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Los discos de 1971 [III] • En solitario, en conjunto y otros atrevimientos • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Imagine - John Lennon (1971)
Imagine - John Lennon (1971)
Los discos de 1971 [III] • En solitario, en conjunto y otros atrevimientos • Fernando Cuevas

Cerramos este apretado recuento de los discos cincuentones que siguen girando en consolas, cabezas y ahora, de manera virtual.

En solitario

John Lennon entregó Imagine, que además de la icónica canción titular, incluía varios cortes de apacible belleza o de furia contenida, demostrativos del gran talento para la composición del ahora ex Beatle, de paso mandando mensaje a su colega Paul McCartney, quien junto con Linda produjo Ram, integrando diversos estilos alrededor de su olfato melódico, desde apuntes bluesrockeros hasta progresivos, pasando por el folk y el country, territorios en los que Van Morrison propuso Tupelo Honey, quinto álbum en su trayectoria con el folk blues entremezclado y vocalizado en las tesituras, ya ampliamente dominadas.

Leonard Cohen extendió su poesía musicalizada con guitarra acústica, cuerdas y afirmantes coros femeninos en Songs of Love and Hate, de sensualidad desbordante y oscuridad inherente con sutiles toques de humor negro, entre avalanchas emocionales que se reciben con vestido de ensayo para recordar que el amor, finalmente, te llama por tu nombre. En clave de cuento infantil y con un pulido folkrock, Cat Stevens buscó regresar la luna a su lugar en Teaser and the Firecat, manteniendo el nivel de su predecesor a bordo del tren de la paz rumbo al amanecer, cobijado por alguna sombra selenita para poder expresar la amorosa declaración definitiva. Mud Slide Slim fue el resultado de la recuperación personal de James Taylor, tras atravesar momentos críticos: está el amor y la amistad junto con los significados del trayecto, más que del destino.

Don McLean presentó American Pie, su segundo álbum, con la muy escuchada canción ídem como bandera, vuelta himno pacifista y relato de la cultura rocanrolera, además de su homenaje a Van Gogh y un puñado de piezas en clave de folkpop; Madman Across the Water fue el regalo de Elton John y su compinche Bernie Taupin, gran contador de historias como se muestra en Tiny Dancer, Levon, Indian Sunset, Holiday Inn y la canción titular, musicalizadas con los ganchos melódicos conducidos por el piano y una mandolina ocasional que ya marcaban un estilo, con todo y las modulaciones vocales según el énfasis del relato.

Harry Nilson tejió el consistente Nilsson Schmilsson, su séptimo disco y acaso su más reconocido, sobre todo por el filo de su pluma desparramada en un pop de altura para saltar al fuego muy temprano, además de alguna memorable versión de Without You, canción de Badfinger, quienes entregaron el confirmatorio y distinguido Straight Up. En tanto, Edgar Winter presentó White Trash, ayudado por su hermano Johnny y una talentosa multitud que contribuye a desplegar un nutrido platillo que igual incluye rock, blues, soul y pop baladero, como para no querer sacar la basura al patio y mejor buscar pequeños tesoros escondidos.

El irlandés Rory Gallagher se presentó por partida doble, luciendo en la guitarra con su puntual combinación de blues, R&B y country: el ídem e inicial Rory Gallagher y, sobre todo, Deuce, los colocaron prematuramente en la escena con todo y su dinámica desfachatez, cargada de acordes incisivos, mientras que el escocés John Martyn entregó su tercer álbum en solitario, Bless the Weather, soplando vientos de cambio con una guitarra acústica en continua transformación, con los reconocibles acentos de jazz y una atmósfera que anuncia temperaturas variadas entre nubarrones y cielos despejados. El escurridizo y redescubierto años después Sixto Rodriguez, nos dio la bienvenida en Coming for Reality, en el que el hombre azucarado despliega su folk sicodélico para acentuar la conciencia social.

