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54 Mujeres • Yoko Ono, la mujer que no (sólo) disolvió a The Beatles • José Luis Justes Amador

José Luis Justes Amador

Yoko Ono 01
Yoko Ono
54 Mujeres • Yoko Ono, la mujer que no (sólo) disolvió a The Beatles • José Luis Justes Amador


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Yoko Ono, You Were Born Into A Rich, Aristocratic Family In Tokyo. Do You See That In Yourself?
Jan Jelinek

Una de las peores cosas que le ha ocurrido a la historia del arte, la única mujer que ha hecho todo absolutamente mal en su vida.
Un crítico cualquiera


Lo peor que le puede ocurrir a un artista, en cualquier disciplina, es ser recordado por las circunstancias de su vida o de su obra antes que por la verdadera valía de su obra. Uno de los casos más visibles de esa notoriedad a la inversa es, sin lugar a duda, el de la multifacética artista Yoko Ono. Tanto que es un tópico utilizar las expresión “ser la Yoko Ono” de algún grupo de personas para referirse a una persona del sexo femenino cuya presencia acabará por romper un grupo de amigos mayormente masculinos. Y esa fama es, precisamente, la que oculta la verdadera valía de la artista.

Su obra plástica y conceptual es amplia y se encuentra en todas las historias del arte contemporáneo que intenten ser exhaustivas y en todas las colecciones de arte del siglo pasado que se precie. Eso y la leyenda beatlesca que le acompaña siempre hace olvidar que además de sus extrañas piezas, una de ellas causa de su encuentro con Lennon, se encuentra una excitante música de vanguardia.

Hija de una acaudala y aristocrática familia, comenzó a aprender piano a los cuatro años, antes de ingresar en una de las escuelas más exclusivas de su país. Su infancia está marcada por la soledad y el recuerdo de la guerra, especialmente del bombardeo de Tokyo. De aquella época recuerda “la belleza del cielo”. A la vez que desarrollaba una temprana afición por el arte en general y la escritura y la música en concreto, logra ser la primera mujer admitida en la carrera de filosofía de la Universidad de Gakushuin, de la que se cansaría pronto, hasta reunirse con su familia en Scarsdale y comenzar otra carrera universitaria en el Sarah Lawrence College.

Durante esos años frecuenta al vanguardista La Monte Young y entabla una relación de amistad con John Cage y Toschi Ichiyanagi, que sería su primer marido. Ya en el verano de 1953 escribe su primera pieza musical, Secret Piece, influenciada por las partituras de Cage y lo que sería el movimiento Fluxus. Dos años después abandona la carrera, se casa con Toschi, y ambos se mudan a Nueva York donde en unos pocos años se la conoce como “la gran sacerdotisa del happening” por su labor de apoyo y difusión a las vanguardias de aquellos años. El departamento de la pareja en el 112 de Chambers Street se convierte en centro de presentaciones y eventos artísticos en los que cualquiera que fuera alguien en el mundillo artístico de la ciudad se dejaba caer. Además de sus amigos Young y Cage, Marcel Duchamp, Peggy Guggenheim, Jasper Johns o Robert Rauschenberg eran, entre otros, habituales de sus veladas.

Yoko Ono, Secret Piece
Secret Pieces, Yoko Ono

Tras divorciarse de su primer marido, Yoko se casó con el músico, productor y marchante Tony Cox, con quien tuvo una hija llamada Kyoto. El matrimonio fue un desastre, con secuestro de la hija y sectas includidos. En 1964, como artista independiente —incluso del movimiento Fluxus, del que voluntariamente se apartó para no pertenecer a ninguna escuela–, aparece su libro de poesía performática Grapefruit, con el que alcanzó una fama instantánea. Esa fama es la que la llevaría a la galería Indica en Londres, donde se produjo el encuentro, mil veces narrado, con John Lennon, de quien ella no sabía ni siquiera quién era.

Con el ex Beatle grabaría parte de sus temas más reconocidos, entre ellos los tirando a no tan grandes musicalmente “Give Peace a Chace” o “Happy Xmas (War is over)”, sin dejar a un lado la experimentación como aparecería en todos los discos de la pareja. Desde las larguísimas dos caras del “Two Virgins” al homenaje nada encubierto a John Cage “Two minute silence” o a los 21 minutos de “gritos primales” de “John y Yoko”, toda una experiencia para el escucha que, como ocurre con mucho del arte contemporáneo en otras disciplinas, duda de si eso es arte. Cualquiera de esas canciones o de algunas de las que se encuentran en los discos compartidos son muestra de los límites que en décadas siguientes muchos grupos intentarían superar, la mayoría de ellos sin nombrar a Yoko como una de las pioneras de esa expansión.

Sin embargo, algunos artistas sí la consideran como una influencia y un personaje importante en la evolución de la música popular moderna, y de la ingente obra de Ono destacan especialmente sus colaboraciones, que van de Thurson Moore y Kim Gordon —de Sonic Youth– a las remezclas bailables de Shitake Monkey, de las colaboraciones con el siempre inquieto Frank Zappa a canciones acústicas con Portugal, The Man, de Moby a los Pet Shop Boys. Y, por supuesto, Le Tigre. Es decir, todos ellos artistas preocupados por la música como medio expandible siempre y siempre inquieto.

 


PD: Para todos aquellos que piensan que Yoko se ha pasado la vida engañando a todo el mundo, puede consolarse pensando que, al menos, una vez alguien la engañó a ella. “Durante su vida, Dalí nunca se pudo resistir a un cheque. Una vez le vendió un pelo de su bigote a Yoko Ono. Bueno, casi, porque Dalí pensaba que Yoko Ono era una bruja y podría usarlo para algún tipo de conjuro. No quería mandarle un objeto personal, mucho menos uno de sus pelos. Así que me mandó al jardín en busca de algunas hebras de hierba seca, y se lo puso en una bonita caja de regalo. Esa idiota pagó 10.000 dólares por eso. Le divertía timar a la gente”. Lo cuenta Amanda Lear en una entrevista.

PD2: Y probablemente sea Yoko Ono la persona viva que más canciones tiene dedicadas, tanto para bien como para mal. Desde el glitch techno de Jan Jelinek con “Yoko Ono, You Were Born Into A Rich, Aristocratic Family In Tokyo. Do You See That In Yourself?” o el trip hop de Tosca con “Me and Yoko Ono”, pasando por la alegría pop de Barenaked Ladies con su “Be my Yoko Ono” a la respuesta casi country folk de Dar Williams con “I won´t be your Yoko Ono” o el hip hop anguloso de Red Boy con “Yoko Ono” o el happy punk de Clap Clap Riot con una canción titulada igual, hasta, entre otras muchas más, la directa descarga de Def Con Dos titulada “La culpa de todo la tiene Yoko Ono”.


 

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