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MEMORIA

Tachas 411 • Del arte rupestre al grafiti, esquina con halcones • Yara Ortega

Yara Ortega

Mural 'En memoria de mis carnales' - La Piedad, Michoacán
Mural 'En memoria de mis carnales' - La Piedad, Michoacán
Tachas 411 • Del arte rupestre al grafiti, esquina con halcones • Yara Ortega

 

Referirnos al street art o al arte urbano puede infartar a la academia.

El rayoneo, con firmas, seudónimos, consignas o mensajes cifrados; con letras bomb o góticas; donde a la territorialización o demarcación gráfica se van encimando a favor o en contra, es lo más común. Este medio, como comunicación, es altamente valorado por vándalos y raterillos, que en un símbolo o letra anuncian en su lenguaje convencional el número de habitantes, vehículos, horarios, e incluso, posición económica o social del propietario o residente. Es el caso de la casona paterna, cerca del barrio de La Estación, donde el color morado y un círculo con una x superpuesta, además de otros signos, indicaban que estaba sola, que era segura para pasar hasta tres noches, que no había chota ni rondín. Y ya luego me fue explicando el guía dónde buscar en la estación de ferrocarril qué símbolos, colores y direcciones constituían un verdadero directorio como de Bed&Breakfast: había tienda de conveniencia en la contraesquina y el mercado a dos cuadras.

Los antropólogos ubican el surgimiento del Arte Mural en Lascaux, Francia; así como en otras cuevas y oquedades, refugios donde el Homo hábilis imprime la huella de sus manos o figura animales y seres antropomorfos muy estilizados, usando sangre y carbón para luego utilizar pigmentos vegetales o minerales, lo que significa un avance de lo monótono al policromar sus creaciones. Mucho se ha especulado sobre la identidad de los autores, pero también de las figuras; ya que algunas muestran características particulares, a las que se ha llegado a identificar con dioses o habitantes del cosmos.

Sin embargo, la sedentarización de grupos nómadas (ubicados y datados por evidencias arqueológicas) se empareja con la complejización de utensilios de talla o cerámicas, que primero se van afinando en su factura y luego en su embellecimiento, primero con motivos lineales o puntiformes, evolucionando a geométricos, florales, animales y finalmente antropomorfos o mixtos.

Se llama tradición al grupo etnogeográfico que comparte estilos y colores en formas comunes (La Chupícuaro es distintiva dentro de la cultura p’urhépecha de la zona lacustre michoacana por sus tonos ocre y crema, así como los motivos florales en técnica de puntilleo grueso que aún pervive en Capula, cerca de Morelia). En estas zonas se hallan tumbas de tiro individuales o colectivas, que contienen las cocuchas o vasijas de barro como cántaros de dimensiones muy grandes, usadas para reservar restos áridos de humanos y otras pequeñas con animales, resguardados en textiles para conservar el conjunto. Aquí se hallan evidencias de decoración en las paredes, si bien los ritos funerarios son complejos en su preparación (algunos pocos humanos conservan su baño de cinabrio); los ornamentales en paredes son muy simples.

En cambio, las civilizaciones más desarrolladas tales como la griega, egipcia, minoica, y especialmente la romana, convierten el ornamentado de casas, comercios, templos y palacios en un oficio especializado, al utilizar pigmentos y herramientas, combinando patrones geométricos y antopo-zoomorfos, en composiciones utilitarias aunque de exquisita factura, que perduran hasta la actualidad. Aparece otro tipo de ornamentación suntuosa: el mosaico que combina piedras o vidrio coloreado. En sitios como Roma o sus colonias, se han hallado promocionales en latín y griego para orientar al forastero sobre merenderos, tiendas o prostíbulos, destacando incluso las virtudes y precios de su oferta.

En Tenochtitlán y Teotihuacán, así como entre los mayas y toltecas y los asentamientos que estuvieron bajo su hegemonía o influencia político-comercial, es posible rastrear las rutas de la corriente migratoria, gracias a la conservación de las tradiciones estéticas y su fusión con las locales, con un florecimiento y vigor inusitado durante el período clásico y epiclásico, que fue decayendo en su expresión autóctona hasta desaparecer y luego tomar nuevos bríos a finales del s. XVI y XVII, conservándose en los códices que a semejanza de la escritura ideográfica egipcia, los colores, tamaños y formas, así como la dirección a seguir en la interpretación, sugieren la existencia de un metalenguaje encriptado, que hacía su contenido aún más ininteligible para el profano.

