viernes. 28.01.2022
El Tiempo
Es Lo Cotidiano

EL HOMBRO DE ORIÓN

El Hombro de Orión •Lady Macbeth: Los rostros de lo femenino • Juan Ramón V. Mora

Juan Ramón V. Mora 

Lady Macbeth (2016) - Fotograma de la película
Lady Macbeth (2016) - Fotograma de la película
El Hombro de Orión •Lady Macbeth: Los rostros de lo femenino • Juan Ramón V. Mora

En la Inglaterra rural de mediados del siglo XIX se celebra una boda arreglada. El plano es ocupado por el rostro de la novia, Katherine (Florence Pugh). Vemos cómo se come las palabras en el himno religioso. Parece una viajera en el tiempo sin respeto por lo que sucede a su alrededor. En las escenas siguientes se nos muestra cómo el rigor de su familia adoptiva le vuelve insoportables los días. En ausencia de su esposo, la nueva señora de la casa descubre que su instinto la guía hacia uno de los empleados de cuadra (Cosmo Jarvis). Sus acciones tendrán consecuencias trágicas.

El relato de Lady Macbeth no está basado en la obra de Shakespeare, sino en "La Lady Macbeth del distrito Mtsensk", del escritor ruso Nikolai Leskov. En ese título, "Lady Macbeth" es un modo genérico de referirse a cierto tipo de mujeres: frías, crueles, calculadoras, dominadas por el impulso.

El contraste entre el interior austero de la casa señorial y lo tempestuoso del paisaje abren una grieta que también corre por el personaje principal, quien se ve sometida al mando estricto de una tradición agobiante. Se la obliga a permanecer dentro del corsé, dentro del vestido, dentro de la casa y de las buenas costumbres. Cuando tiene la menor oportunidad, aprovecha para escapar a su ambiente preferido: las colinas, los bosques, las praderas. El espacio abierto y el placer de lo natural.

La tradición que encarna la familia de Katherine es un esfuerzo para distanciarse de los enredos que supone la feminidad terrestre. Este modo de experimentar el mundo busca mortificar la materia y elevarse por los aires hacia la pureza del espíritu. Lo que no ven es que entre más se separan de lo que consideran peligroso, más lejos están de la raíz vital. Los que viven de esta forma se vuelven vulnerables a la reacción de todo lo que se habían esforzado en negar. El alma, envenenada por el encierro, regresa como Furia enloquecida para saldar las cuentas. La catástrofe palpita debajo de los vestidos satinados.

En otras épocas se hubiera dicho que a Katherine la poseía un demonio. Esto no es tan descabellado si pensamos en los demonios como meros espíritus de lo salvaje, desterrados al infierno con la llegada del cristianismo. Como seres naturales, su moralidad es cuando menos ambigua. Son agentes de la pasión y del caos. Moran en el ocio y el exceso. Katherine, resentida, se vuelve una criatura tan amoral como un torrente montañoso que no se detiene ante nada. La vida humana palidece contra sus apetitos.

William Oldroyd se las ha arreglado para que en su película las imágenes comuniquen más que las palabras. Los diálogos son escasos y precisos. La luz suave que corre por los ventanales transmite la sensación de un mundo apacible y ordenado, en el que todo ocupa el lugar que le corresponde —como un cuadro de Van Eyck. El mismo ojo contemplativo y preciosista nos presenta tempestades, anarquía y un caballo putrefacto. La cámara equilibra los dos aspectos con calma y belleza.

Lady Macbeth Nos recuerda que la muerte y la crueldad también son rostros de lo femenino. Somos criaturas de la naturaleza y en cualquier momento regresaremos a ella.  Todo lo nuevo es una promesa de la muerte. Quedamos advertidos.




***
Juan Ramón V. Mora (León, 1989) es venerador felino, escritor, editor, traductor y crítico de cine. Ganó la categoría Cuento Corto de los Premios de Literatura León 2016 y fue coordinador editorial en la edición XXII del Festival Internacional de Cine Guanajuato. Escribe sobre cine en su blog: El hombro de Orión.


[Ir a la portada de Tachas 414]

Comentarios