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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Reseña • El vals, de Dorothy Parker • Esteban Castorena

Esteban Castorena Domínguez

Con el desarmador en la mano
Con el desarmador en la mano
Reseña • El vals, de Dorothy Parker • Esteban Castorena


Sin lugar a dudas la historia más conocida de Dorothy Parker es “A star is born”. Esta película de 1937 es una adaptación de “What price hollywood?”, film de 1932. El guion originalmente estuvo a cargo de Adela Rogers St. Johns; George Cukor se encargó de la dirección. La adaptación de Parker, en coautoría, entre otros, con su segundo esposo, Alan Campbell, le valió su única nominación al Oscar en su carrera.

Los cambios sugeridos por Parker y sus compañeros resultaron en un éxito rotundo. “A star is born” se llevó más nominaciones a los premios de la academia que su predecesora. No es para sorprenderse, entonces, que esta misma historia se haya vuelto a filmar, con sus respectivas adaptaciones y actualizaciones, en otras tres ocasiones. La versión de 1954 fue dirigida por el propio George Cukor. En 1976 la adaptación con Barbra Streisand volvió a tener una gran acogida entre el público. La banda sonora se llevó una estatuilla en la noche de premios y, el tema principal de la cinta, “Evergreen”, también logró hacerse con el galardón a la mejor canción. La victoria se dio indudablemente a la interpretación de Streisand, porque, hay que decirlo, Kris Kristofferson apenas y abre la boca.

 

De la mano de Bradly Cooper y Lady Gaga, la historia de la chica que escala en Hollywood volvió a los cines en 2018. Una vez más la cinta se hizo con varias nominaciones por parte de la academia. La única nominación que resultó en premio fue gracias a “Shallow”, la canción principal de la cinta y en la que, de nuevo, se repitió la fórmula de una cantante con una voz potente y un compañero que dio lo mejor de sí.

 

Para el momento en que Dorothy Parker escribió “A star is born”, ya llevaba tras de sí una exitosa carrera como escritora. Considerada como la más neoyorkina de las neoyorkinas, la vida de Parker se desarrolló siempre entre la clase media acomodada. Las fotografías que hay de ella la muestran como una mujer extravagante, impecablemente arreglada y siempre vistiendo un sombrero. Es precisamente el entorno de la clase acomodada en donde encuentra el material necesario para sus primeros relatos, mismos que publicó en diversas revistas destinadas, sobre todo, al público femenino.

Sus historias lograron gran alcance gracias al humor negro y gran ironía que Parker imprimía en su trabajo. Es conocida una anécdota en la que la editora de Vouge le pidió que dejara de ser tan ácida en sus relatos, petición que por respuesta sólo encontró una carta de renuncia. Sacando partido de la situación, Vanity Fair ofreció un trabajo a la recién desempleada escritora.

Aun si Parker vivió toda su vida en una situación económica acomodada, no fue indiferente a las desigualdades sociales y económicas del Estados Unidos de su tiempo. Otra parte de su trabajo que, bien vale la pena no dejar de mencionar, es aquella en la que presenta una crítica hacia el racismo en su país. “Vestir al desnudo”, por ejemplo, retrata las condiciones de vida de una lavandera afroamericana y su nieto invidente. De alguna manera, sus retratos de la servidumbre anticipan los textos de escritoras posteriores como Lucia Berlín, quien dedica varias de sus mejores páginas a sus experiencias como una mujer de la limpieza.

El eje central en la producción de Dorothy Parker, y sobre todo durante el periodo en que publicaba sus relatos en revistas, era precisamente el de acentuar la diferencia entre los condicionamientos sociales de los hombres y las mujeres. Las normas de comportamiento entre ambos.  “El vals” sigue precisamente con esa línea de crítica social, mordaz e irónica.

El relato inicia con un diálogo: una chica acepta una invitación para ponerse de pie y bailar con un hombre. Inmediatamente después de estas palabras, la narración se vuelve un flujo de conciencia. Parker plantea la estructura del relato mediante el juego de opuestos entre lo que se piensa y lo que se dice. Salvo por algunos diálogos, el lector sigue la narración a través de los pensamientos de la chica. En realidad ella no quiere bailar, preferiría quedarse sentada y sólo disfrutar de la música. Sabe, sin embargo, que no puede negarse, la etiqueta, las normas impuestas a su género, la impulsan a cumplir con su rol y ponerse de pie.

Siempre con mucho humor, la chica cuenta una experiencia desastrosa. Maldice a su suerte porque el tipo no sabe bailar. Él le pide bailar una mazurca memorable y es ella quien debe aclararle que los músicos están interpretando un vals. El encuentro no mejora, las piezas musicales se vuelven eternas, ocurren accidentes. Ella nota que el hombre está nervioso y finge que no pasa, que todo está bien. Él intenta relajar la tensión diciendo que uno de los pasos de baile que ha usado es una invención suya. La narradora finge interés, pero lo único que quiere es escapar.

La prosa de Parker es certera, tremendamente ácida y, ciertamente, logra provocar las risas. Es capaz de dotar a la narradora de una voz hilarante en medio de un flujo de consciencia que logra retratar perfectamente su malestar. Ahora bien, detrás de toda la risa y las burlas internas que la chica expresa hacia su compañero de baile, la crítica hacia los roles de género continúa.

“El vals” se publicó el 2 de septiembre de 1933 en la revista The New Yorker. Años antes, en 1927, ya había visto la luz “Los sexos”, un relato en el que la crítica a los roles de género es más que evidente. En El vals, dado que la narradora es mujer, es más obvia la crítica a su rol. Sin embargo, los detalles en el comportamiento del compañero bien podrían denotar una crítica hacia las imposiciones que condicionan al comportamiento masculino.

Bien pudiera ser el caso que, aunque no sabe hacerlo, el hombre baila porque no le queda más opción; se espera que un hombre baile o, al menos, finja hacerlo. Aunque pide perdón por los incidentes él inmediatamente se justifica. Podría tratarse del orgullo que lo obliga a querer atenuar sus fallas, no quiere mostrarse como incapaz de aquello que se le exige. De este modo es más que factible sospechar que, si el lector pudiera leer el flujo de consciencia del hombre, encontraría pensamientos muy similares a los que demuestra su compañera. La prosa refinada de Dorothy Parker, así como la atención que tiene a los detalles, bien pudiera esconder esta crítica hacia ambos sexos y hacerla pasar sólo como un cuento sumamente divertido.

 

Si quieres leer el relato, lo encuentras aquí.

 



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Esteban Castorena (Aguascalientes, 1995)
es Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Por su trabajo como cuentista ha sido becario del Festival Interfaz (2016), del PECDA (2016) y del FONCA (2018). Su obra ha sido publicada en diversos medios impresos y digitales. Gestiona un sitio web en el que comparte sus traducciones de literatura italiana.
 

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