La llegada de evangelizadores que trajeron la religión católica dio un nuevo giro a la iconografía. La Ruta de las Misiones, que desplanta en Querétaro y se ramifica hasta la zona de las Huastecas, es prueba de ello. Se mestiza la tradición judeocristiana con la cosmogonía regional, plasmándose en los murales de casas, conventos, iglesias y palacios, integrándose con la talla de piedra y maderas, en técnicas de temple, fresco y estofado. El ejemplo más claro es la iglesia de Santa Rosa de Viterbo: contrafuertes y arcos invertidos y los remates de gárgolas con rasgos indígenas. Igual ocurre en el Convento de la Santa Cruz, en la cúspide del Cerro de San Gremal, donde desgraciadamente se realizaron innumerables intervenciones a salud de la moda imperante: las pinturas originales se cubrieron primero de un rosa frenesí y posteriormente de blanco, lo que dañó en su mayoría los decorados primigenios.

Pero del sincretismo religioso surge un tesoro para el ojo: los exvotos, donde se testimonia por el patrocinador el favor del santo aludido, acorde al peculio del socorrido. Desde pequeñas hojillas de lámina hasta fastuosos herederos de la escuela flamenca y catalana.

El devenir del tiempo y sus fortunas, así como la movilidad migratoria interna y externa, receptora y expulsora; a la ciudad desde el campo y al extranjero desde ambas, han llevado y traído formas y colores manifiestos en el vestir, el lenguaje y el arte en todas sus manifestaciones.

La territorialidad como forma de pertenencia es manifiesta en la conformación de barrios que se heredan al paso del tiempo. De la urbe prehispánica a la metrópolis renacentista, agrupa y clasifica gremios, oficios o niveles económicos. El Barrio de Arriba y el de Abajo, así como el de Curtidores, se hallan localizados en La Piedad, Michoacán como La Purísima, Perros Bravos y Banquetes, que son los de más antiguo fundo.

Aquí Las Colonias (predios adquiridos, administrados y asignados por sacerdotes y curas a los obreros cooperativistas postcristeros hasta la Teología de la Liberación), igual que La Inmaculada en Morelia y previamente San Juan en Guadalajara, parten de la congregación de los originarios en torno a la ermita-capilla-iglesia que adquiere su denominación por la imagen o advocación de la dedicación. Emergen de la figura real de la encomienda y otorgan, merced al avecindamiento, la seguridad de aprender y ejercer con cierta libertad un oficio (artesano, comerciante o arriero) en la figura social de cofradía en la que origen, vecindad u ocupación son la base de integración de la identidad.

Y de la identidad-pertenencia surge la sempiterna imagen de la superioridad, basificada a su vez en el desarrollo y urbanización del rumbo, poligonado por los accesos y controlado por garitas y resguardado además de tapias y muros, por el santo y seña, caso que ha dado hasta el nombre al famoso Tepito.

En la modernidad, conglomerados emergentes en las megalópolis como Chinese Town o El Barrio de Dolores con los chinos y orientales; Little Italy o La Habana Chica llevan a la necesidad de manifestar su origen para legitimar su estadía justificada en el paisanaje. Así como la comunidad afroamericana trae ritmos caribeños fusionados a otros mestizos para validar el soul, blues, reggae, rock y el hip-hop, los europeos hacen su aportación al tango, la milonga y la chilena, luego del vals y la polka.

En nuestra región, de vocación migrante mixta, hallamos toda esta mixtura en la música chicana, cachanilla, texmex, norteña, ranchera como géneros modernos; en tanto la cumbia, balada y el bolero es la época de oro hasta la involución a la regional mexicana o lo que esto signifique, al parejo del rap y reggaeatón.

Cada una de estas etapas, capas o eras culturales, han traído la manifestación iconográfica que sirve como referente temporal o geográfico.

