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CONDUCTAS DE AUTOCUIDADO

La cultura de la diabetes • Maricruz Romero Ugalde

Maricruz Romero Ugalde

Maricruz Romero Ugalde
Tachas 421
La cultura de la diabetes • Maricruz Romero Ugalde

 

En la entrega anterior prometí hablar de los tipos de diabetes y la importancia de las conductas del autocuidado. Esta información es posible encontrar fácilmente en la web.

Existen distintos tipos de Diabetes Mellitus (DM) aquí sólo nos centraremos en las dos más frecuentes:  la DM Tipo 1 es cuando las células beta del páncreas desconocen y destruyen la insulina a partir de nuestro sistema inmunológico, este tipo de diabetes se conocía también como Diabetes Juvenil. Hay otra, DM Tipo 2 es por resistencia o deficiencia de la insulina relacionada más con la herencia genética y nuestras conductas vinculadas a las maneras de alimentarnos, el tipo de actividad física que realizamos, el descanso o manejo del estrés. Los síntomas que generalmente se presentan son polidipsia (sed excesiva), polifagia (mucha hambre), poliuria (ganas de orinar con frecuencia), pérdida de peso en un periodo breve sin causa aparente y visión borrosa. Hasta el momento no hay cura para quien ha recibido el diagnóstico, sólo se puede controlar o prevenir. Aprender a vivir con “el diabetes” implica conocer cómo impactan las conductas del autocuidado en el cuerpo de cada persona. Para la American Association of Diabetes Educators (AADE) son 7 conductas: Alimentación Saludable, Activación física y ejercicio, Automonitoreo, Tratamiento farmacoló-gico, Solucionar problemas, Reducir riesgos y Actitud saludable. Mientras para la Australian Diabetes Educators Association (ADEA) son 8, agregan la necesidad de conocer la enfermedad y su impacto; además, cambian el orden y las expresan de manera diferente. Veamos cómo: 

 

  1.   Entendimiento del proceso de la diabetes y las opciones de tratamiento para realizar elecciones informadas de salud y estilo de vida.
  2. Incorporación de la actividad física en la vida diaria.
  3. Elecciones apropiadas de alimentos.
  4. Uso de medicamentos para la efectividad terapeútica.
  5. Monitoreo de la glucosa en sangre y el uso de los resultados para mejorar el control de la diabetes.
  6. Resolución de problemas para los niveles elevados y bajos de glucosa en la sangre y para los días de enfermedad.
  7. Reducción de los riesgos de las complicaciones crónicas.
  8. Adaptación saludable a los roles en el trabajo, la familia y sociales.

 

La clasificación y las propuestas de cómo prevenir o mejorar la calidad de vida de quienes viven con el padecimiento nacen desde la biomedicina, esto es un paleativo para una pandemia que desde mi hipótesis en realidad es un resultado de un modo de vida dominante resultado del modelo económico que ahora podríamos identificar como capitalismo global.

 

La cultura de la diabetes, es una expresión en el sentido que se le da a la existencia de la cultural juvenil, cultura laboral, cultura de paz, cultura maya, es decir, una cierta expresión de manifestaciones sociales que permiten percibir formas de interacción específicas que integran, reproducen, identifican a grupos sociales específicos. Visto así se torna necesario analizar cómo la biomedicina es el resultado de una forma de vida que ha generado una cultura de la diabetes, meta que iremos desarrollando en la serie.

 

Los estudios antropológicos sobre la diabetes se han abordado desde diferentes perspectivas: Antropología Médica, Antropología de la Salud, Antropología Simbólica entre otras, nadie ha referido, o por lo menos no lo he encontrado, hasta ahora una propuesta como Etnología de la Diabetes, cabe preguntarse ¿por qué? Sí, hay investigaciones desde la antropología médica sobre la presencia del padecimiento en población originaria por ejemplo el libro de la colega Smith-Morris Diabetes among the Pima. Stories of Survival (2008)[1] y muchos trabajos al respecto, pero en una sociedad compleja como la actual hacer referentes a las etnias parece obsoleto, no obstante plantearé una reflexión sobre la cultura de la diabetes que pretende demostrar que por los patrones de consumo actuales y la adopción del ritmo de vida productivista es posible hablar de la especie como la “etnia” de los homínidos, específicamente el homo sapiens sapiens.

