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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

El programa de 12 pasos de Godzilla, de Joe R. Lansdale • Esteban Castorena

Esteban Castorena Domínguez

Esteban Castorena revisa a Godzilla
Esteban Castorena revisa a Godzilla
El programa de 12 pasos de Godzilla, de Joe R. Lansdale • Esteban Castorena

 

King Kong y su amor por Anne Darrow llegaron a la pantalla norteamericana en 1933. Más de 20 años después, en 1953, la casa productora Toho financió una película en la que un enorme dinosaurio mutante ataca las ciudades japonesas; así fue como nació Godzilla, uno de los monstruos más icónicos de la cultura nipona en el siglo XX. Cabe decir que en 1962 los productores de Toho decidieron enfrentar a Kong y a Godzilla. Un poco antes del enfrentamiento de estos dos seres, en 1961, llegó a las pantallas otro dinosaurio gigante. En un claro homenaje a Godzilla, una coproducción entre Estados Unidos e Irlanda dio luz verde para que Gorgo arrasara con la ciudad de Londres. Igualmente en 1961 nació el “Godzilla Danés”: Reptílicus; una criatura prehistórica que aterroriza Copenhague luego de que volviera a la vida como resultado de una expedición científica. A la mitad de la década de los 60, Japón volvería con otro monstruo prehistórico, esta vez sería Gamera, un ser con apariencia de tortuga.

Todos estos monstruos logran coexistir en un crossover que el autor norteamericano Joe R. Lansdale publicó en 1994. Si Alyssa Wong se valió de seres mitológicos para mostrar la bestialidad humana, Lansdale crea un universo en el que varios de los personajes más representativos del cine de monstruos gigantes pueden coexistir. En este “encuentro de titanes”, sin embargo, no hay el mismo caos que uno puede esperar en las películas; el autor hace un retrato más rutinario de los monstruos mientras se esfuerzan por convertirse en miembros regulares de la sociedad.

Godzilla se esmera por dejar atrás sus impulsos destructivos. Todo su ser le dice que rompa, incinere y aplaste. El rey de los monstruos debe controlarse, no sucumbir a la tentación y dominar sus instintos, debe encontrar una forma de liberar la tensión que le genera no poder ser él mismo, no poder acabar con la ciudad. Trabajar en una fundidora y derretir metales, aplastar la casa de un perro con todo e inquilino, pisotear figurillas de jabón a las que él mismo talló la forma humana, son sólo placebos que sirven pero no son suficiente. Tiene miedo de recaer.

En la fundidora trabaja con Gorgo, este otro dinosaurio siempre está ebrio y hablando del pasado. Frente al trabajo, miran pasar a King Kong que camina con una andadera luego de su caída desde el Empire State (qué miedo le causa a Godzilla terminar igual que Kong, así de reducido y con una fijación malsana por las muñecas Barbie y los muñecos Ken). La tortuga Gamera fastidia a Godzilla, lo insulta para provocarlo; él quiere contraatacar, pero es mejor no hacerlo. Al borde de una crisis, el rey de los monstruos llama a su padrino de recuperación. Reptílicus lo calma, le dice que los días malos son inevitables. El monstruo finge consuelo, pero sabe que lleva un vacío a cuestas.

Así es, a grandes rasgos, el Godzilla  que reimaginó Lansdale, un monstruo en medio de una crisis identitaria. Lansdale divide el texto en 12 secciones que emulan los doce pasos en el proceso de rehabilitación del monstruo. El twelve step program, es el método que Alcohólicos Anónimos implementa en sus grupos de ayuda. Este modelo de recuperación, entre otras cosas, exige el reconocimiento del alcoholismo como un problema, la reparación del daño a quienes se vieron afectados por causa del alcohólico y exige la sumisión ante un poder espiritual que guiará a los adictos en su camino hacia la rehabilitación. Aunado a este “mantra” de 12 reglas, AA se vale del sistema de apadrinamiento en el que un miembro experimentado del grupo se encarga de cuidar a un recién llegado. El objetivo, según explican, son las pequeñas satisfacciones que el tutor siente a medida que su protegido avanza en el programa. Esas pequeñas dosis de éxito evitan las recaídas.

 

https://www.youtube.com/watch?v=bRLML36HnzU

 

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“Godzilla duerme mal esa noche. Se para y pone el Monster Mash en su pequeño tocadiscos”.

 

 

Reptílicus, el tutor de Godzilla, parece llavar muy bien su rehabilitación, su protegido, por otra parte sufre una gran recaída. Luego de una noche en la que pensó en suicidarse y fracasó en su empresa por culpa del alcohol que había tomado, Godzilla tiene un sueño extraño. Al día siguiente descubre que, en una suerte de delirium tremens por la abstinencia de destruir, fue como sonámbulo a despedazar una parte de la ciudad. Cuando lo buscan los agentes del gobierno, uno de ellos dice: “Eres un problema. Nuestro gobierno quiere enviarte de regreso a Japón”. Inmediatamente después, le aclaran que afortunadamente la zona que destrozó era un barrio de negros, por ello su arrebato de violencia no tiene tanta importancia; de hecho, en lugar de recibir un castigo, el gobierno le ofrece un trabajo.

El programa de doce pasos de Godzilla no se trata de sobrellevar una adicción, la destrucción y el caos no son algo a lo que el monstruo acude para obtener placer o entretención. Destruir, aplastar y quemar son una parte de sí, una parte que está obligado a reprimir y esconder para ser aceptado en la comunidad en la que ahora se desenvuelve. La reacción del gobierno, y lo que viene después en el cuento, dota de sentido al texto. La circunstancia atenuante por la raza de las víctimas y la amenaza xenófoba de devolver a Godzilla a Japón dan una pista de la otredad que representan los monstruos que Lansdale recupera para su texto.

Este relato, hay que recordarlo, se publicó en 1994 y probablemente la forma de terapia de modificación del comportamiento más difundida era la de Alcohólicos Anónimos. Para encajar en la sociedad en la que los monstruos intentan mezclarse hay que ser de una determinada manera, cualquier cosa diferente debe destruirse o modificarse. El objetivo de la terapia que Godzilla sigue parecería ser mas cercano al de una terapia de reorientación sexual. El retrato que Lansdale construye sobre los conflictos internos de Godzilla y los demás monstruos encaja más con un modelo de terapia en la que no se lucha contra una adicción, sino contra rasgos innatos de un individuo.

 

Si quieres leer el cuento, lo encuentras aquí.

 



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