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No cualquiera: Una reseña del libro MUROS • Sergio Miranda Bonilla

Sergio Miranda Bonilla

El arte en las calles de León - MUROS - Foto, Sergio Miranda Bonilla
El arte en las calles de León - MUROS - Foto, Sergio Miranda Bonilla
No cualquiera: Una reseña del libro MUROS • Sergio Miranda Bonilla

Un periplo transmedial. Veamos:

Un hombre.

Un hombre, y además murciélago.

Un hombre murciélago.

No cualquiera.

Batman, pues.

(Ni que hubiese muchos).

Más específicamente, la versión Lego de Batman.

(“¡Yo soy la noche!”, dicho por una figurita de Lego, no puede recordarse sin sonreír).

Batman de Lego… pintado.

Pintado sobre un muro.

Una pintura. Cuyo sujeto protagónico es, precisamente, la versión Lego de Batman.

El inconfundible rostro del Batman de Lego, la blancura amenazante de sus ojos, llena un muro en la ciudad de León, en el estado mexicano de Guanajuato.

Una fotografía del mural urbano que plasma a Batman de Lego en una pared leonesa.

La fotografía se presenta a color, para hacer mejor justicia, y luce en las páginas de un libro.

La página 61 de una elegante edición en cuarto mayor de la casa Tlacuilo, coordinada con amor artesanal por el maestro Polo Navarro, reproduce a todo color el mural en proceso que Ante, Zhot, Jhard, Gave, Onza, Crook, Push, Asme, Arde, Dante, Brote y Dany, artistas urbanos, llenan con los rostros de Batman y las versiones Lego de otros personajes sobre alguna pared en nuestra ciudad.

Sirva tal estampa como un modo para presentar, sin ánimo de sintetizar, la experiencia de gozo que ofrece el proyecto que a este texto ocupa. Dicho sea de paso, quizá no sean pocos quienes en las capitales intelectuales del norte global se sorprendan al constatar que la realidad transmedial posmoderna encuentra en las ciudades nuestroamericanas una expresión tan granada, allende nuestro prototípico barroquismo.

En concreto: el Ayuntamiento leonés, a través del Instituto Municipal de la Juventud, una de sus entidades paramunicipales, recupera formalmente una memoria de años de trabajo de resignificación cultural (valga la tautología). Y el proyecto toma cuerpo, específicamente, en un libro.

El libro es Creatividad urbana: el arte en las calles de León | Muros. En nuestras manos, un complejo ejercicio transmedial vestido, con algún sentido de recatada tentación, en una fresca y llamativa sobrecubierta de color naranja, ocultando, o más bien, prefigurando el efecto de una portada de pasta gruesa que reproduce en coloridas olas fotográficas sobre un negro elegante varios ejemplos de los murales urbanos que adornan, interpelan y desafían nuestra ciudad desde sus muros.

A través de sus más de 250 páginas apaisadas, asistimos a una experiencia de re-conocimiento de nuestras calles, en un atento oficio de curaduría fotográfica, mientras los textos nos presentan la historia de la colaboración entre las autoridades municipales y los grupos ligados al arte urbano, además de informarnos sobre la manera en que la pintura en las ciudades ha ido mutando en su concepción por diversos agentes en otros países y en nuestro México. Y, sobre todo, leemos los relatos de las y los artistas que en León han apostado por colorear la calle, ora en desafío, ora en manifiesto, siempre en generosidad comunitaria.

Dicho en otros términos: el libro nos recuerda la manera en que, con ternura y energía, las y los artistas urbanos intervienen los muros para poner la ciudad, de un modo nuevo, en los ojos y en las manos de su ciudadanía. Al hacerla suya, la hacen nuestra. Al reclamar un muro, la ciudad nos es dada otra vez, ahora vibrante, ineludible.

No es decir poco: un soporte sígnico legitimado por la “alta cultura”, como es el libro de arte, da cuenta del proceso de política cultural que resignifica el arte urbano, desde su concepción como grafiti, en un vector que conecta el daño a la propiedad con el grito de una juventud en la que la urbe adquiere voz y grafía, hacia un ejercicio de agencia artística que permite una apropiación de la ciudad por parte de sus artistas de calle.

No es decir poco, además, como proyecto de una autoridad municipal y su dependencia de atención a la población joven en uno de los municipios, estados y regiones más conocidos en el país por su tradición conservadora, con un perfil ideológico del que no se suele esperar mucho más que sospecha ante la disidencia cultural. De nuevo, se resignifica la relación que una ciudad mantiene entre sus gobernantes y sus sectores juveniles con frecuencia excluidos y condenados a habitar la periferia, dicho esto en un sentido social y agencial, más que geográfico.

El tránsito entre los medios y la manera en que el texto atraviesa los soportes es, de alguna manera, lo que define el espíritu de este precioso libro. La edición es otro digno ejemplo del tránsito de la legitimidad artística en una ciudad que presenta eventos culturales de vanguardia en lo que fue un recinto de entretenimiento popular como su antigua plaza de gallos, o que escucha de su orquesta sinfónica bautizada en honor al maestro Guillermo Pinto Reyes obras clásicas del heavy metal, si el término “clásico” puede adjetivar al sustantivo “heavy metal”.

Una ciudad pop, como señala el autor leonés Héctor Gómez Vargas sobre nuestro León, citando a Bruno Latour. Acaso una ciudad siempre capaz de mirar de tú a tú sus mitologías. Y que vale la pena reconocer con asombro renovado, gratitud compasiva y con apertura, siempre.

Sergio Miranda Bonilla
Agosto de 2021




 

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