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Los feos son los que más profundo quedan en el corazón • Tony Ortiz

Tony Ortiz

Tachas 403 - portada
Tachas 421
Los feos son los que más profundo quedan en el corazón • Tony Ortiz

 

“Los feos son los que más profundo quedan en el corazón” escuché un día al caer la tarde, y a pesar del tiempo que ha pasado desde tu despedida, no he sido capaz de desmentir esa hipótesis. Será porque quedaste grabado en lo más profundo del alma o porque de alguna manera me quedé atrapado en el pozo de tu abdomen como un chiquillo que a pesar de ver la escalera se niega a trepar uno solo de los peldaños para salir.

Porque en las paredes de ese hueco en el estómago que habito en mi memoria prefiero dibujar cada uno de los instantes en que nuestros mundos convergieron. Cual figuras rupestres que permanecerán, aunque pase el tiempo. Como Aquella vez primera frente al lago, por ejemplo, en la que te admiré por varios minutos desde lejos sin saber si acercarme o marcharme. O aquella primera charla que a ambos nos parecía eterna antes de probar el sabor de nuestros sudores. O ese momento de sorpresa al toparte en la heladería o en la estación de trenes. Incluso esa vez en que un reloj fue el pretexto preciso para quedarnos solos y cabalgar el uno en el otro por horas.

Sí, los feos son los que más profundo quedan en el corazón. Y no tengo intención de probar lo contrario.

Sólo requiero imaginar tu fealdad para que mi día sea uno de los más hermosos.  Basta con encontrar un lunar que nunca antes haya visto sobre mí para imaginar que fue un regalo de tu arsenal para quedarme con algo tuyo. A fin de cuentas, con tantos que habitan en el valle de tu cuerpo uno no lo echarás de menos. Y se quedará ahí para siempre, como una fotografía que ni el agua ni el tiempo podrán arrebatarme.

Sí, los feos son los que más profundo quedan en el corazón. Y me alegro de que así sea.

Porque basta desabrochar mi camisa para imaginarme que eres tú el que vuelve a hacerlo. Porque basta imaginar tu rostro en el de alguien más al momento de hacer el amor para, de alguna manera volver a hacerlo contigo. Mordiéndome los labios para no dejar escapar tu nombre que se dibuja sobre mi boca en silencio. El número 18 del abecedario me traiciona a veces, y es bello.

Sí, los feos son los que más profundo quedan en el corazón. Y se quedan también las imágenes.

Como esos anteojos que había que salvar antes de iniciar cada batalla, o esa cachucha que te robaba a ratos con la que improvisaba ser tú por un momento. Con la que intentaba acercarme a tus pensamientos para averiguar si yo vivía en ellos o era sólo un juego de adolescentes.

Sí, los feos son los que más profundo quedan en el corazón. Como también las heridas de una fría despedida estrechando manos. Como si aquello se hubiera tratado tan sólo de un negocio que acabábamos de terminar y del cual mis números quedaron en rojo.

Ahora mi único deseo es reafirmar cada mañana frente al espejo que también hay algo de fealdad en mí. Que ningún atisbo de belleza se percibe ni se percibirá sobre mi cuerpo. Porque si la teoría es cierta, me habré quedado grabado en un rinconcito del corazón tuyo, en lo más profundo y quizá, sólo quizá, algún día viajes tan adentro en él que me encuentres ahí, con una vela encendida a la espera de tu encuentro.

Y si es verdad que los feos son los que más profundo quedan en el corazón, puedo entender por qué no he podido sacarte de ahí. Aunque, para serte franco, ni siquiera quiero intentarlo.

 

Martes, agosto 14, 2018

 


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