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La música comprometida de Mikis Theodorakis • Fernando Cuevas

Mikis Theodorakis
Mikis Theodorakis
La música comprometida de Mikis Theodorakis • Fernando Cuevas


Además de la música, habitó los campos de la poesía y la política, al fin interconectados tanto en sus composiciones como en su pensamiento social, puesto en acción para luchar contra las dictaduras y particularmente el fascismo, primero de su país y después volviéndose símbolo internacional de esta batalla. Nació en la Isla de Quíos en 1925 y fue educado según los preceptos de la liturgia bizantina ortodoxa; muy pronto mostró su talento innato para los sonidos y silencios, componiendo incluso antes de saber tocar algún instrumento. Anduvo por varias ciudades griegas y a los 17 años se presentó en escena por vez primera con un coro; participó activamente en la resistencia contra Italia y Alemania durante la II Guerra Mundial, ayudando a judíos y siendo apresado y torturado por las fuerzas fascistas: quizá esta experiencia lo llevó a componer su liberadora, doliente y épica por momentos, Mauthausen Trilogy (1965).

Su amplio registro de formas, transitando de la estructuras clásicas a las populares con sus diversas variantes, se empezó a manifestar con música de cámara a principios de los años cuarenta, entre sonatinas, suites y elegías para instrumentos en solitario o en conjunto, incluyendo algún sexteto. En los 50’s presentó su Concierto para piano Helikon (1952), la Primera Sinfonía (1953), Suites orquestales (1954-59) y Concierto para piano (1958), mientras estudiaba en París con Olivier Messiaen para sumergirse en la música occidental, pronto incorporándola a las tradiciones sonoras de su tierra; logró obtener la medalla de oro en el festival de Moscú con Suite no. 1 para piano y orquesta (1957).

Empezó a componer algunos ballets y le entró al mundo del cine, primero trabajando en películas locales, después con el director británico Michael Powell (Emboscada en la noche, 1957; Luna de miel, 1959) y posteriormente diversificando su presencia en filmes como Faces in the Dark (Eady, 1960), La sombra del gato (Gilling, 1960), Les Amants de Teruel (Rouleau, 1962), entre otros, ya de regreso a su patria; con mayor reconocimiento en el universo fílmico, colaboró en Amor profano (Dassin, 1962) y Viaje a la medianoche (Litvak, 1962), transitando de tonos juguetones a otros más emocionales, incluso de tintes misteriosos en función del momento narrativo de las películas.

Tras un par de colaboraciones, compuso el score que lo haría célebre alrededor del mundo: Zorba el griego (1964), poniendo a bailar a Anthony Quinn un sirtaki y trabajando otra vez con el director Michael Cacoyannis, tras haber colaborado en Electra, la vengadora (1962), otra de sus grandes bandas sonoras. Colaboró con Costa-Gavras en sus clásicos Z (1969) y Estado de sitio (1972), con la presencia de Los Calchakis cantando justamente algunos de los poemas del gran literato chileno, Pablo Neruda. Compuso la música para la notable Serpico (1973) de Sydney Lumet y volvió a colaborar con Dassin en The Rehearsal (1974). Siguió en el cine comprometido con Actas de Marusia (Littin, 1976).
 

Poética política

Directamente vinculado con el mundo del teatro y la poesía, presentó Epitafios (1960), musicalización del poema de Yannis Ritsos, compañero de lucha política, y compuso música de escena para diversas tragedias clásicas de sus insignes compatriotas (Eurípides, Sófocles, Esquilo, Aristófanes), así como de otros autores teatrales, además de cantatas y oratorios sobre algunos poetas como Elýtis (Axion Esti, 1960), Séferis (Epifanía), Sikelianós (Marcha del espíritu, 1969), Kambenalis y Warnalis (People’s Music: The Struggles of the Greek People, 1970), Neruda (Canto general, 1975) y García Lorca (Romancero Gitano, 1982-1983), entre otros. Presentó también Christophorus Kolumbus (1975) sobre la obra de Kazantzakis.

Junto a Ritsos, fue a la cárcel en 1967 por su oposición a la dictadura de Papadoupulos, experiencia que generó canciones en lógica nacionalista dedicadas con una mezcla de dolor y algún dejo de esperanza para la patria amarga, basadas en los textos de su compañero poeta de lucha; terminó exiliado en París tres años después, en donde siguió con su lucha social y su incansable capacidad para componer, explorando diversas estructuras y formas musicales entre orquestaciones con sabor griego y apuntes vanguardistas, además de visitar Chile e Israel, entre otros países en los que ya se le consideraba un símbolo de la liberación.

Volvió a Grecia en 1974 y mantuvo su participación en causas sociales y políticas, tanto en su país como en otras naciones, promoviendo los derechos humanos a través de sus presentaciones y composiciones; fue diputado en un par de ocasiones y ministro, además de mantenerse como manifestante contra las intervenciones de la OTAN, el gobierno de EU y el conflicto en la franja de Gaza, lo que le llevó a hacer declaraciones críticas acerca de los judíos, con la consecuencia de ser tachado de antisemita, en contradicción con la ayuda que les brindó en la II Guerra Mundial; la energía nuclear a partir de la tragedia de Chernóbil, las crisis de las deudas soberanas en la zona del euro, además de promover la mejora de las relaciones de Grecia con Turquía.

También en los años setenta compuso varios himnos, particularmente de inspiración socialista, y en los ochentas y noventas propuso algunos ballets, mientras continuó haciendo música para filmes y series televisivas. En estos años, de igual forma, presentó otras sinfonías y rapsodias, integrando textos de autores notables como Kavafis y enfáticos coros que convivían con nutridas orquestaciones y lances solitarios, entreverando sonidos tradicionales de su país con las lógicas compositivas ya muy bien aprendidas de la música clásica del siglo XX. Su obra se extendió al nuevo milenio, acompañando a otras manifestaciones tanto visuales como literarias.

Durante la etapa final de su trayectoria mantuvo la diversidad: grabó Medea (2001) para la consecuente puesta en escena; en clave folk, entregó el autonombrado Mikis (2006); volvió a la música de cámara en la melancólicamente bella Este del mar Egeo (2007), obra compuesta para chelo y piano, y a la orquestal en Andalucía (2010), con mezzosoprano incluida; Recycling Medea (2013), para la película de Kutulas y On Herodium (2013), por mencionar algunos ejemplos relevantes de su obra tardía. El documental Mikis Theodorakis. The Composer (Kutulas y Salges, 2010) es una profunda mirada a este hombre poliédrico que mantuvo la congruencia entre sus actos y palabras, además de su compromiso social desarrollados desde su arte musical. Murió en Atenas el 2 de septiembre del 2021 por un infarto a los 96 años de prolífica e intensa vida.


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