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Spoilerama • El último duelo: unas zapatillas al pie de la escalera • Oscar Luviano

Oscar Luviano

The Last Duel - Fotograma de la película
The Last Duel - Fotograma de la película
Spoilerama • El último duelo: unas zapatillas al pie de la escalera • Oscar Luviano


Según consta en el libro The Last Duel: A True Story of Trial by Combat in Medieval France (2020), el último juicio por combate tuvo lugar cerca de 1350 en Francia.         En esta modalidad judicial dos hombres peleaban a muerte por un litigio: al sobreviviente Dios le concedía razón. En este último juicio, un caballero y un escudero se midieron a causa de la infidelidad de la esposa del primero.

El penúltimo filme de Ridley Scott adapta este hecho para la pantalla grande, en un filme que, como uno de sus primeros filmes, The Duelist (1977), es un estudio sobre la obsesión masculina con la idea del honor, pero en este caso con un giro que convierte a El último duelo (2021) en una discusión sobre el punto de vista y sobre la voz de las mujeres: los hombres se baten por una acusación de violación.

Un giro que, al parecer, causa que el film más estimable y brioso de Scott en la última década, haya sido maltratado por la crítica y menospreciado por el público.

Aunque este título fue promovido como la nueva reunión de Matt Damon y Ben Affleck, tanto en la pantalla como en la escritura del guion (como pasase en la exitosa Good Will Hunting), el peso de la adaptación reside en Nicole Holofcener, una guionista que se ha distinguido por escribir filmes intimistas, estudios de personajes y relaciones sociales, como Friends with money (2006) y Enough said (2013).

Es, acaso, la mirada de Holofcener la que impera en el último tercio del filme, que complementa y destruye las dos primeras partes, y pone ante los ojos del espectador el verdadero tema. No el honor, no la infidelidad, sino la violación y el silencio al que la sociedad obliga a sus víctimas.

El último duelo se estructura en tres partes, tres versiones sobre un mismo hecho: la violación que un escudero comete sobre la esposa de un caballero. Marguerite de Carrouges (Jodie Comer de la serie Killing Eve) acusa a Jacques Le Gris (Adam Driver en un segundo trabajo con Scott este año) de haberla sometido en ausencia de su esposo, Jean de Carrouges (Matt Damon). Cada una de las partes presenta su testimonio: La verdad según Jean de Carrouges, La verdad según Jacques Le Gris y La verdad según Marguerite de Carrouges.

Es aquí donde el lector podría pensar “¡Otra del #metoo!”, pero no es así. A diferencia de todo ese nuevo subgénero de empoderamiento femenino que nació de las denuncias contra el star system hollywoodense y sus omertás patriarcales, que nos ha dado clásicos en reversión femenina (como Ghostbusters o American Pie) y franquicias de heroínas que tenemos que ver como si no proviniesen de los cincuenta y su fetichismo comiquero (Wonder Woman y Captain Marvel), en The last duel pesa un ominoso pesimismo con el que se revisan los dos grandes subgéneros sobre el amor romance: la épica y el relato romántico. Y se propone una tercera mirada sobre el tema que termina por decirnos que, en los hechos y a pesar de las lágrimas de Salma Hayek honestamente conmovida por vestirse de superheroína latina en Eternals (2021), nada ha cambiado.

La versión del esposo ofendido es heroica, y pinta al caballero Jean de Carrouges como una víctima de las intrigas palaciegas de su amigo y rival, Jacques Le Gris. Es un primer tramo que abunda en batallas y sobriedad. Cuando Marguerite le confiesa que Le Gris le violó, Carrouges no pone en duda su palabra y reta a duelo a muerte al escudero en la corte del rey.

La versión de Le Gris abunda, en cambio, en fiestas y orgías, y hace ver a Carrouges como un pobre diablo, caballero inepto en toda batalla, que se aprovecha del breve romance entre el escudero y su esposa para cobrárselas todas con un lance fatal.

En ambas versiones, lo que menos importa es la voz de Marguerite: violada o seducida es por igual el terreno sobre el que van a batirse un hombre herido en su orgullo por el daño a su propiedad (según declara el clérigo encargado de juzgar el asunto) y un hombre acusado injustamente de abuso sexual (pues hasta el final el personaje interpretado por Adam Driver sostiene que lo suyo fue una mera seducción).

Al llegar la tercera parte, el testimonio de Marguerite, como ocurre en los clásicos que recurren a la visión múltiple de un mismo hecho (Rashomon y Simply Blood se me ocurren ahora mismo), tenemos una voz que desacredita las anteriores, y lo que dábamos por hecho, y reacomoda las piezas para ofrecer un relato que siempre estuvo ahí, pero que no supimos ver. El de una mujer casada por arreglo con un hombre violento y convertida en objeto amoroso por un noble en el instante de verla por primera vez.

Pese a la brutalidad de este último tercio (que incluye la violación, el juicio y el cruento duelo final), el filme no se abandona al didactismo para hablarnos de la condición femenina entonces y ahora. En cambio, continúa con una toma de partido que recorre a detalles contundentes que deslumbran por su sutileza.

Me limito a contar uno: cuando se da el duelo, Marguerite tendrá que observar cómo se decide su suerte (si su esposo pierde será quemada viva por rendir falso testimonio) atada de los tobillos con una cadena al centro de la arena. Antes, en el testimonio de Le Gris, éste refiere que cuando irrumpe en el castillo Carrouges para declarle su amor a la esposa de su rival, ella le pide recato, pero abandona el salón quitándose el calzado sensualmente y dejándolo al pie de la escalera en un gesto incitante para que la siga a la alcoba.

En la versión de Marguerite, en cambio, al huir de su violador, las zapatillas se le salen al subir apresuradamente en busca de refugio.

El último duelo (2021) todavía puede encontrarse en algunos cines.

 

 




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Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.


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