secuencias con una base pop, el estadounidense BC Camplight articuló el extrañamente envolvente Shortly After Takeoff, completando su trilogía de Manchester con toques de humor. Oneohtrix Point Never, el proyecto de Danile Lopatin, firmó el autorreferencial Magic Oneohtrix Point Never, orientándose hacia ambiente de mayor tranquilidad sin perder el poder de la chistera y Phil Elverum, vía Microphones, profundizó en su espíritu indie de amplificación situacional con Microphones in 2020. Con necesario recordatorio, Hamilton Leithauser integró The Loves of Your Life, combinando tesituras y ampliando instrumentaciones, mientras que Garcia Peoples, apelando a la comunidad, desparramó su rock con ligera progresión en Nightcap at Wits’ End.

Tame Impala entregó su cuarto disco The Slow Rush, sumando influencias a su consolidada sicodelia en tonos claros, entre ritmos con finos brillos que ralentizan el trayecto, mientras que The Killers mantuvo en alto el ímpetu con Imploding the Mirage, consecuente con su trayectoria emocional, veta también retomada por The Strokes en su sexto disco, el retador The New Abnormal, poniéndose a prueba para confeccionar un rock de anhelantes derroteros. Llegando a la decena de discos, Arbouretum grabó Let It All In, con esencias countryrock que se quedan en el paladar y de paso consolidándose como una banda de gran consistencia no siempre ubicada por el radar de los medios.

El trío de Houston Khruanbing entregó Mordechai, recibiendo influencias del rock, la sicodelia y el soul, además de ritmos más locales, mientras que con acentos sesenteros de un poprock que bebe influencias con naturalidad, The Lemon Twigs ampliaron rango con Songs for the General Public y Andy Bell plantea efusiones para cambiar puntos de vista en The View from Halfway Down, sin perder detalle armónico, también presente en la premeditada teatralidad de Circa Waves y su bipolaridad expresada en Sad Happy, llevándonos de la tragedia a la comedia sin pensarlo; en comparación, Porridge Radio y su rock efusivo nos deja de un solo lado en Every Bad.



 

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