El ex Byrd Gene Clark buscó iluminación cegadora en White Light, country reposado con acentos folk de poética elaborada, sostenida en composiciones de agudeza melódica que nos colocan en algún lugar frente a la fogata con guitarra española en mano, esperando que se manifieste esa virginal mañana. Por su parte, un dylanesque John Prine debutó con un versátil conjunto de canciones que van de revisar la vejez a la adicción de los veteranos de guerra, pasando por la crítica a la guerra y al mundo televisivo: titulado simplemente John Prine, el álbum mostraba a una promesa ya en pos de hacerse realidad dentro el universo de los cantautores.

Y en conjunto

En pleno proceso transicional, del distintivo bluesrock a ciertos matices folkpop, Fleetwood Mac produjo Future Games, a partir de una mayor presencia de Christine McVie, mostrando la sonrisa, y la llegada de Bob Welch para empezar un irreversible viraje de la banda. The Allman Brothers Band sacó At Fillmore East, uno de los discos en vivo más importantes de la historia, quedando como testamento del virtuoso guitarrista Duane, fallecido tres meses después a los 24 años: versiones reconstruidas en el momento, a partir de una no demasiada común costumbre de improvisar en el rock y de una conversación instrumental de altos y magnéticos vuelos: un jazzeado rock sureño expandido con energía a lo largo de un disco doble.

Otro de los grandes álbumes en vivo fue cortesía de la enorme compenetración de Crosby, Stills, Nash & Young, quienes se fueron de gira a pesar de las diferencias personales y fueron capturados en el absorbente 4 Way Street; además, algunos de ellos también grabaron en plan solitario: ahí estuvieron Songs for Beginners, el reflexivo debut en solitario de Graham Nash, preguntándose acerca del cambio como constante desde una postura antibélica; el doloroso If I Could Only Remember My Name, firmado con nostálgica y sicodélica pluma por David Crosby con gran ayuda de varias afamadas amistades, y Stephen Stills 2, segundo paso en lógica ordinal, con todo y algunas joyas al nivel de se predecesor, compuesto por Stephen Stills.

Entre versiones y canciones propias, Rod Stewart nos recordó que Every Picture Tells a Story, con Maggie May y Mandolin Wind como estampas principales y la reconocible voz de efusivas tesituras aguardientosas, también puestas al servicio de Faces para grabar A Nod is as Good as a Wink… To a Blind Horse, conformado por brillantes canciones que reflejan la vida del este de Londres desde el humor hasta la mirada íntima, pasado por un rock efusivo. En formato de trío, Jan Dukes de Gray grabó Mice and Rats in the Loft, opus dos en donde se aventuran a terrenos un poco más progresivos sin quitar los pies de su folk bizarro, mientras que los usualmente pesados de Blue Cheer, apostaron por un momento de calma en el relajado Oh! Pleasant Hope.

The Beach Boys produjo el oscuro y rupturista Surf’s Up, como se sugiere desde la portada, de tintes progresivos e irrumpiendo en discordancias e intrincadas instrumentaciones, incluyendo algún apunte en tono de protesta: ahí está la pieza principal como muestra para no acercarse al agua y vislumbrar un año a partir de la mirada del árbol, intentando sobrevivir a la contaminación ambiental y emocional. Traffic, en tanto, realizó The Low Spark of High Heeled Boys, desplegando su habitual fusión jazzrock con destellos barrocos y sólida e inquieta base rítmica, tal como se advierte en el prolongado track titular, de soltura y virtuosismo a prueba del tiempo: mucha chispa entre estos atrevidos chicos.

Los atrevimientos del jazz

Junto con varios ilustres invitados, la compositora Carla Bley y el poeta Paul Haines nos obsequiaron la monumental ópera-jazz Escalator Over the Hill – A Chronotransduction, recorrido en clave free con desatada orquesta que cede momentos a lances vocalizados pasados por electrónica tenebrosa, sonidos de la India, lances roqueros y estética de cabaret, acompañando una derivativa historia que tiene lugar en un extraño hotel, finalizada por un interminable dron: más de dos horas de recorrido por pasillos de inesperada apuesta auditiva.

