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Nanci Griffith: otra voz iluminada del territorio country • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Nanci Griffith
Nanci Griffith
Nanci Griffith: otra voz iluminada del territorio country • Fernando Cuevas

 

Creció en un hogar con intereses artísticos y de adolescente empezó a presentarse en algunos lugares de su nativa Seguin, Texas. Continuó con la cantada mientras atendía sus estudios universitarios y trabajaba como maestra de preescolar a mediados de los años setenta: con esa voz privilegiada, cabe suponer que a sus alumnos les gustaba ir a la escuela, sobre todo cuando llegaba el momento de los cantos y juegos. Finalmente, decidida a optar por la música, debutó con There's a Light Beyond These Woods (1978), justamente empezando a encontrar la luz que orientara su pluma, con la canción titular como árbol que promete un futuro bosque; le siguió en similar nivel y tesitura Poet in My Window (1982), todavía asomándose hacia fuera para otear la emoción, con reconocibles influencias de Joan Baez, Linda Ronstadt, Wanda Jackson y Patsi Cline, entre otras.

Once in a Very Blue Moon (1985) fue su primer gran álbum y con que el inició una etapa de profusa inspiración tanto letrística como melódica, revelándose como una cercana contadora de historias, aquí alrededor de los viajes entre juegos de cuerdas y un poco de bluegrass y folk, interpretados por una banda de notables que incluyó a un joven Béla Fleck en el banjo y Pat Alger en la guitarra, además de sendos reconocimientos, vía versiones, a Lyle Lovett y Bill Staines; continuó con Last of the True Believers (1986), producido después de que se moviera a Nashville, corazón del country y en el que la prístina voz se desliza con plena convicción por instrumentaciones ricas en variantes como se aprecia en el clásico Love at the Five and Dime.

Ya con la disquera MCA al acecho en vista del amplio reconocimiento, entró a sus estudios para grabar Lone Star State of Mind (1987) con su versión del clásico From a Distance, aunada a Trouble in the Fields y Cold Hearts/Closed Minds como cortes radiales que la posicionaron frente a un público más allá de los circuitos country, culminando un trío de obras clave en su trayectoria. Vendría después un momento de transición con el meditativo Little Love Affairs (1989), en el que se encontró otra referencia del género llamadas Gulf Coast Highway, cual bandera visible, y el directo One Fair Summer Evening (1988) con el experto apoyo de la Blue Moon Orchestra, que siguió apareciendo en discos subsecuentes.

Se presentó un viraje rumbo a Los Ángeles, no del todo afortunado, hacia los terrenos del rockpop que produjo Storms (1989), no obstante con muy buenas ventas con su propuesta de escuchar el radio y no hablar del amor, y Late Night Grande Hotel (1991), integrado por covers y tres piezas de la cantautora, contando con diversos invitados que alimentan la diversidad con una ligera orientación hacia la oscuridad que priva en horarios tardíos, apenas anunciando alguna otra mañana por venir. Era momento de volver a las raíces: así sucedió con Other Voices, Other Rooms (1993), tomando prestado el título de Truman Capote y grabado en la casa Elektra y en el que escuchan otra vez los cantos del origen con versiones de Dylan, Guthrie, Janis Ian, Metheny y Van Zandt, entre otros, y muy bien acompañada por Emmylou Harris, Alison Krauss y John Prine, por mencionar algunos notables.

Una vez que volvió a compartir hábitat estilístico con colegas como Iris Dement y Erica Wheeler, presentes por aquellos años, apareció el recopilatorio de cajón, para seguir en la línea folklorista con Flyer (1994), incorporando apuntes cercanos al rock con el apoyo de Mark Knopfler, U2, Indigo Girls y Adam Duritz (Countong Crows), y con el pulido Blue Roses from the Moons (1997), a manera de complemento de su predecesor. Cual secuela del álbum de 1993, presentó Other Voices, Too (A Trip Back to Bountiful) (1998), otra colección de efusivas versiones con grandes participantes, y cerró el siglo con The Dust Bowl Symphony (1999), revisando sus piezas en tono orquestal con la Sinfónica de Londres como invitada especial, al tiempo que se recuperaba de fuertes problemas de salud.

Tras una etapa de intenso activismo relacionado con los veteranos de guerra –dado que su ex esposo era uno de ellos- que la llevó a viajar por distintos países, produjo Clock Without Hands (2001), tomando prestado el título de una novela de Carson McCuller y desarrollado en tono político, retomando su experiencia en Vietnam, y otro álbum en vivo titulado Winter Marquee (2002). Hearts in Mind (2004) continuó esta vertiente de protesta frente a la violencia, además de algunas piezas de carácter más personal, en tanto Ruby’s Torch (2006) se inclinó más hacia la canción de corte romántico con tintes jazzeados y The Loving Kind (2009) privilegió las composiciones de algunos colegas.

En su casa de Nashville grabó Intersection (2012), su disco final realizado en conjunto con sus viejos colaboradores Pete y Maura Kennedy y el percusionista Pat McInerney, insertando canciones de enfoque sociopolítico. Después de cerca de diez años fuera del ojo masivo, apareció la triste noticia de la muerte de Nanci Griffith a los 68 años, tras dejar una fuerte muestra de compromiso social y un apreciable legado musical arropado por el apelativo de “folkabilly”, retomado por Gillian Welch, Mary Chapin Carpenter y Laura Cantrell, por mencionar algunas cantautoras actuales que llevan ahora la estafeta que con tanta convicción retomó esta artista, junto con sus contemporáneas, de parte de las iniciadoras.

 


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