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Cine • Formas de envejecer: de la perpetuidad a la inmediatez • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Relic (Australia-EU-China, 2020)
Relic (Australia-EU-China, 2020)
Cine • Formas de envejecer: de la perpetuidad a la inmediatez • Fernando Cuevas

 

Un par de cintas que desde la lógica del cine de terror, abordan la vejez desde una perspectiva alegórica sobre las implicaciones del tiempo, el devenir como forma de permanencia, el tránsito de la vida con toda la carga subjetiva del caso y las herencias que se reciben en el siempre misterioso entorno familiar.

Envejecimiento permanente

Dirigida y coescrita por la debutante en largometrajes, Natalie Erika James, Relic (Australia-EU-China, 2020) es una inmersión femenina en las condiciones familiares que se mantienen fuera de todo conocimiento, listas para ser descubiertas de manera abrupta, en los reencuentros que se viven tras largos periodos de distancia. La reliquia, cual objeto sagrado o demostrativo del tiempo que se ha recorrido, queda como un vestigio de un entramado que palpita a su alrededor, acaso para perpetuar los rituales distintivos y seguir teniendo alguna evidencia tangible ante la cual asirse, manteniendo el culto vivo, aunque sea alrededor de una entidad que se encuentra más cerca del reino de la muerte.

Una anciana ha desaparecido sin dejar rastro en su alejada casa en Victoria, Australia. Su hija y nieta se lanzan para saber qué le sucedió, solo para encontrarla de pronto como si nada hubiera sucedido, aunque por supuesto, el deterioro mental es evidente. Las tres empiezan a convivir mientras se resuelve qué hacer con la propiedad y su dueña, al tiempo que se presentan situaciones extrañas y los vínculos entre ellas se ven reconfigurados constantemente. Secretos empiezan a aparecer, tanto del pasado como en la casa misma, que parece albergar una especie de maldición silenciosa, y tanto la estabilidad personal como el frágil equilibrio se desmoronan paulatinamente.

La abuela (Robyn Nevin, versátil) pasa de un estado cariñoso a una extraña postura agresiva, con cambios erráticos de los que parece no ser consciente; la madre (Emily Mortimer, indagadora), trata de resolver los particulares sucesos a sabiendas, quizá, de algo que los demás no conocemos y la hija (Bella Heathcote) pasa de estar a la expectativa a involucrarse de manera bizarra, en el sentido de arrojo, en los misterios que rodean a su abuela, a las habitaciones y paredes y a los vínculos hereditarios que sobrevuelan en el ambiente, cada vez más enrarecido y en el que solo aparecen otros personajes en forma efímera, como el vecino con discapacidad (Chris Bunton, afectuoso) o la doctora (Catherine Glavicic) del internado.

La cámara juega un papel esencial para la construcción de atmósferas, sobre todo por las perspectivas elegidas, tanto de la posición del encuadre como de la mirada subjetiva, y la forma de mostrar e iluminar los espacios por donde se desplazan las tres mujeres, llamadas a comprender un fenómeno que solo ellas lograrían explicarse por la relación sanguínea existente y, acaso, su condición femenina de perpetuación de una herencia que se mantiene a pesar del horror que pudiera suscitar en un inicio. El momento de la revelación invita más a la conmiseración que al rechazo o a la angustia, como cuando se protege una reliquia digna de adoración.

Envejecimieno prematuro

La novela gráfica Castillo de arena (2011), escrita por el francés Pierre-Oscar Lévy e ilustrada en enfático blanco y negro por Frederik Peeters, plantea la llegada de un grupo de vacacionistas a una playa abierta, a diferencia de la que se muestra en el filme ubicada en República Dominicana, y empiezan a envejecer a un ritmo acelerado, lo que genera una especial dinámica entre el grupo de personas, con algún apunte sobre el racismo hacia un personaje argelino y culminando con el bebé niño nacido ahí y ya crecido, construyendo un castillo de arena, dejando las interpretaciones abiertas para el lector y conservando una tesitura atmosférica e invitando a la reflexión sobre el paso del tiempo, los vínculos interpersonales y el sentido mismo de las acciones vitales y la dedicación que le brindamos a ellas.

Viejos (Old, EU, 2021), la adaptación fílmica de la novela, comparte los rasgos característicos de algunas películas de M. Night Shyamalan: buenas ideas llevadas al campo con algunas fracturas narrativas e incoherencias en el desarrollo de las secuencias, como se pudo observar en Señales (2002), La aldea (2004), La dama en el agua (2006), El fin de los tiempos (2007) y Glass (2019), por mencionar algunos ejemplos; en otros casos, no se llega ni a buena idea (El último maestro del aire, 2010; Después de la Tierra, 2013). Los giros de tuerca habituales han funcionado en ocasiones, como en Sexto sentido (1999), El protegido (2000), Los huéspedes (2015), Fragmentado (2016) y en la muy lograda serie The Servant (2019-2021), ya comentada en este espacio.

En esta oportunidad, aunque lo va anunciando, resulta imaginativa la explicación de qué hacen ahí los personajes, proponiendo una respuesta que el texto original deja libre, incluyendo además todo el complejo hotelero y algunos personajes en contraste con la fuente gráfica: todos los del hotel, entre los que están el gerente, su sobrino y el chofer (Shyamalan mismo poniéndose el overol); otros cambian de personalidad y unos más no se incluyen en el film: un niño, hijo del médico y un autor de ciencia ficción, padre de la esposa del enfermero, sicóloga en la cinta. Aunque la forma de resolver el entuerto deja varios huecos y recurre a salidas más o menos fáciles, en comparación a los intentos de escapar de la playa, que no resultan creíbles en el contexto del relato, restándole su potencial de dimensión desconocida.

Ante una fotografía de brillantes contrastes e inquietantes puntos de vista que busca acentuar la desazón, desarrollada por Mike Gioulakis con su sello característico (Está detrás de ti, 2014; El misterio de Silver Lake, 2018; Nosotros, 2019), la secuenciación deja algunas lagunas con personajes teniendo reacciones fuera de contexto, de pronto ausentes y apareciendo porque sí, entablando determinados diálogos que no tienen mucho sentido, suenan acartonados o bien se dirigen hacia el espectador, dado que entre los involucrados se dicen cosas que ya sabían. Tampoco ayudan las actuaciones, en esta ocasión poco afortunadas, a pesar de contar con un casting que se ha mostrado mejor en otros filmes, lo que termina por sepultar el interés por los personajes, alcanzando un nivel, en su mayoría, de mera viñeta.


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