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REFLEXIÓN

Tachas 400 • Redes. Culturas locales, información e híbridos • Héctor Gómez Vargas

Héctor Gómez Vargas

Azul Chávez
Azul Chávez
Tachas 400 • Redes. Culturas locales, información e híbridos • Héctor Gómez Vargas


¿Y si nunca fuimos modernos? Entonces la antropología comparada se volvería posible. Las redes tendrían un hogar.
Bruno Latour, Nunca fuimos modernos, p. 27

Primero

 

¿Por qué detenerse a reflexionar la edición 400 del suplemento cultural Tachas?

La pregunta puede llegar a significar algo más que la celebración por el logro de un considerable número de ediciones, sobre todo por el contexto social que se vive a nivel mundial, un momento de incertidumbre y de riesgos múltiples, donde lo social entra igualmente en una revisión debido a dos entornos que emergen.

Por un lado, el factor de lo social en el tiempo, su evolución y diferenciación hasta su configuración más reciente como una sociedad moderna. Hoy parece que se ingresa a un entorno del tiempo de esos cargados de borrosidad, como los llamó Hanna Arendt, o la transición a un nuevo régimen de historicidad, como le llamó el historiador francés Francois Hartog, para referir a aquellos momentos de la historia de las culturas del mundo donde se gesta un nuevo ordenamiento de la experiencia y la organización del tiempo dentro de la vida social.

Por otro lado, lo que se vive a nivel mundial bien puede referir a aquello que manifestaba Bruno Latour en la introducción de su libro Reensamblar lo social, cuando decía que el término “social” regularmente se refiere a “un estado de cosas estabilizado” y que puede servir para explicar un fenómeno, es decir, que ya está ensamblado. El asunto, principalmente, es no perder de vista aquello que se está ensamblando, lo que está en condición de emergencia, de latencia, lo que se está formando.

La pregunta por el suplemento Tachas, entonces, puede tener dos rutas, por lo menos: aquello que realizó para manifestar el ensamblado de la vida cultural de la región y del país, o bien, la revisión de lo que ha manifestado de lo que se ha estado ensamblando hasta llegar al presente. La segunda opción es la que puede llegar a colocar cierta distancia con las aspiraciones de otros suplementos culturales de ser agentes del quehacer cultural en el país, o, más bien, de reconocer su labor y su vocación de convocar a una serie de sujetos que social e históricamente se han ubicado como sujetos híbridos, como los llama en otro libro Bruno Latour, quienes ponen el acento más en los desperfectos de lo ensamblado, o en aquello que está borroso y en condición de emerger.

Un suplemento cultural como Tachas puede hacer visible que, dentro de una cultura local, de esas del interior del país, la institucionalización reciente de la vida cultural se manifiesta dentro de una vocación de lo que se pretende ensamblar dentro de su vida social que, siguiendo todavía a Latour, buscan hacer de la labor cultural una especie de llamado a que por fin somos modernos.

¿Por qué detenerse a pensar Tachas? La propuesta es que detrás de lo que ha publicado, de su permanencia, hay una insistencia de que, después de todo, en el pasado, no hemos sido modernos, y que en mucho de lo que se ensambla en el país, en la región, algo se ha estado formando en el ámbito de la cultura.

Segundo

 

Informar es por principio sobrepasar las resistencias del lugar y las opacidades que le son agregadas, para producir un sistema de la transparencia. Es dejar lo local y lo particular por lo menos familiar, por el más allá de las fronteras del lugar.
Michel de Certeau, La toma de la palabra, p. 137

En momentos cuando Francia ingresaba a la informatización, en su reporte “Lo ordinario de la comunicación”, Michel de Certeau refiere a la comunicación alrededor de dos ideas: por un lado, al lugar y a lo local y, por otro, a las redes.

Lo ordinario de las culturas locales implica las dinámicas de la comunicación: una dinámica en su interior, que le permite la continuidad, y la dinámica con el exterior, que tanto la alimenta como la infecta con información que la irrita e implica su transformación en el tiempo y el espacio. La información traspasa las resistencias del lugar, dice De Certeau, y ante ello las culturas locales se resisten y se nutren. La información es tanto lo que mantiene la forma de la cultura, tradicional, como la que diseña su transformación en una sociedad moderna.