Alice Coltrane, ya consolidada con estilo propio, participó con un par de álbumes de alcance espiritual, partiendo de un jazz modal con fugas hacia la ruptura armónica y con influencias de la música de la India: Universal Consciousness, buscando un estado holístico a través de los acordes e instrumentaciones por momentos llenas de frenesí alrededor del reconocible sonido del arpa, y Journey in Satchidananda, travesía en busca de la paz por sonidos de diversas culturas, tanto orientales como occidentales, salpicadas por una sicodelia jazzera a la que contribuyó el saxofonista Pharoah Sanders, quien además entregó el naturalista Thembi, de pronto detonando los colores del ambiente durante un viaje astral con diversos instrumentos de aliento.

El ex Jazz Messenger Freddie Hubbard siguió enfocando su notable trayectoria con Straight Life, dirigido a la fusión soul-posthard bop; tres piezas en las que se conversa y monologuea a placer con puro estelar apuntalando la versátil trompeta del titular. The Inner Mounting Flame fue el debut de la multinacional The Mahavishnu Orchestra, comandada por la guitarra de John McLaughlin: fusión progresiva y sicodelia encendida con pasajes místicos para despertar al espíritu transformador y emprender la carrera al amanecer. Muy a tono con los tiempos que corrían, el ensamble conocido como Brian Auger’s Oblivion Express contribuyó de manera definitiva con la fusión jazzroquera por partida doble a través del homónimo Brian Auger’s Oblivion Express y de A Better Land, con la necesaria consistencia para que la combinación espese lo suficiente.

Herbie Hancock trabajó con su sexteto para estampar en un solo día el electrificante Mwandishi, integrado por tres cortes saturados de funk africanizado, experimentaciones enchufadas y un aliento de liberación como para empezar una nueva etapa sonora, mientras que Beyond the Blue Horizon fue la contribución de George Benson, soltando su guitarra con acentos souleros, bien acompañada por ecléctica, percusiva y demandante base rítmica encabezada por el tándem DeJohnette / Carter y por un lúdico órgano cortesía de Palmer: para ver con pleno disfrute hardbopero más allá de la contenida explosión.

Gran año para el excelso pianista Keith Jarrett: grabó The Mourning a Star en formato de contundente trío, Birth acompañado de variado talento en cuarteto o quinteto, y el brillante Facing You, ejecutado en solitario con profundidad de miras, además de hacer mancuerna con el vibrafonista Gary Burton para realizar el homónimo Gary Burton & Keith Jarrett, iniciando una asociación mágicamente productiva.

Reconocimiento a colegas: en un arrebato de inspiración que tomó 48 horas, Earl Hines grabó elusivos y sendos homenajes a Candy, Carmichael y Armstrong, empaquetados bajo el nombre de Four Jazz Giants, obra de orgánica soltura y fina reinvención, todo un pianojazz en estado puro, seminal. Miles Davis, en tanto, se puso en plan honorífico con su A Tribute to Jack Johnson, además de grabar el doble Live-Evil, parte en estudio con la presencia de Hermeto Pascoal, y algunas sesiones en vivo. Con las lecciones bien aprendidas del renovador trompetista, Zawinul, Shorter y Moreira, junto con Vitous y Mouzon, conformaron Weather Report, especie de supergrupo que propuso un jazz infectado por rítmicas de diversas latitudes, apuntes eléctrico y momentos roqueros: así conocimos a la dama naranja en Weather Report, su debut homónimo.

