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Spoilerama • Clarice: más cerca de CSI que de Hannibal • Óscar Luviano

Óscar Luviano

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Clarice (CBS, 2021)
Spoilerama • Clarice: más cerca de CSI que de Hannibal • Óscar Luviano



Se acaba de subir el segundo episodio de Clarice (CBS, 2021), una serie que trata de expandir el universo de morbidez y asesinatos creativos que Thomas Harris creó con Red Dragon (1981), novela pionera en el género de los serial killers en el que apareció por primera vez un tal Hannibal Lecter, personaje que sería determinante para la glorificación del criminal inteligente.

La Clarice del título de esta serie es la agente Starling del FBI, a quien encontramos de nuevo tras los eventos de The silence of the Lambs (novela de Thomas Harris de 1988 y adaptación fílmica a cargo de Jonathan Demme de 1991). Es decir: unos meses después de irrumpir en la guarida de Bufalo Bill y rescatar a la hija de una senadora. La serie propone seguir la carrera posterior de Clarice, y apuesta por un formato de “el caso de la semana”.

Vistos estos dos primeros episodios, hay que decir que la serie apuesta fuerte por el lado correcto de las cosas, y en el camino (me temo) pierde el alma de su franquicia. Aunque esto era de esperarse si se toma en cuenta que, debido a un litigio por derechos entre la Metro-Goldwyn-Mayer y Dino de Laurentiis Company, la serie no puede usar ni hacer alusión a la figura de Hannibal Lecter.

Esta fuera de duda si Clarice Starling es un personaje al que valga la pena seguir por sí mismo, al menos del modo en que Jodie Foster supo encarnarlo bajo la dirección de Jonathan Demme, con una mezcla de fragilidad y arrojo. Algo de ello hay en la Clarice que para esta ocasión trae la actriz Rebecca Breeds, con una chamarra de FBI que le queda grande (pues no hay modelo para mujeres de su estatura) y una mirada adolorida que lo dice todo al contemplar, por ejemplo, al padre recientemente viudo que no sabe cargar a su bebé. Ella es lo mejor de este intento. El problema es la envoltura.

En la anterior expansión del universo Lecter, la excelente Hannibal (39 episodios, finalizados en 2015), protagonizada por un Mads Mikkelsen que a ratos hacía olvidar a sir Anthony Hopkins, el productor Bryan Fuller apostaba por sumergirse en el universo mental y metafórico de un asesino serial, produciendo una propuesta visual tan deslumbrante como intolerable, en total sintonía con las intenciones de Thomas Harris: cuerpos dolientes reconvertidos en piezas de arte sacro, maniacos que “a fuerza de hacer lo que Dios hace, terminan por convertirse en Dios”. 

Si hay algo que elevó a la saga de Hannibal (Red Dragon, The Silence of the Lambs, Hannibal y Hannibal Rising) por encima de todas sus imitaciones fue la capacidad de Harris para retratar el horror con la estética del gran arte, explicando la moderna figura del asesino serial con las herramientas de Milton y Blake.

Clarice, la serie, muy en cambio, y tal vez como consecuencia de la amputación legal de Lecter, apuesta por el muy menor género del procedimiento policiaco, de manera que está más cerca de CSI que de The Silence of the Lambs, con narrativas y efectos más convencionales, y una puesta en escena que dentro de su contención o falta de imaginación, tiene entre sus escasos momentos de brillo aquellos en los que se recrean escenas de la película de Demme.

Hay dos cosas que Clarice hace bien, Muy bien, hay que decirlo, y lo que me desconcierta son sus efectos.

En la trama, Clarice, que tras el caso de Bufalo Bill se esconde tras el trabajo de escritorio, es obligada a salir de nuevo al campo. La senadora a cuya hija salvó ha llegado a ser fiscal general y quiere usar los talentos de Sterling para capturar a un nuevo feminicida en la ciudad de Washington.

Lo primero que hace bien la serie es olvidarse del culto a los asesinos seriales: apenas y comienza a investigar su nuevo caso, Clarice se da cuenta de que no hay un demente detrás, sino interesados en hacer pasar el asesinato de tres mujeres como crímenes al azar.

Tal como hiciera David Fincher en la segunda temporada de Mindhunter (Netflix, 2017) al centrarse en el caso de la desaparición de niños en Atlanta, Clarice retrata a la figura del homicida ritual como una cómoda coartada policiaca, para no ir a fondo en casos que no tienen como causal el odio de género, sino razones más mundanas e industriales.

Si quien me lee se remite al caso del Asesino serial de Ecatepec, podrá ver un ejemplo que nos toca muy de cerca.

Lo segundo que hace muy bien Clarice es retratar el respeto que merecen las víctimas. Aunque la serie transcurre en los noventa, entiende que ya no estamos en los noventa, y su protagonista insiste en respetar los cuerpos de las víctimas y les da nombre. Los cadáveres, como sucediera en la primera aparición de Hannibal, ya no son espectáculo ni pieza de arte malsano.

Por desgracia, tal vez consciente de que tiene cosas importantes por decir, Clarice las dice y no avanza más casillas en ningún otro sentido, quedando como otro programa de procedimientos más, convencional y derivativo.

Y esto es lo que incomoda, más que el hecho de que se use a Clarice Starling con estos fines: ¿Por qué una serie que hace las cosas que deberían hacerse en la vida real, termina por parecerme inane?

Sitio de la serie: https://www.cbs.com/shows/clarice/

 




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Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.


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