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El poder y los decibeles • Liz Espinosa Terán

Liz Espinosa Terán

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El poder y los decibeles • Liz Espinosa Terán


Si una persona se expone por mucho tiempo a decibeles no recomendados, puede llegar a perder las células auditivas de la membrana timpánica. Es decir, la capacidad de escuchar.

El otorrinolaringólogo José de Jesús Magaña Bravo explica que las células ciliadas, al moverse, convierten la energía mecánica de las ondas sonoras en impulsos eléctricos que hacen que el sonido pueda ser procesado en el cerebro. Si una persona permanece por mucho tiempo ante un volumen mayor a 80 decibeles, estas células “se lesionan, incluso se destruyen”.

La cantidad de tiempo depende de la susceptibilidad de cada persona y de su estado de salud, porque las personas que padecen diabetes o hipertensión, por ejemplo, pueden verse afectadas en menor tiempo.

Para tener una referencia de qué tanto es tantito en materia de decibeles: 50 dB es la magnitud acústica de una conversación entre personas, mientras que 110 dB lo es en un concierto de música rock o banda.

No hay monedita de oro musical; cualquier pieza va a complacer a unos y a disgustar a otros porque cada persona encuentra su paraíso en diferente lugar. Entonces ¿por qué poner la música fuerte e imponer al otro lo que yo quiero escuchar? ¿Por qué lesionar también emocionalmente a los demás a través del volumen de la música?

Observo que hay una asociación entre el volumen y el poder que lleva al dueño del aparato de sonido a girar la perilla al punto en que todo el mundo a medio kilómetro a la redonda pueda escuchar su música. Una prepotencia sonora: yo tengo la bocina grandota y tú te aguantas y oyes lo que te ponga.

La creencia de que potencia es poder, sumada a la falsa idea de que “a mayor volumen mayor diversión”, hace frecuente que unos abusen auditivamente de los otros y que ni siquiera comprendan que están violentando seres humanos a través del sonido.

Otra falsa creencia es que “a la gente le gusta” y eso sirve de justificación para que, quien detenta el poder de la perilla, ponga más decibeles de lo saludable para el oído humano.

A nadie le gusta que le duela la cabeza, que le zumbe el oído o experimentar una fatiga acústica por estar expuesto mucho tiempo a una amplificación de 90 dB. Lo peor es que no hay manera de que quien controla el amplificador baje el volumen, porque dice que “a la gente le gusta así”, ni siquiera a petición de quien lo contrata.

Tenemos que ser más rebeldes y resistirnos ante este abuso de poder: expresar que nos causa molestia y pedir que le bajen.

Debido a que el volumen excesivo contamina el medio ambiente, violenta psicológicamente y puede producir fatiga acústica, e incluso llegar a causar la pérdida irreversible de la audición, la SEMARNAT ha establecido en una Norma Oficial Mexicana en la que establece que el número de decibeles permitidos para la emisión de ruido en zona residencial es 55 dB, en una zona comercial es de 68 dB y en un evento de entretenimiento masivo es de 100 dB y durante máximo 4 horas. ¿Te has fijado en cuántos decibeles pones tú la música?

 

 




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Liz Espinosa Terán. Compone y escribe. Lo que más disfruta es hacer música original para cine, video o para instalaciones artísticas. Este texto pertenece a la serie: Con Ton y Son.

 

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