El asunto se pone de la rayada

La rayada, que testifiqué, comenzó en los postreros 70: rayones en paredes (blancas preferentemente) que figuraban un cholo: sombrero pachuco, lentes oscuros, barba en piocha; en los tempranos 80’s se agrega camisola cuadrada de manga larga y pantalón holgado, que era en un principio la ropa de trabajo en los campos hortícolas de California, usados por los caracoles (unos babosos en concha -ranfla o auto Cadillac -), así como las camionetas tipo Van tripuladas por varones, también llamados empapelados, que obtenían o rentaban la green card (visa de inmigrante) o la aidi (identificación de residente). Los vatos cargaban grabadoras con luces, a pilas. Bailaban break-dance y había guerras y desafíos en los patios de las escuelas o la plaza principal. Tatuajes discretos de águilas, caballeros aztecas y mujeres de largas cabelleras lacias y rasgos autóctonos eran hechos en sitios cubiertos por la ropa. L.A. o N.Y. eran clásicas, en tipo imprenta, en hombros y pecho. Surgieron los primeros Fovissstis e Infonavit. Las videocasseteras no eran comunes, se rentaban videohomes de ínfima calidad y bajo presupuesto, con temáticas de narcotráfico y asesinatos por traición o celos. Clones de Rambo estelarizadas por los Hermanos Almada. Funcionaban los Cines Gemelos, el Lázaro Cárdenas y sus funciones de media noche a las ocho, con sexycomedias, en tanto el Diana se enfocaba más a la temática clásica. Las Boy-Bands hacían aún furor. Timbiriche se presentó en el Lienzo Charro junto a Flan’s y Luis Miguel. Emmanuel canceló en el Lázaro Cárdenas, porque no se vendió el cupo completo. A finales, cuando Televisa campeaba con el Rock en tu Idioma y el Glam Rock llegaba como The Cure para ser Caifanes o Soda Stereo en estas latitudes, la camisa Levi’s y los Baggies con calzado Converse o Top Sailer era el uniforme convencional de los hijos de emigrados. Las placas con el nombre del propietario o su novia, ensartadas en cadenas torzales o en forma de esclava, fueron aumentando el tamaño y bajando su kilataje, al tiempo que se iban llenando de circones imitando diamantes.

En los tempranos 90, con los Van’s en colores pastel, combinados con camisas a rayas y calcetines de color dispar y lentes aviador de Ray Van abrieron la brecha económica entre el residente converso a ciudadano americano; comienza a surgir la gangueada o pertenencia a la ganga o pandilla. Potre Rifa era el grito de los adolescentes oriundos o vecinos del más antiguo asentamiento local. SUR13 comienza a aparecer en las combis y camiones urbanos, tachado o superpuesto a MS13 en tipografía gótica; ya en la época en que la Vasco y Los Laureles daban cabida a quien tuviera un ciento de tabique y pasara por alto la urbanística básica, en la forma de La Panamericana y La Escondida. Igual, se fusionó Banquetes con El Campestre y El Ranchito, éste último patrimonio de albañiles y alarifes. El arroyo encofrado de Enrique Ramírez dejó de ser el finisterra para convertirse en el Fraccionamiento Rojas, que fue expulsando a sus primeros colonos para dar paso a residencias faraónicas y casas clase media-alta. Los tatuajes de La Santa Muerte al alimón con La Guadalupana fueron ocupando los pechos y espaldas de los que hicieron el norti. Pero también surgieron lágrimas en la comisura de los ojos y telarañas en el pliegue del codo, señales de haber perdido a un compa; y de la estadía en prisión que generó la deportación. Las fotos de amigos o familiares mostraban posturas extrañas, y se formaban letras con las manos y dedos, indicando el barrio que respaldaba a la ganga. Los fondos ya no eran las casas, sino muros con las iniciales o apodos de los caídos, a manos de la justicia o de la pandilla rival. Los portales del centro dejaron de ser el feudo de la gente bonita para verse colmadas de cholos y americanos. La cerveza se vendía abiertamente, y los compas pesados se apoderaron de las ventanas del Café del Portal y las Tertulias dominicales dejaron de traer a los Bukis para darle cartel a Los Temerarios y los jueves a los sonideros como Polimarch. Los salones de fiestas se habilitaron para proyectar videos bajados de MTV por parabólica, y en la terraza se quemaba mota, por los mismos que reprobaban más de cinco materias, por huírsela con las chavas de ambiente que fumaban marihuana, bebían Cazadores y cerveza antes, durante y después del sexo indiscriminado al pie del Reloj de Ciudad del Sol, todo antes de las nueve de la noche. Inició trasmisiones la XELC en formato DUAL-Stereo digital (la primera en México), y programaba a Televisa y Azteca. El graffitti free-style comienza a tomar forma. Empieza el conteo de trabajadores agrícolas que llegan cansados, han perdido peso, padecen del pulmón y desarrollan extraños tumores, para morir antes de que llegue la siguiente contrata. Sus esposas se contagian. Aparece la trata de blancas como fast-bisness: 20 dólares por 5 minutos en cajas de tráiler, a pie de surco.