 

Para ello, la reflexión se sustenta en un vaivén entre dos conceptos de cultura disímbolos, por un lado el propuesto por Tylor “La cultura… en su sentido etnográfico, es ese todo complejo que comprende conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre en tanto que miembro de la sociedad.”[2] Este lo emplearemos más como una referencia descriptiva para después interpretar lo enunciado considerando lo que propone Geertz y que sintetiza Nivón “los símbolos significativos se hallan en "racimos" --constituyen "sistemas o estructuras"-, pero ellos no son explicados como respuestas a los problemas de la existencia humana (universales) sino como soluciones humanas a la vida cotidiana (diversas) a través de las cuales llegamos a comprender lo universal” [3]

 

En la sociedad moderna actual dominante existe una lógica individualista que se expresa de manera más o menos homogénea en relación con la libertad de las personas de vender su fuerza de trabajo a quién la requiera y le interese. No ahondaré en todas las implicaciones de esta aseveración, me circunscribo al hecho de que para poder vivir se requiere del equivalente universal llamado dinero y para obtenerlo el ideal es trabajar. La escuela entre sus múltiples funciones es una forma de adiestramiento para disciplinar al ser humano en el cumplimiento de jornadas, que después se emparentarán a “jornadas laborales”. Desde el siglo XX, fue un logro el establecer jornadas de 8 horas. En estos momentos de crisis mundial resultado de la nueva pandemia provocada por el SARS-2 donde mucha gente se ha quedado sin empleo y otra, que lo conservó ha sufrido estrategias como los descansos obligatorios, la reducción salarial o incluso, la explotación al cumplir las funciones de diferentes puestos. Estas 8 horas de trabajo productivo, nos sirven para pensar ¿cuánto tiempo se requiere para lograr calidad de vida? Si, en términos de cuidado de la salud se requiere por lo menos de 8 horas de sueño para reponer el desgaste, sumado a las 8 horas un adulto en edad productiva y con empleo, o incluso empleador cumpliendo la jornada, sería un total de 16 horas, si cada día tiene 24 horas, restan 8 horas para la reproducción social que por lo menos incluye el alimentarse, dejemos 3 horas -una hora por alimento considerando desayuno, comida y cena tomando en cuenta una preparación rápida y consumo de 30 minutos- en esta lógica de las 8 horas que teníamos quedan 5, en una ciudad mediana con traslados cortos el ideal sería invertir mínimo 1 hora, quedan 4 para todo lo demás: recreación, pagos de servicios, consultas médicas, trabajo doméstico, entre otros. ¿Realmente podemos tener calidad de vida en este modelo económico? ¿Cuál es el problema real cuando la Organización Mundial de la Salud registra el desarrollo exorbitante de la diabetes? Lo iremos desarrollando en las próximas entregas dedicadas a cada una de las 8 conductas del autocuidado propuesta por la ADEA privilegiando el análisis desde cómo se presenta y atiende la diabetes en diferentes países. Hasta entonces.

 




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Maricruz Romero Ugalde. Mujer curiosa y risueña ejerce el oficio de la antropología y su pasión, el cine.  Su sueño de vincular ciencia y arte lo ha puesto en práctica al fundar y coordinar desde 2007 el Lab ETNOAI de la Universidad de Guanajuato. En sus 30 años de haber migrado de la Ciudad de México a la zona antes conocida como el Gran Tunal o la Gran Chichimeca, residió primero en Aguascalientes, luego en Zacatecas y ahora, Guanajuato. En esta sección comparte momentos de aprendizaje resultado de convivir con personas en el país y el extranjero. Datos de contacto: lab.etnoai@ugto.mx, Canal you tube ETNOAI UGto.

 

 

 

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[1] University of Arizona Press disponible en Amazon.

[2] HARRIS, MARVIN (2011). Antropología Cultural. Alianza Editorial, p.4

[3] NIVÓN, EDUARDO Y ROSAS, ANA MARÍA (1991). Para interpretar a Clifford Geertz. Símbolos y metáforas en el análisis de la cultura. Alteridades, 1 (1), 40-49. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=74746342005

 

 

 

 

 

 

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