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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Para escribir un cuento en cinco minutos, de Bernardo Atxaga • Esteban Castorena

Esteban Castorena Domínguez

 

Autorretrato múltiple 1950 - Juan O'Gorman
Autorretrato múltiple 1950 - Juan O'Gorman
Para escribir un cuento en cinco minutos, de Bernardo Atxaga • Esteban Castorena

Escribo que escribo.
Salvador Elizondo

Para escribir una columna en cinco minutos es necesario tomar una gran decisión: ¿sobre qué obra y autor desea hablar? Debe tomarse en consideración que cada autor y cada texto tienen sus peculiaridades, así que, antes de decidirse, no olvide que será menester llevar a cabo una pequeña investigación; de este modo enfrentará la hoja en blanco con conocimiento de causa. Parecerá una obviedad eso de prepararse antes de escribir, pero desperdiciar palabras sin decir nada es una práctica tan nefasta como difundida. No incurra usted en esta práctica.

Escriba sobre algo de su interés; de este modo la búsqueda de información le resultará amena y le provocará un pequeño pero significativo crecimiento personal. No se preocupe por dar gusto a nadie más que a usted mismo. Un columnista escribe siempre desde el egoísmo de mostrar aquello que le interesa, publica su material y lo deja libre por el mundo para que sea él quien busque a los lectores que tienen intereses afines a los de su creador.

En este caso, y con motivos didácticos, hablaremos de “Cómo escribir un cuento en cinco minutos”. Hay que leer el cuento no una, si no varias veces. La primera lectura es solo un reconocimiento, sondear el terreno, encontrar ideas en las que se profundizará más adelante. Luego de esta primera lectura, es momento de dedicar un poco a la persona que lo escribió. ¿Quién es Bernardo Atxaga? Quizá usted ya lo sabe, o al menos de oídas; de lo contrario no habría leído su cuento ni habría optado por escribir sobre él. Es más que probable que sus lectores no sepan quién es Bernardo (y si lo saben no importa, hay que refrescarles la memoria), así que nunca está de más dedicar algunas palabras al autor.

 Basta decir, por ejemplo, que Bernardo Atxaga es el seudónimo que un autor vasco (José Irazu Garmendia) utiliza para publicar su obra. Atxaga, además, ha publicado ensayo, poesía, cuento y novela. Toda su obra la escribe originalmente en euskera (esa lengua tan peculiar del norte de España, de la cual los lingüistas aún no explican su origen) y posteriormente es traducida al español. Su obra más reconocida es Obabakoak, una novela muy al estilo del Decamerón, hecha con relatos. ¿Lo ve? Con algunos datos como esos, es más que suficiente. Hay que agregar que de Obabakoak proviene el relato que hoy nos reúne.

Es momento de volver al texto. Una segunda lectura que, se sugiere, debería hacerse con un lápiz en la mano para destacar elementos importantes. Si su lectura es online, bueno, ya encontrará cómo arreglárselas.

“Para escribir un cuento en cinco minutos es necesario que consiga […] un diminuto reloj de arena.”, así comienza el relato de Atxaga. La primera frase ya es reveladora. Se hace mención al reloj que contará los cinco minutos de creación. Pero más allá de eso, estilísticamente hablando, se vuelve evidente que el autor se decantó por narrar la historia de tal modo que habla directo a su lector mediante la forma de cortesía (Es necesario que usted consiga). Basta seguir unas cuantas líneas para darse cuenta de que, efectivamente, el relato dice al lector cómo escribir un cuento en cinco minutos.

El estilo de la escritura ya deja ver ciertas referencias que Atxaga toma, con toda certeza, de otros escritores. Si usted es lo suficientemente bueno con la investigación, podrá percatarse de que la influencia pudiera venir del Manual de Instrucciones que Julio Cortázar publicara en 1970. (Antes de seguir le doy un tip: hacer referencia a nombres consumados de las letras universales siempre genera cierta empatía con el lector, lo hace sentir como en casa dentro de su columna).

Cómo escribir un cuento en cinco minutos se publicó en 1990. Así pues, la temporalidad haría factible tal influencia. El cuento del vasco difiere respecto a los del argentino en algo importante. Atxaga da instrucciones sobre cómo escribir, no sobre cómo llorar o subir una escalera. Algo similar, pero narrado de manera tal que se privilegia el acto de la lectura más que el de la escritura, ya lo había hecho Italo Calvino (influido, quizás por Cortázar)  en Si una noche de invierno un viajero (1979), una novela sobre una novela que nunca comienza. “Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete.”, dice el íncipit de la obra calviniana. Como se puede notar, también se habla directamente al lector, pero esta vez desde la cercanía que otorga la segunda persona del singular.

El relato de Atxaga, entonces, es un cuento metaescritural en el que el escritor escribe sobre el proceso de creación. Este tipo de escritos abundan (para saber más véase Cuentos sobre el cuento, de Lauro Zavala).

Recuerde algo importante sobre la escritura de columnas: de vez en cuando puede permitirse dar algún punto de vista sobre aquello de lo que está escribiendo; no se le olvide que es su texto y puede hacer lo que quiera con él.  Puede decir algo como: El hecho de que haya habido quienes se anticiparon a Atxaga con esta idea no demerita en ningún momento el escrito del vasco; simplemente ello significa que el autor se adscribe a una determinada tradición. Nadie escribe desde el blanco total de una tabula rasa; la escritura es una reescritura constante, un palimpsesto perpetuo y una interminable cadena de intertextualidad que enlaza a los escritos.

Probablemente yo exageré con el tono de esa frase (el texto es mío, no suyo), pero ya puede hacerse una idea.

Luego de dar sus primeras instrucciones al lector/protagonista, el método de escritura en cinco minutos empieza a dar sus frutos; finalmente se llega a la primera línea del escrito: “Para escribir un cuento en sólo cinco minutos es necesario que consiga.” La reaparición de esta frase otorga circularidad al texto; pareciera que aquello que el lector/protagonista está escribiendo es excatamente lo mismo que está leyendo. Luego de esa primera frase, Atxaga recomienda dejarse llevar, convertirse en un Gólem hecho de palabras y signos (Borges, ¿son tú y tu poema quienes se esconden tras la mención al monstruo de Praga?).

Atxaga cambia del modo formal al tuteo (no olvidemos a Calvino); luego de la primera frase ya hay una cercanía con su protagonista/lector/escritor. A partir de este cambio empieza a construirse una historia dentro de la historia. La arena del reloj de arena cae y, siempre dentro de paréntesis, esta historia enmarcada va cobrando forma. Sobre ésta, sin embargo, prefiero no decir nada. Quisiera dejarla disponible, libre para que sea otro y no yo quien le escriba una columna en cinco minutos.  

Si quieres leer el cuento, lo encuentras aquí

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