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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Con el desarmador en la mano • Los fugitivos, de Alejo Carpentier • Esteban Castorena Domínguez

Esteban Castorena Domínguez

Los fugitivos, de Alejo Carpentier
Los fugitivos, de Alejo Carpentier
Con el desarmador en la mano • Los fugitivos, de Alejo Carpentier • Esteban Castorena Domínguez


Se puede aprender mucho de la relación entre la música y la literatura de Alejo Carpentier. El ejemplo paradigmático de esta relación es la novela breve El acoso. Esta historia publicada en 1956 sigue a un hombre que está huyendo y se refugia en un teatro. En el recinto, la orquesta está a punto de tocar la Sinfonía “Heroica” de Beethoven. La música empieza a sonar y con esta inicia un monólogo interior donde el personaje recuerda todos los acontecimientos que lo obligaron a huir.

Carpentier escribe la novela de tal forma que la experiencia de lectura se enriquece si se escucha la sinfonía de Beethoven al mismo tiempo. Los compases de la melodía y las palabras del autor cubano se entrelazan y causan en el  lector la sensación de convertirse él mismo en el protagonista de la obra. Es el lector/personaje quien está escondido en el teatro con Beethoven de fondo.

Diez años antes de El acoso, Carpentier ya había jugado con las herramientas que la música ofrece al ejercicio literario. Los fugitivos se publicó en 1946 entre las páginas de El Nacional de Venezuela, luego de que el cuento resultara ganador en un prestigioso concurso organizado por el mismo periódico. Tal como lo sugiere el título, el relato sigue los pasos de dos personajes que huyen. En este caso el lector acompaña a un perro que abandona a su jauría y a un negro cimarrón que escapa de un ingenio azucarero.

Los fugitivos es una verdadera cátedra sobre las posibilidades en la forma de construir un cuento. Carpentier narra la fuga de sus personajes al tiempo que emula la estructura de una fuga musical. En Cómo escuchar la música, Aaron Copland explica que este tipo de composiciones son polifónicas (también llamadas contrapuntísticas). “La música escrita polifónicamente exige mucho de la atención del oyente, porque se mueve según hebras melódicas separadas e independientes que, juntas, forman las armonías”.

En literatura un relato polifónico suele ser aquel que tiene más de un narrador y, por ende, más de un punto de vista desde el cual se cuenta la historia. Los fugitivos tiene sólo un narrador omnisciente, pero ello no hace al relato menos polifónico. Carpentier vuelca en sus personajes y en sus acciones el equivalente a las voces de la música. Interactúan, a veces se complementan y armonizan, pero a veces disienten y se alejan.

Tal como dice Copland sobre las composiciones polifónicas, el cuento de Carpentier exige varias lecturas para no perder detalle. A través de estos dos personajes/voces el autor logra el contrapunto de la fuga y logra contrastar elementos como lo humano y lo bestial, lo civilizado y lo primitivo, la razón y el instinto. Todos los elementos están hilvanados mediante las frases largas y barrocas tan características de Carpentier. Además, en la prosa se privilegia la sensorialidad, pues el relato está plagado de los olores de la selva, del calor tropical y del miedo a los perseguidores.

 

En este caso la exposición ocurre en el segundo 0:08, la segunda voz imita a la primera en el segundo 0:25. La tercera y cuarta voz se incorporan al 0:47 y al 1:03 respectivamente.

Lo más común es que una fuga comience con una exposición, es decir, ya desde los primeros compases el compositor muestra a los oyentes cuál será el tema o melodía recurrente a lo largo de la pieza. Esta voz será la que predomine y marque la pauta para las que están por venir. La polifonía comienza cuando otra voz entra en juego mediante una imitación en la que emula el tema anteriormente expuesto. De ahí en adelante, las voces empiezan a dar forma a la composición.

Carpentier expone la voz principal al inicio del relato: Perro. Si bien al comienzo de la historia Cimarrón ya escapó del ingenio, ello no implica que sea él la voz principal. Es la fuga de Perro, la ruptura que tiene con los suyos mientras está en plena persecución del negro, lo que guiará la acción del relato. Es muy importante mencionar que Perro abandona su jauría cuando percibe el olor a hembra, se deja llevar por este rastro y comienza a alejarse de los suyos. El encuentro entre las dos voces ocurre en la segunda parte del relato. Los fugitivos se levantan por la mañana y descubren que han dormido abrazados. Perro cambia de bando, ahora su olfato está atento a la presencia de los blancos y a sus animales de caza. Desde aquí comienza el diálogo en el contrapunto, concuerdan en lo que han de hacer para sobrevivir.

Hay un momento en el relato en que Perro y Cimarrón roban a un calesero y a un sacerdote. El robo ocurre gracias a que el animal corre para asustar a la yegua que jalaba la calesa. Cimarrón está a punto de golpear a su compañero como castigo por lo que ha hecho pero, justo en ese momento, el hombre se da cuenta de que puede aprovechar la situación y hacerse con algunas cosas del párroco y su cochero. Esa tarde en la vida de los fugitivos concluye con Cimarrón recordando los placeres de antaño, en especial la compañía de una mujer.

De lo anterior hay dos cosas destacables. Confirma que las acciones de Perro son las que van guiando el relato y, por otra parte, la mención que hace el narrador a los placeres que extraña Cimarrón ayudan a marcar la pauta de quién sigue a quién en esta fuga. Hay que recordar que Perro escapa por el olor de una perra. Más adelante en el relato, el animal tendrá un encuentro con una perra inglesa. Este evento ocurrirá antes de que Cimarrón haga lo propio con una mondonguera y sea por esta aventura que por fin logren capturarlo. Perro es la voz que marca el tema de la fuga, va siempre un paso delante del Cimarrón que, de alguna manera, imita a su compañero.

Si para el momento de la captura de Cimarrón ya había disenso entre las voces de la fuga (pues desde el robo Cimarrón se vuelve imprudente y se acerca al pueblo más de lo necesario, mientras que Perro se mantiene a una distancia segura), la captura del hombre termina por separarlas definitivamente. Ambos deben ir por caminos separados.

Guiado una vez más por el olor a hembra, el animal encontrará consuelo de vuelta entre los suyos, en el vientre de una perra gris. El negro logra escapar una vez más, Perro y Cimarrón vuelven a encontrarse, pero este encuentro no puede ser igual al anterior. Una de las voces ha cambiado y ya no logra armonizar con la otra.

 

Si quieres leer el cuento, lo encuentras aquí

 


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Esteban Castorena (Aguascalientes, 1995) es Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Por su trabajo como cuentista ha sido becario del Festival Interfaz (2016), del PECDA (2016) y del FONCA (2018). Su obra ha sido publicada en diversos medios impresos y digitales. Gestiona un sitio web en el que comparte sus traducciones de literatura italiana (http://elmetagrafo.com.mx).

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