Las redes son una forma de organizar las relaciones, los objetos, los saberes, las personas, los afectos, y por ello permiten observar su configuración como cultura local, es decir, la manera como se ensambla su vida social, pero igualmente su dinámica de cambio, es decir, lo que se está ensamblando.

De Certeau habla de una diversidad de redes que permiten el ensamblaje de la vida social, aquellas que tienen rasgos de institucionalidad, que les otorga legitimidad y estabilidad, igual que algunas de tipo informal. Dentro de éstas últimas, De Certeau refiere a un tipo particular de redes…

 […] a las cuales uno se acerca por pasión o por convicción compartidas: aficionados de la astronomía, de la informática o de la música, amigos de la naturaleza, adeptos a las medicinas alternativas, devotos de las sectas, militantes políticos, deportistas, etcétera. Todo un embrollo de líneas superpuestas atraviesa el cuerpo social que a la vez parece irrigar y restringir.

La forma como lo dice De Certeau podría remitir a lo que ahora son las comunidades digitales, sobre todo las comunidades virtuales de colaboración.

El libro de Henry Jenkins, Textual Poachers, exploró la manera como los fans hacen suyas las propuestas que hacen los medios de comunicación oficiales e institucionales. A la manera de una subcultura, las comunidades de fans se forman por afinidades específicas, y emplean distintas redes de interacción para dialogar, convivir, compartir. El trabajo en colectivo para la ruptura de la propuesta de sentido de los medios oficiales, y más bien, asignar otros sentidos más cercanos a las mismas comunidades, es parte del trabajo de los híbridos de Latour.

Tercero

 

Tachas no solamente ha sido únicamente una iniciativa que emergió dentro de una cultura local. Su presencia en el ciberespacio le da una condición y aspiración de red que favorece la difusión, el intercambio y la colaboración. En términos de Michel De Certeau, Tachas es una especie de esis medios articuladores que favorecen la difusión de ciertos saberes con su público lector.

Pero también permiten distinguir a algunos operadores que han sido “intermediarios y mediadores”, que identifican información útil y la retrasmiten “en una traducción particularizada”, es decir, traductores de la cultura:

[…] que decodifican y reconfiguran fragmentos de saber, los eslabonan, los transforman mediante una generalización, los transportan de un caso a otro por analogía o extrapolación, abordan semejante conjunción de acontecimientos mediante una comparación con una experiencia anterior y componen, en una práctica de lo ordinario, una lógica jurídica de lo general y de lo particular, de la norma, de la acción y del tiempo

A lo largo de 400 ediciones, es posible ver en Tachas a esos traductores de sus culturas locales. Esos híbridos que hacen traducciones de sus mundos y sus tiempos, y los comparten en red. Algunos son profesionales, otros no; quizá la mayoría no. Hombres y mujeres, tanto jóvenes como personas con más trayectoria, que escriben poesía, relatos de lo ordinario, cine, música, ensayos; crítica de arte, literatura, videos, películas, y que, por vocación y afición, la comparten. Personas que se pueden considerar como operadores de las culturas locales y traductores de la cultura, pues la mayoría pertenecen a distintas ciudades o regiones del país, incluso del mundo.

A sus cuatrocientos números, Tachas ha generado una cantidad de información de la sociedad que podría compilarse en varias antologías de poesía, de crónicas, de crítica cinematográfica, por sólo decir algunas de las posibilidades. Esas antologías podrían ser un antecedente de aquello que se traducía como previo al cambio de ensamblaje de la sociedad que se va a manifestar en los siguientes años. Sería el momento de comenzar a hacer un trabajo de traducción cultural de aquello que ha traducido a lo largo de los años mediante la intervención de múltiples operadores, articuladores y traductores.

Las redes no solamente una forma, tanto de operar en lo social, como de observar las operaciones de los traductores de la cultura. Esto abre otra ruta muy importante: observar a los traductores de las culturas locales que en el pasado actuaron a la manera de sujetos híbridos.

Héctor Gómez Vargas

León, Guanajuato

6 de febrero de 2021





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