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EL HOMBRO DE ORIÓN

Cine • Last Night in Soho (Edgar Wright, 2021) • Juan Ramón V. Mora

Juan Ramón V. Mora

Last Night in Soho - Fotograma de la cinta
Last Night in Soho - Fotograma de la cinta
Cine • Last Night in Soho (Edgar Wright, 2021) • Juan Ramón V. Mora


Edgar Wright acostumbra dotar a sus cintas con un sentido del ritmo y una sensibilidad pop sobresalientes. Sus películas suelen ser muy entretenidas y pueden atraer al gran público sin por eso estar vacías de propuesta. En Last Night in Soho aborda el género del terror, al que sólo se había acercado con cierta distancia irónica. A pesar del evidente virtuosismo que posee para manejar el medio, Edgar Wright no ambiciona elevarse más allá del territorio inabarcable de las buenas películas.

Similar a lo que Tarantino hizo con Once Upon a Time in Hollywood (2019), Wright toma medidas intensivas para hacer una recreación de época. En ambos casos el periodo a estudiar es la década de los sesenta del siglo pasado, mitificada hasta la fecha por muchísimas personas de todas las edades —sin contar el aluvión de productos audiovisuales y publicidad desde Mad Men (07-15). Sin embargo, ni Wright ni Tarantino hacen nostalgia fácil de la que abunda en la cultura actual, ésa que relega lidiar con el presente intercambiando el sentimiento de carestía por una edad de oro que sólo existe en sueños. Más bien aprovechan las resonancias temáticas que produce esa nostalgia, sobre todo aquellas que también pulsan la cuerda del mundo del espectáculo y su falsa caracterización como camino a la mortalidad o la utopía. Podría decirse que ambas películas entablan un diálogo transatlántico mientras representan lo mejor de sus respectivos autores.

Los adolescentes de centro comercial que vayan buscando una película para la temporada de espantos saldrán tan satisfechos como los que busquen una experiencia fílmica provocadora. Last Night in Soho no basa su atractivo en repetir las consignas políticas del momento, hacer humor referencial o dar gusto únicamente al mínimo común denominador. Lo que se ofrece aquí es cine industrial en su mejor expresión, con un estilo que distribuye el arrojo visual y la mera diversión.

La banda sonora merece constantes escuchas por cuenta propia, como es costumbre con el director. Tan sólo la atención puesta al diseño de audio hace que sea recomendable para apreciarse en salas de cine y no en una pantalla chica. Los efectos en cámara y las coreografías, viejos trucos del medio, son tan impresionantes como el vestuario, los sets y la paleta de colores neón con los que Wright compone una sucesión de imágenes potentes tanto por su belleza como por su sitio como engranajes en una obra dramática notable.

El casting es inmejorable. Thomasin McKenzie (reiterando ciertas características de su rol en Leave No Trace (Granik, 2018)) es una adolescente huérfana aturdida por el choque cultural que implica pasar de un pueblo a estudiar diseño de modas en Londres. Su inocencia, por supuesto, será interrumpida. Anya Taylor-Joy demuestra que además de ser uno de los grandes descubrimientos de los últimos años, también sabe bailar y cantar. Matt Smith ofrece su extraño rostro para interpretar a un villano impecable, y así con todos: cada actor pareciera destinado a su papel.

La atmósfera fantasmal y peligrosa que se respira desde la pantalla está construida con esmero y las delicias visuales no cesan… hasta que se nos presentan unas apariciones fantasmales CGI que, por desgracia, desentonan con todo lo que habíamos visto hasta el momento; un defecto notable que para mí aleja un grado de la maestría a esta excelente película.




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Juan Ramón V. Mora (León, 1989) es venerador felino, escritor, editor, traductor y crítico de cine. Ganó la categoría Cuento Corto de los Premios de Literatura León 2016 y fue coordinador editorial en la edición XXII del Festival Internacional de Cine Guanajuato. Escribe sobre cine en su blog El hombro de Orión.


 

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