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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Video Alzheimer, de Gonzalo Lizardo • Esteban Castorena

Esteban Castorena Domínguez

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Tachas 429
Video Alzheimer, de Gonzalo Lizardo • Esteban Castorena

Yo soy memoria y la memoria que de mí se tenga
Elena Garro

 

El músico británico James Leyland Kirby desarrolló uno de los proyectos musicales más ambiciosos de los últimos años. Bajo el nombre artístico de The Caretaker, el artista se propuso desarrollar un conjunto de álbumes conceptuales en los que ilustrara la progresión y los estragos de la demencia y la pérdida de la memoria. Entre 2016 y 2019 Kirby compuso y produjo las diferentes etapas de Everywhere at the end of time.

En total la obra consta de seis partes y tiene una duración total de seis horas y media. Escucharlo entero constituye un viaje que, por momentos, resulta difícil de afrontar, incluso aterrador. Al inicio hay melodías que los escuchas pueden reconocer como música. Un tema musical muy de los años 40 acompañada del ruido característico de un vinilo. Conforme avanza la demencia y se llega a nuevas etapas de la enfermedad, la música se convierte en ruidos. The Caretaker logra crear atmósferas que generan desconcierto y en las que, sólo de vez en cuando, hay alguna reminiscencia de melodías. La memoria se escapa, el ruido agobia y, por momentos, se asoma una consciencia de que hay algo a lo que la mente debería aferrarse.

Everywhere at the end of time enfrenta a sus escuchas con la falibilidad de la memoria de un individuo y, por ende, con la pérdida de su identidad. Resulta paradójico y simbólico que este retrato del olvido progresivo se haya hecho en un lenguaje musical. Estudios recientes han demostrado que la música es lo último que se olvida con el Alzheimer o la demencia. Puede decirse que, de algún modo, las canciones y melodías quedan escritas en el cerebro con una tinta más difícil de borrar.

La vida de los seres humanos, individual o colectivamente, se compone del registro que pueda conservarse de los acontecimientos vividos a lo largo del tiempo. En el caso de un individuo el cerebro se encarga de hacer ese archivo. Cuando se habla de una memoria colectiva, la historia es distinta. El ser humano ha tenido que valerse de diferentes medios que le permitan conservar sus recuerdos colectivos.

Si The Caretaker ilustra la pérdida de la memoria individual, el narrador zacatecano, y reciente ganador del Premio de Novela Histórica Ignacio Solares 2021 por Memorias de un basilisco, se inclina por un retrato de la memoria colectiva y la pérdida de ésta. Lizardo abordó este tema en el relato “Video Alzheimer”, publicado en el libro Inmaculada tentación.

El relato inicia acentuando la presencia de la desmemoria: “Ya olvidé la razón o la sinrazón que me llevó a curiosear en aquel establecimiento”. El personaje y narrador entra en lo que, en un primer momento, parece ser un negocio de renta de películas en DVD. Inmediatamente lo atraen algunos títulos cuyas tramas hacen referencia al paso del tiempo o a la pérdida de la memoria. Mientras observa las cajas de las películas, la vendedora del mostrador menciona que por sesenta pesos puede hacerse con cualquier título: “mi jefe está liquidando el changarro; no es negocio competir contra ese Blockbuster que acaban de abrir a dos cuadras”.

El personaje se siente agobiado. Hay tantas cosas que quisiera llevase, pero su presupuesto es muy bajo. Comienza a dar vueltas por el negocio con la idea de encontrar algo irresistible que pueda comprar con sus últimos doscientos pesos. Detrás de una pila de películas en VHS, una puerta lo conduce a otra sección del negocio en la que abundan los casetes Beta y hay algunas cajas con libros e historietas. El narrador encuentra más cosas que le gustaría llevarse a casa. Mientras intenta decidirse, alguien lo apresura, el negocio cerrará definitivamente a las nueve de la noche. Cierta extrañeza invade al narrador, falta aún mucho tiempo para las nueve, no entiende por qué habría razón de apresurarlo. Su respuesta llega como una mampara que se abre y le muestra otra parte del negocio en la que sólo hay libros.

La fascinación del personaje frente al inmenso acervo bibliográfico trae a la mente una famosísima cita de Jorge Luis Borges: “siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”. Esta atmósfera que evoca a Borges no es coincidencia, pues el relato de Lizardo se vale de varios elementos borgeanos para su construcción. La idea de este negocio, que parece ser un inmenso archivo con una estructura casi laberíntica e infinita; así como la constante citación de libros y obras reales e inventadas demuestran la influencia del argentino en el zacatecano. Esta influencia tan marcada contribuye a delinear otro tema presente en el cuento: la tradición y la herencia.

Lizardo metaforiza la pérdida de la memoria colectiva en la clausura de un negocio/archivo. Esta clausura significa, forzosamente, privarse de una tradición que ha ayudado a formar el presente y a dotarlo de identidad propia, un presente que a su vez ayudará a formar el futuro. Esta idea del tiempo también se muestra cuando, a mitad del relato, el narrador menciona las frases con las que iniciará su anécdota cuando se decida a contarla: “Ya olvidé la razón o la sinrazón que me llevó a curiosear en aquel establecimiento”.

Por otro lado, al inicio del relato el protagonista se encuentra con DVDs, luego con VHS, de ahí con los casetes Beta, historietas, libros, etc. Así como The Caretaker hace una progresión de la melodía al ruido, Gonzalo Lizardo hace una progresión en la que recorre la historia de los medios con los que el ser humano ha querido preservar su memoria. Esta suerte de vuelta al origen permite al autor mostrar la evolución del ser humano en aspectos como la tecnología y la cultura. Lizardo establece una concatenación que debe entenderse como una ruta evolutiva en la que cada eslabón depende del anterior y permite, a su vez, la llegada del siguiente.

El personaje sigue avanzando entre las diferentes salas del negocio. Las puertas se vuelven pasajes que lo transportan cada vez más atrás en el tiempo. Los empleados van de un lado a otro llevándose cosas que el señor Alzheimer ordenó vender como papel viejo. El narrador sigue encontrando más y más cosas maravillosas que le gustaría llevarse. Igual que las melodías que resurgen en la composición de Everywhere at the end of time como reminiscencias de la memoria que se va, el personaje y narrador de “Video Alzheimer” sabe que en medio de ese lugar hay algo a lo que debería aferrarse, algo que rescatar de la destrucción y el olvido. Sólo hace falta decidirse.

Si quieres leer el cuento, lo encuentras aquí.



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