El milenio se recibió con una misa en la pérgola del Teatro del Pueblo, después de la Sesión Solemne de Cabildo con la que inició una administración municipal que rompió con la hegemonía del error de los 70 años. El Charro de San Francisco había hecho campaña y la nice pipol le dio la Presidencia. Por primera vez hubo discrepancia entre los Tres Poderes y el Municipio Libre empieza a arder en la vecina Santa Ana, de donde venían cada vez más pobladores a empoderarse en las esquinas de la Plaza. Aumentaron los asaltos en el tramo de Los Puentes y el Boulevard. Sonaba en la radio Short Dick Man, mientras en los carros Cártel de Santa atronaba igual desde los camionetones tripulados por mujeres que con placas de Nevada, California, Illinois, Carolina y NY exhibían sus senos, brazos, espaldas y piernas bronceados, tatuados ya de modo profesional con el nombre de los hijos, retratos de los padres, águilas calvas, fechas, cruces, calaveras, flores… y el trasiego de estupefacientes comenzó a cobrar vidas, dejando viudas de menos de veinte años. Los graffittis empiezan a salir de la ilegalidad gracias a un colectivo de tatuadores y grabadores de la vieja escuela, que gestionan permisos de la autoridad para dignificar muros y fachadas de las que ya se identifican como zonas de conflicto y trabajan con artistas gráficos y creadores académicos. El SIDA cobra víctimas más visibles, en personajes emblemáticos a nivel regional. Los ricos arreglan sus problemas con el exótico viagra.

Pero también en esta década, los primeros tatuadores locales, además de reproducir los modelos importados, comenzaron a diseñar tribales y fusiones. En ésta época se afama El Compa Sacra, dan sus últimos fulgores Las Jilguerillas y los hijos Fernández y Aguilar hacen balada ranchera, que se escucha a la par de Juan Gabriel, Thalía, Luis Miguel, Carlos Vives, Gloria Stefan, Shakira; en tanto, la banda sinaloense difunde corridos pesados de los jefes de jefes. Las armas de grueso calibre ajustician deudas, dejando mensajes a la competencia, importando ya no sólo la cocaína colombiana y distribuyendo algo más que la Acapulco Golden. Gloria Trevi retoma sus fueros y se convierte en el símbolo de la comunidad diversa. Las amas de casa acuden al casino para divertirse un día a la semana y calman su ansiedad con pastillas, que hace diez años eran prescritas y luego vendidas libremente bajo el nombre de Prozac. Ahora se conseguían más fácil y eran más baratas. Igual, el sildenafil o viagra: lo encuentras en supositorio, cápsula, comprimido y gel, en las cada vez más comunes Farmacias de Genéricos. Pfizer había vendido ya más de 260 millones con su patente. Pero también aumenta la tasa de suicidios y la muerte por sobredosis de tachas y pericos. Proliferan los cibercafés, que permanecen abiertos hasta las diez de la noche, para que los niños lleven a imprimir las tareas que se hacen en equipo en casa del que tiene compu. Llega el PlayStation. Y la cultura chola-gangsta se populariza en el videojuego St. Andreas. Rápido y Furioso comienza su saga. Ahora los niños en la calle se alimentan de Maruchan, mientras con su propio celular halconean para las bandas del barrio y en la sala de su casa se entrenan para sicarios. Empieza a llegar una música gangosa, tediosa por repetitiva. Y en primaria y secundaria las tablas rítmicas llevan por música al nieto abortado del reggae, el perreo. Por fin, las autoridades toman en serio a los jóvenes, creando espacios y presupuesto para tratar de disuadirlos de los resultados de la política armamentista de USA, que tiene como nombre clave la saga de la década, y de las consecuencias en la falta de control en la importación de antigripales.

A todos preocupa, pero nadie se interesa.

 



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