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Series • Perfectos extraños buscando el loto blanco • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

El loto blanco (EU, 2021)
El loto blanco (EU, 2021)
Series • Perfectos extraños buscando el loto blanco • Fernando Cuevas

Un par de series en las que un grupo de personas viaja para vacacionar, en el primer caso, o para integrarse a un misterioso retiro, en el segundo: en las dos, se busca vivir una experiencia que mejore estados de ánimo y, acaso sin proponérselo, que se encuentren nuevas razones para seguir adelante o bien caer en cuenta de la dificultad e incluso imposibilidad para cambiar. Las propuestas aprovechan bien los espacios naturales para entregar una fotografía que contribuye a sumergirse en los ambientes donde se desenvuelven las respectivas estadías, deparando sorpresas para los protagonistas; los ángulos para combinar las variadas perspectivas de los involucrados en el resort o en la institución de salud, brindan una amplia mirada de los sólidos repartos.

Escrita y dirigida por Mike White (Una buena chica, 2002; Escuela del rock, 2003; Una cena incómoda, 2017), El loto blanco (EU, 2021) lanza una primera escena que introduce un aderezo de probable vertiente criminal a lo que estamos por ver con la llegada de varias personas a un hotel de lujo ubicado en Hawaii, de esos diseñados para el turista de clase acomodada con todo el folklore bien empaquetado y esparcido en arreglos y adornos, listo también para acompañar la cena con baile autóctono integrado. Al frente del show está el gerente siempre al borde (Murray Bartlett, en ebullición), un adicto en recuperación aguantando clientes necios o de plano groseros con una sonrisa en el rostro que parece a punto de estallar, incluso incapaz de darse cuenta que una empleada bajo su cargo está por dar a luz.

Los vacacionistas son, entre otros, una insegura mujer que trata de liberarse de la urna de su madre (Jennifer Coolidge, exasperante), trabando amistad y dándole esperanzas de algún negocio a la encargada del spa (Natasha Rothwell); un matrimonio en su luna de miel, formado por un júnior insufrible (Jake Lacy) que hasta recibe la visita de su madre (Molly Shannon), y por una joven con aspiraciones periodísticas negándose a quedar reducida a esposa-trofeo (Alexandra Daddario); una familia, integrada por el papá recibiendo noticias desconcertantes (Steve Zhan, motivacionalmente derrotado), la exitosa mamá, toda una ejecutiva workaholic (Connie Britton); la cínica y posesiva hija (Sidney Sweeney), acompañada de una amiga (Brittany O’Grady) que establece una relación fugaz con un empleado, y el hijo atrapado por el celular en camino de reinventarse (Fred Hechinger).

A lo largo de cada uno de los seis días, recuperados en sendos capítulos, la serie suelta varios dardos con astucia: la brecha generacional, los vínculos entre padres e hijos, el sentido y dificultad que implica el matrimonio, la cultura de la cancelación, la depredación del medio ambiente provocada por grandes consorcios empresariales, la orientación sexual, el resentimiento social, el papel de la mujer en el mundo laboral, el desprendimiento afectivo y las segundas oportunidades, entre otros, todos ellos con una eficaz combinación de drama y humor negro, incluso logrando incomodar cuando se requiere o profundizar en cómo los personajes se van transformando ante los sucesos que incluyen el olvido de una mochila, un error en la asignación de suite, un robo y demás eventualidades, rompiendo la búsqueda del equilibrio representado por el loto blanco.

Los Nueve perfectos extraños (2021), serie de ocho episodios creada por John Henry Butterworth y David E. Kelley y dirigidos por Jonathan Levine, son: una escritora solitaria, estafada y en crisis creativa (Melissa McCarthy); un ex jugador de fútbol americano adicto (Bobby Cannavale); un matrimonio (Michael Shannon y Asher Keddie) y su hija adolescente (Grace Van Patten), buscando cierta paz tras el suicidio de su hijo/gemelo (Hal Cumpston); un periodista en crisis de pareja al parecer actuando como infiltrado (Luke Evans); una pareja joven en pleno estancamiento (Melvin Gregg y Samara Waeving) y una mujer engañada con brotes de violencia (Regina Hall). Son invitados a vivir una estancia curativa de diez días con algunos métodos poco ortodoxos.

Arranca con una buena dosis de misterio acerca del lugar a donde van llegando los “pacientes” y de su líder (Nicole Kidman), una intensa mujer de origen ruso, buscando ser una lapochka y con poder de convencimiento cual encantadora de serpientes, aunque también con sus propias heridas vistas en recurrentes flashbacks, además de los ayudantes (Tiffany Boone y Manny Jacinto), con quienes mantiene una particular relación: no se saben a ciencia cierta las intenciones, motivos y formas de manejar los procesos terapéuticos, vinculados con el tema de la muerte, y la gama de posibilidades para el guion se amplían, incluyendo una veta sobrenatural.

No obstante, en el camino algunos de los personajes van perdiendo interés, mientras que los vínculos que van estableciendo entre ellos, las decisiones y transformaciones se empiezan a mostrar forzadas en algunos casos. De pronto, algunos de ellos parecen deambular sin mucha continuidad, progreso o crisis, más allá de dudas sobre si seguir o no en este lugar llamado Tranquilium y de las experiencias alucinatorias que tienen, producidas por los jugos que se les suministran y que buscarían enfrentar a los extraños con sus propios miedos, demonios y angustias existenciales. La lucidez del silencio acompaña a una resolución que se deseaba sin saberlo.


 

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