Alrededor del mundo

La música brasileña en plena efervescencia política y rítmica. Dos ejemplos: Construção del gran músico carioca Chico Buarque es uno de sus discos esenciales con todo y la canción titular: Bossa Nova de fino aliento crítico ante la dictadura, bien envuelta en rítmica africana, cierta experimentación folkie y samba liberadora en consonancia con la tropicalia, territorio también revisitado por Caetano Veloso en A Little More Blue, salpicado con sicodelia anglo en pleno proceso de exilio forzado, no exento de cierta melancolía por el terruño y algunos apuntes de estética revolucionaria. Mientras la protesta continuaba, Jorge Ben nos obsequió Negro é lindo, enclavado en las tradiciones sonoras cariocas, sumando algún discreto sabor funkie y volteando a ver movimientos civiles más allá de su patria.

Harlem River Drive, efímero supergrupo de los hermanos Palmieri y varios notables del funk/jazz/soul y de los ritmos latinos, grabó el ídem Harlem River Drive con elaborados arreglos, potentes vocales y rítmica versátil, en este feliz encuentro de géneros; cinco cortes en poco más de media hora, bastaron: pura influencia. Héctor Lavoe & Willie Colón continuaron su feliz asociación con La gran fuga, sexto álbum que incluía Panameña y en el que conviven los reconocibles sonidos de las tierras caribeñas con un cierto dejo de nostalgia, iluminada por momentos con esas tentadoras invitaciones para romper la quietud corporal.

Melting Point fue el último gran disco de los grandes sesionadores y autores con trayectoria propia, arropados bajo el nombre de Booker T. & The M. G.’s: prácticamente instrumental, salvo un coro esporádico, se van deslizando con fluidez los ocho cortes, guiados por el órgano rumbo a encuentros de rítmicas explosiones pronto capturadas en superficies souleras, al fin fusionándose en la placidez del movimiento temperado, cual viaje de regreso a casa en alguna dominguera mañana. El compatriota Santana presentó a un jovencísimo Neil Schon como apoyo guitarrero para desarrollar sus latinismos roqueros en Santana III, estableciendo numérica consistencia en su trayectoria.

Bob Marley & The Wailers propusieron su convocatoria con Soul Revolutions, bajo la tutela maestra en la producción del patriarca Lee “Scratch” Perry, antecediendo el pronto reconocimiento global del representante más visible de reggae. Fela-Ransome-Kuti and the Africa ’70 With Ginger Baker fueron capturados en pleno concierto vía Live!, integrado por cuatro expansivos cortes de rítmica africana con influjos funkies: un renovador desde su propia tierra, un baterista de ecléctica trayectoria y una banda de soporte que respira raíces del continente del que venimos todos. El irreverente Swamp Dogg, montado sobre una rata blanca, produjo el irónico Rat On!, para entregarnos su soul y R&B de crítico enfoque sin perder el sentido del humor.

A partir de la chanson aderezada con tensas guitarras y lances de cuerdas, Serge Gainsbourg nos contó en menos de media hora la Histoire de Melody Nelson con el apoyo de Jane Birkin en voz y portada: un hombre de mediana edad seduce a una joven que muere poco después, con toda la polémica que hoy causaría un disco así. Joan Manuel Serrat compuso Mediterráneo, entre oleajes de poesía vencida de León Felipe y apuntes de alcance orquestal, recordando al tío, al pueblo y a la mujer querida, esa que se va lejos de casa para vagabundear sobre una embarcación de papel; su compatriota Víctor Manuel presentó Dame la mano, compuesto por viñetas cercanas e instrumentaciones emotivas, sosteniendo las sentidas vocalizaciones del asturiano.

El grupo argentino Vox Dei entregó el conceptual La Biblia, su obra cumbre, ya cantada en español y una de las primeras grabaciones en esta tesitura de abordar una temática común, entre apuntes progresivos, bluseros y rockeros de diversa especie: toda una innovación por estos lares del mundo. De las mismas tierras y ya con alcance internacional, el saxofonista tenor Gato Barbieri se destapó con un triplete: El pampero, Fenix y Under Fire, consolidando los aprendizajes de grandes renovadores enclavados en el free jazz, con quienes tocó años atrás, y sumando, de paso, los sonidos propios de la cuna con ardorosa intensidad.

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